Rousseau y la democracia participativa

31 08 2008
Jean Jacques Rousseau

Jean Jacques Rousseau

Rousseau es el gran teórico de la democracia directa en el mundo moderno, va mas allá del liberalismo, pues él no trata de llegar a un equilibrio entre la libertad del sujeto y la obediencia al Estado como lo dijeron antes Hobbes y Locke, sino fundar una sociedad en que no exista dicho equilibrio dicotómico, ya que quiere encontrar una fórmula que sustituya dicho equilibrio en que la libertad del sujeto sea igual a la obediencia al Estado.[1] No hay que olvidar que dentro de la concepción de Rousseau, la libertad es un concepto central y esencial, porque si alguien renuncia a la libertad es “renunciar a la cualidad de hombre, a los derechos de humanidad e incluso a los deberes”[2], consecuentemente, la libertad es un valor absoluto; sin libertad no se tiene poder de elección y/o decisión; y sin libertad uno no es digno de ser un ser humano, precisamente porque no se asume la responsabilidad de ser como tal. De una u otra forma, el hombre debe vivir en sociedad, pero no queda claro por qué se llega a dicho “pacto social”, se deduce que se llega al pacto debido a que no puede haber una sociedad en el cual primen los intereses particulares por sobre la voluntad general. La voluntad general es el concepto central de Rousseau. No obstante, el pacto debe tener ciertas características para que no de lugar a la “dominación del hombre por el hombre”. El problema, se expresa así: “encontrar una forma de asociación que defienda y proteja de toda fuerza común a la persona y los bienes de cada asociado, y por virtud de la cual cada uno, uniéndose a todos, no obedezca sino a sí mismo y quede tan libre como antes”,[3] y da como solución el que “dándose cada cual a todos, no se de a nadie, y como no hay un asociado, sobre quien no se adquiera el mismo derecho que se le concede sobre sí, se gana el equivalente de todo lo que pierde y más fuerza para conservar lo que tiene”.[4] Para Rousseau, la libertad humana tiene el más alto valor.[5] Y Además critica a las doctrinas políticas anteriores por tratar al pueblo solamente como “carne de cañón” a disposición del soberano –en alusión a Hobbes-; y critica el trato que se la ha dado a la esclavitud, en el que, Aristóteles trata al efecto como la causa, y no al revés.[6]

En tal pacto no se enajena el poder a un tercero que dirima los conflictos sociales, sino que tiene que ser “la enajenación total de cada asociado con todos sus derechos a toda la humanidad; porque en primer lugar, dándose cada uno por entero, la condición es la misma para todos, y siendo la condición igual para todos, nadie tiene interés en hacerla onerosa a los demás”.[7] En tal pacto, no se genera un Estado encarnado en una persona o príncipe como en Maquiavelo o Hobbes, pues no hay que olvidar que para aquellos teóricos el Estado es tratado como un sujeto; en Rousseau, en cambio el Estado es entendido como una ficción, ficción que está por sobre los sujetos conocida como voluntad general [8]-que es donde gira en torno esta democracia-. O también puede ser entendido como una comunidad en la que todos son el Estado mismo expresado en la misma voluntad general; en el primer caso, sería un ente abstracto por encima de los sujetos; en el segundo, sería el total de los asociados por el pacto. Pues en tal Estado, que es democrático se supone que todos participan directamente en la conducción del mismo, no dando lugar a una democracia representativa. En aquél régimen los sujetos se someten a la llamada voluntad general, la cual no es entendida como la voluntad de todos, que es sólo la unión de los diferentes intereses particulares; pues, la voluntad general tiene como corolario el bien común: el bien de la sociedad en su conjunto. Rousseau destaca, siguiendo la argumentación anterior, que en una democracia es muy peligroso meter los asuntos privados en los asuntos del Estado, por lo que en un gobierno democrático “el abuso de las leyes por el gobierno es un mal menor que la corrupción del legislador, consecuencia inevitable de que prevalezcan puntos de vista particulares”.[9]

Rousseau cuando se refiere a la democracia, advierte que dicha forma de gobierno nunca ha existido –ni si quiera en la Grecia Clásica- y que tampoco existirá en el futuro, puesto que no es natural que la mayoría gobierne y que la minoría sea gobernada; y además alude a que el pueblo jamás tendrá la capacidad absoluta de encargarse de administrar por si mismo el Estado, hay que tener mucha capacidad para tal labor. La democracia de Rousseau es aquella que “no se propone limitar el poder sino distribuirlo de forma igual entre todos los contrayentes. Por este camino llegará a una fórmula sumamente relevante para nuestro análisis: una especie de democracia absoluta en la que el poder se distribuye sin limitaciones”.[10] La democracia ideal para Rousseau, es aquella que está enmarcada en un pequeño territorio, ya que así es más fácil concurrir a las asambleas o reuniones, y es más fácil por ende conocer a los demás conciudadanos en dichas reuniones; también, tiene que haber una relativa igualdad material entre los ciudadanos “sin lo cual la igualdad no podría subsistir por largo tiempo en los derechos y en la autoridad; en fin, poco o ningún lujo, porque éste corrompe a la vez al rico y al pobre: a uno por su posesión, y al otro por la envidia”.[11] Aquí no se está seguro de lo que pretende Rousseau, es decir, ¿quiere que todos los ciudadanos sean relativamente iguales materialmente entre sí?, o ¿quiere que se forme una gran clase media que evite una polarización de la sociedad?, ¿Rousseau está más cerca de Aristóteles o de Marx? Pero sí arguye que la democracia directa, es la forma de gobierno más difícil de mantener. Aunque el autor diga que la democracia directa cómo él la propone nunca existió o existirá históricamente, afirma que es la única forma en que la voluntad general podrá llevarse a cabo, y en el cual no sucumbirá ante los intereses de todos –entendido como los intereses particulares de todos-.

Dentro de ésta democracia directa, la sociedad debe ser igualitaria como expresaba Rousseau, para que no hubiesen envidias entre las “clases”. El vínculo en aquella sociedad sería la llamada voluntad general, en la que se deben armonizar los diferentes intereses de los ciudadanos, “porque si la oposición de los distintos intereses particulares ha hecho necesario el establecimiento de las sociedades, el acuerdo de estos mismos intereses es lo que lo ha hecho posible. Esto es lo que hay de común en estos diferentes intereses que forman el vínculo social; y si no existiese un punto en el cual se armonizasen todos ellos, no hubiese podido existir ninguna sociedad”.[12] La sociedad, debe entonces, gobernarse a través del interés o bien común, no puede haber un gobierno que sólo se encargue de los intereses particulares de cada “clase” o “estamento” social, pues de esa forma no se estaría gobernando a través de leyes que son de carácter general, sino solamente a través de decretos particulares que no tienen validez ni legitimidad universal. Como muy bien anotaba el ginebrino, la voluntad general apunta a la igualdad entre los ciudadanos, y la voluntad particular sólo tiende al privilegio o beneficio particular en desmedro de lo social. La soberanía dentro de este régimen de gobierno es inalienable, pues no se le puede adjudicar a alguien o a una asamblea la representación, pues en la soberanía todos son representados, no puede haber una voluntad general si no están siendo todos representados. Y con esa misma lógica, la soberanía es indivisible, pues no puede haber dos o más soberanías en una misma sociedad, o si no habría una lucha de soberanías. Rousseau “rechazaba la división de la soberanía pero acepta la división de poderes en órganos diferentes”,[13] por lo que no puede haber una división de soberanía, sólo puede haber una división en la soberanía.

No obstante, la voluntad general, aunque es indestructible según Rousseau, puede ser sobrepasada por las suma de las voluntades particulares, y es cuando ya se pierde todo el vínculo social entre los ciudadanos, “cuando el más vil interés se ampara descaradamente en el nombre del sagrado bien público, entonces la voluntad general enmudece”.[14] ¿Eso quiere decir, que Rousseau se adelanto implícitamente a Marx, admitiendo que el Estado podría usarse como instrumento al servicio de la “clase dominante? Es más, podría argüirse que cuando Rousseau afirma que cuando “el más vil interés” se ampara en el “bien público”, ¿quiere decir que lo que le conviene a una clase, supuestamente es lo que le conviene a toda la sociedad? Y cuando Rousseau afirma que la voluntad general es indestructible a pesar de la supremacía de las voluntades particulares, ¿está considerando a la voluntad general como una especie de “espíritu del pueblo” al estilo de Hegel (Volkgeist)?, puesto que afirma que es pura, inalterable y constante. Y si la voluntad general de Rousseau es como el “espíritu del pueblo”, ¿se puede hablar de nacionalismo en Rousseau, viendo su táctica para tener voluntad general, que es tener un enemigo común entre dos grupos, y por ende de “interés nacional” en las relaciones internacionales?

El objetivo del poder soberano en Rousseau es la conservación de la sociedad propia, por lo que debe tener una fuerza universal y compulsiva en la que disponga de todo.[15] Ese poder es absoluto en Rousseau sobre todo lo que es suyo. De ahí se entiende a la soberanía como expresión de la voluntad general, puesto que está dirigida por ésta última. Sin embargo, Rousseau admite que hay que distinguir entre los derechos del ciudadano y los derechos del soberano, en el que, el ciudadano debe prestar servicios al Estado cada vez que éste lo exija. Además, el ginebrino entiende dichos vínculos jurídicos de la sociedad no como obligatorios, sino como mutuos y recíprocos, puesto que no sólo se trabaja por los demás sino también por uno mismo: “el pacto social establece entre los ciudadanos una igualdad tal, que se comprometen todos bajo las mismas condiciones y por tanto que deben gozar todos los mismos derechos”.[16] En dicho acto de soberanía entendida, como “una convención del cuerpo con cada uno de sus miembros”[17] que exige el Estado a sus ciudadanos, no puede excederse de la Voluntad General. Pues, en Rousseau se ven tanto ideales liberales –como la libertad del sujeto- pero no solo “dentro del orden” sino que en la intervención del poder del Estado, y además entiende esa libertad no como un divorcio de la sociedad sino como el vínculo con la sociedad expresado en la voluntad general.


[1] Rousseau afirma, que la familia es la institución social más antigua y que es la única que es natural, no así sucediendo con el vínculo social, el cual es por convención social. El autor establece una analogía entre el padre de familia (como el gobernante o Estado) y a los hijos (como el pueblo), claro que dicha organización es natural hasta que los hijos se van, y si se quedan más tiempo con el padre de familia, pues deja de ser una organización natural y pasa a ser una organización por convención, pues en la familia, los padres son los que cuidan a los hijos hasta que sean auto-valentes por si mismos. Cf. Jean Jacques Rousseau, Contrato Social, Espasa Calpe, 12º edición, 2007, España, p 36

[2] Jean-Jacques Rousseu, Ibíd., p. 41

[3] Jean-Jacques Rousseau, Ibíd., p. 45

[4] Jean-Jacques Rousseau, Ibíd., p. 46

[5] “Se podría agregar a lo adquirido por el estado civil la libertad moral, la única que verdaderamente hace al hombre sueño de si mismo, porque el impulso exclusivo del apetito es esclavitud”. Véase Jean-Jacques Rousseau, Ibíd., p. 50

[6] Cf. Jean Jacques Rousseau, ibíd, p 37

[7] Jean-Jacques Rousseau, Ibíd., p. 46

[8] “Hay con frecuencia bastante diferencia entre la voluntad de todos y la voluntad general. Ésta no tiene en cuenta sino el interés común; la otra se refiere al interés privado, y no es sino una suma de voluntades particulares. Pero quitad de éstas mismas voluntades el más y el menos, que se destruyen mutuamente, y queda como suma de las diferencias la voluntad general”. Véase Jean-Jacques Rousseau, Ibíd., p. 58

[9] Jean-Jacques Rousseau, Ibíd., p. 95

[10] Pedro Salazar, La Democracia Constitucional. Una Radiografía Teórica, FCE, 1º edición, 2006, México, p 114

[11] Jean-Jacques Rousseau, Ibíd., pp. 95-96

[12] Jean-Jacques Rousseau, Ibíd., p. 55

[13] Pedro Salazar, Ibíd., p. 116

[14] Jean-Jacques Rousseau, Ibíd., p. 130

[15] Cf. Jean-Jacques Rousseau, Ibíd., 60

[16] Jean-Jacques Rousseau, Ibíd., p. 62

[17] Jean-Jacques Rousseau, Ibidem

About these ads

Acciones

Information

3 responses

16 03 2009
aeyuvip

4cqTwE zlwakbhiuidg, [url=http://kubexejxcepe.com/]kubexejxcepe[/url], [link=http://igwyuceetvzn.com/]igwyuceetvzn[/link], http://tuscjpxgdkdc.com/

9 10 2009
guillermo

¿como definirias a la voluntad general, adentrandonos en una realidad donde lo individual es lo que preima, como sinergia o separacion?

9 10 2009
utopisticapol

La voluntad general es una forma de decir que hay una unión de voluntades. Esta idea de voluntad general está claramente en contra del “individualismo narcisista” que el posmodernismo imbuye a los sujetos, en que los sujetos hacen todo lo que les plazca con independencia del resto de la sociedad. En ese sentido, Rousseau no vería a la voluntad general como separación aunque tampoco estoy seguro que lo viera como una suerte de sinergia.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

A %d blogueros les gusta esto: