Marx y la lucha de clases

31 08 2008

El manifiesto comunista es un panfleto político en el que Marx sustenta su teoría política de la “lucha de clases”, donde históricamente siempre hubo opresores y oprimidos, explotadores y explotados, y basa esa idea en la dialéctica de Hegel, en que los “contrarios”, tanto el “señor” como el “siervo”, se relacionan entre sí a través de su opuesto.[1] Así, Marx traslada e invierte la dialéctica hegeliana (que es para la conciencia) y la materializa en las relaciones sociales (económicas) a través de toda la historia humana. Consiguientemente, las clases en Marx sólo serán comprensibles si se las toma en cuenta como categorías relacionales y oposicionales entre sí, en que una se entiende a través de la otra y viceversa, no cómo entidades monolíticas, abstractas o ahistóricas inmutables, como “mónadas” independientes una de la otra; por eso nunca hubo una teoría de la estratificación social en sus obras. La clase es la que se concibe tanto en sí (an sich) como para sí (für sich); donde la primera denota las condiciones sociales objetivas, mientras la segunda es la conciencia subjetiva de tales condiciones sociales y materiales. Marx admite que la “lucha de clases” no es inherente a la sociedad burguesa, sino mucho más antigua que ésta y que el advenimiento del mundo moderno no terminó con tales contradicciones, sino que las sustituye por otras nuevas.[2]

En la sociedad moderna según Marx, se han simplificado las clases y por ende polarizado, dando lugar al advenimiento de dos clases: la burguesía y el proletariado. La primera se caracteriza simplemente porque tiene la posesión de los medios de producción, mientras que el proletariado carece de aquellos. La burguesía se vale del apropiamiento de los medios de producción, que son medios tecnológicos que simplifican la producción de mercancías; y se vale también del control jurídico de las relaciones de producción que eliminan ciertas restricciones al mercado y la producción; por tanto, los que tienen la capacidad de apropiarse de tales medios de producción y de controlar los mercados, son justamente los capitalistas burgueses. Pero por otro lado, están los proletarios, los cuales no teniendo los medios de producción, y que, si se dedicaran a fabricar una determinada mercancía relativamente elaborada serían, empero, muy caros los costes de producción, y como la tecnología abarata los costes de producción, es obvio que en esa situación, los capitalistas ganen justamente porque desembolsan poco por los costes, mientras que los proletarios salen perdiendo.

El problema que tienen ante sí los proletarios es sobrevivir en el sistema capitalista, y lo tienen que hacer solamente vendiendo su fuerza de trabajo. Hay que destacar que dentro de este sistema económico, el trabajo es considerado solamente como trabajo general abstracto[3] y no como trabajo concreto, el cual tiene determinadas características inherentes y particulares. Lo que trato de decir, es que en el capitalismo los trabajos tienen que medirse de acuerdo al valor de cambio (dinero), y eso se ejecuta al “reducir los propios y diversos trabajos a trabajo indiferenciado, uniforme, simple, en suma, a trabajo cualitativamente igual, y que por ende sólo se diferencia cuantitativamente”.[4] El valor de cambio (salario) que se les paga a los trabajadores, no es de acuerdo a las cualidades singulares ni dificultades del trabajo mismo, sino que es el costo de la mano de obra, y dicho salario se reduce solamente a mantener con vida al proletariado mismo. La fuerza de trabajo entonces, queda reducida a una mera mercancía más entre los demás costes de producción, y “cuanto más fastidioso resulta el trabajo, más bajan los salarios”,[5] ya que mientras más simple es la ejecución de la labor, menos pagan por él, porque no tiene menos dificultad en su ejecución. El trabajo, bajo el modo de producción capitalista, queda supeditado al capital, a las necesidades individuales de cada capitalista. La dificultad del trabajo bajo el capitalismo, y que creo que es una de las metas de la ideología de Marx, es eliminar el trabajo general abstracto, es decir, un trabajo que genere valor de cambio y restituir de esa forma el trabajo concreto, aquél que es valioso por su valor de uso, para que no haya acumulación capitalista a través de la explotación del trabajo asalariado.

Ante tal trasfondo social, el proletariado como futuro sepulturero del capitalismo, debe forjar los lineamientos de su lucha contra el sistema, pues no sólo hay que considerar la posición socio-económica del proletariado, ya que esa es sólo una parte de su condición, porque fuera del entorno laboral, éste además se “convierte en víctima de otros elementos de la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etc”.[6] No obstante, la clase trabajadora no es la única que está en peligro de verse desvalida económicamente a riesgo de descender socialmente. De hecho, Marx afirma que hay dos maneras en las que la pequeña burguesía pueda ser proletaria y en consecuencia ser aliados de las clases trabajadoras, y es que “unos porque sus pequeños capitales no les alcanzan para acometer grandes empresas industriales y sucumben en la competencia con los capitalistas mas fuertes; otros, porque su habilidad profesional se ve despreciada ante los nuevos métodos de producción. De tal suerte, el proletariado se recluta entre todas las clases de la producción”,[7] eso en referencia a los pequeños empresarios, en primer lugar, y a los artesanos, en segundo lugar. El sistema capitalista por tanto, penaliza a quien no siga en la carrera por la acumulación incesante de capital, provocando por ende, que descienda de posición a quién no participe de esa carrera, por lo que, el sistema en sí obliga en pos de no ser pobre a que las personas se conviertan en capitalistas. Este sistema económico, ¿podría ser considerado contrario a la democracia?, ya que precisamente la lucha por la rentabilidad, hace que las personas estén más preocupadas de sus asuntos económicos (“privados”) en vez de los asuntos políticos (que afectan a todos), y por tanto, ocuparse de la política implica una pérdida de tiempo en la lucha por las ganancias.

Para Marx, el proletariado es la única clase revolucionaria porque a diferencia de los liberales, aquellos quieren profundizar más los cambios sociales mientras que éstos sólo deseaban cambios suficientes en la sociedad que les aseguraran el capitalismo. Y a diferencia de los sectores medios, los comunistas no desean volver atrás, y por eso, estos sectores son “reaccionarios, ya que pretenden volver atrás la rueda de la historia”,[8] y sólo participan con el proletariado, si es que descienden de posición social. Hay que destacar que la lucha de clases se enmarca en un comienzo dentro del marco del Estado-nación,[9] es decir, aunque el comunismo sea internacionalista, la condición necesaria de su victoria es primero necesario conquistar un determinado Estado, para así “internacionalizar” dicha victoria. Pero la victoria del proletariado sólo será asegurado si logran cambiar la estructura económica existente, pues, la piedra angular del capitalismo es precisamente la existencia del trabajo asalariado y del capitalista que vive de la plusvalía que genera el trabajo general abstracto. Está en la lógica del capitalismo la existencia de dichas clases contrarias (“dialéctica de clases”).

¿Qué desean los comunistas? ¿Y cuál es su estrategia política? Al principio su lucha es contra los medios de producción, no contra las relaciones de producción,[10] y Marx quiere corregir ese lineamiento práctico. Como primer punto, los comunistas son algo así como un “frente amplio” para todas la clase proletaria, ya que intenta liberarla independientemente de su nacionalidad, porque luchan por intereses comunes y no particulares al interior del mismo.[11] Los comunistas son la vanguardia de las clases trabajadoras tanto a nivel de lineamientos teóricos así como de praxis política guiadora respecto de los demás partidos de izquierda. El objetivo inmediato de este partido es “constitución de los proletarios en clase, derrocamiento de la dominación burguesa, conquista del poder político por el proletariado”.[12] Y el objetivo final (telos) es la abolición de la propiedad privada, por eso el énfasis en el poder estatal porque lo conciben como la entidad política más poderosa, más poderosa aún que la posesión de los medios de producción. Hay que recalcar que el comunismo no quiere terminar con el producto del trabajo individual, sino más bien el capitalismo sigue esa lógica, pues “el progreso de la industria la ha abolido y está aboliéndola a diario”.[13] El tipo de propiedad con la que quiere acabar el comunismo marxiano, es con la propiedad que genera valor de cambio (capital), y que al mismo tiempo explote a otro con el trabajo asalariado, y “que no puede acrecentarse sino a condición de producir nuevo trabajo asalariado, para volver a explotarlo”,[14] queriendo afirmar con ello que el capitalismo necesita constantemente expandirse tanto a nivel poblacional (mas fuerza de trabajo barata) como geográficamente (nuevos mercados externos). Dicha disputa se expresa en la propiedad, disputa entre el capital y el trabajo asalariado.

El comunismo pretende terminar con el capital monopolizado en unas pocas manos expresado en dinero y en capital. Marx en este punto, entiende el capital como “un producto colectivo; no puede ser puesto en movimiento sino por la actividad conjunta de muchos miembros de la sociedad”;[15] consecuentemente el comunismo, quiere abolir el carácter privado que posee el capital y volverlo un producto social para el conjunto. Dicha abolición de la monopolización del capital implica abolir asimismo la personalidad y la libertad burguesas, que se reducen solamente a la relativa libertad de comercio (vender y comprar), y dar de esa forma individualidad al proletario y a su trabajo –cosa que no hace el capitalismo-. Para llevar a cabo tales pretensiones, las clases trabajadoras tienen que erigirse como las clases dominantes de la sociedad y apuntar a la “conquista de la democracia”[16] ¿A qué se refiere Marx con dicha conquista?, ¿es una forma de hacer una revolución proletaria no violenta y contando con legitimidad política? En la práctica, el proletariado según Marx tendrá que ser violenta en su revolución, y manifiesta que les quitarán la propiedad de los medios de producción a los capitalistas.

Cuando Marx habla de las prácticas que los comunistas harán en posesión del poder estatal, afirma que el mismo Estado será la entidad que tendrá la propiedad de todos los medios de producción al interior de sus fronteras,[17] ¿no será eso un auto-engaño de Marx?, puesto que se podría calificar el sistema propuesto por él, como un “capitalismo de Estado” o un “capitalismo centralmente planificado” –en oposición al “capitalismo individualizado” o “capitalismo descentralmente planificado”-. ¿Marx estaba pensando precisamente en la dictadura del Estado-partido del siglo XX? Creo que eso es ignorar su contexto histórico-social, porque Marx tuvo como referencia histórica la “dictadura romana” temporalmente de emergencia cuando habla de la dictadura del proletariado, ya que ésta duraría hasta que desapareciesen todas las diferencias clasistas, y hasta que se distribuya (des-concentre) toda la producción social entre todos los asociados. Cuando hayan ocurrido ambas condiciones, el Estado tenderá a minimizarse hasta extinguirse absolutamente, pues para Marx el Estado es un poder político, y como tal es “la violencia organizada de una clase para la opresión de otra”,[18] y arguye simultáneamente que si el proletariado en cuanto clase dominante de la sociedad, “suprime por la fuerza las viejas relaciones de producción, suprime al mismo tiempo que estas relaciones de producción, las condiciones para la existencia del antagonismo de clase y de las clases en general, y, por tanto, su propia dominación como clase”;[19] pero ¿qué es entonces la violencia ejercida por los movimientos obreros o antisistémicos contra la dominación burguesa?, ya que también es violencia contra otra clase, ¿es guerra civil o violencia no-opresora? Creo que a lo que apunta Marx, es que tal violencia ejercida por estos grupos (obreros o antisistémicos) es violencia liberadora. En suma, devendrá una futura abolición del Estado, las clases y un suicidio de clase por parte de la clase proletaria en pos de una futura sociedad sin clases.


[1] La dialéctica hegeliana funciona así: “el señor se relaciona con estos dos momentos: con una cosa tal, objeto de las apetencias, y son la conciencia para la que la coseidad es lo esencial; y en cuanto que él, el señor, a) como concepto de la autoconciencia es relación inmediata del ser para sí, pero al mismo tiempo, b) como mediación o como un ser para sí que es sólo es para sí por medio de otro, se relaciona a) de un modo inmediato, con ambos momentos y b) de un modo mediato a cada uno de estos por medio del otro”. Véase G.W.F. Hegel, Fenomenología del Espíritu, FCE, 1ª edición, 1966, 14ª reimpresión, 2003, México, p. 117

[2] Karl Marx, Manifiesto del Partido Comunista, Centro Gráfico, no tiene año de edición ni número de edición, Chile, pp. 32-33

[3] “El trabajo creador de valor de cambio, por ser indiferente en cuanto al material en particular de los valores de uso, resulta asimismo indiferente con respecto a la forma particular del propio trabajo. Además, los diversos valores de uso son productos de la actividad de distintos individuos (···). Sin embargo, en cuanto valores de cambio representan trabajo igual, indiferenciado, es decir, un trabajo en el cual se ha extinguido la individualidad de los trabajadores. Por ello el trabajo que crea valor de cambio es trabajo general abstracto”. Véase Karl Marx, Contribución a la Crítica de la Economía Política, Siglo XXI, 8ª edición, 2005, México, p. 11

[4] Karl Marx, Ibíd., p. 13

[5] Karl Marx, Manifiesto del Partido Comunista, p. 39

[6] Karl Marx, Ibíd., p. 40

[7] Karl Marx, Ibidem

[8] Karl Marx, Ibíd., p. 43

[9] Esa es la llamada estrategia de “dos pasos –primero tomar el poder, luego transformar la sociedad-“. Véase Immanuel Wallerstein, Después del liberalismo, Siglo XXI, 1ª edición, 1996, p. 213

[10] “Al principio, la lucha es entablada por obreros aislados, después, por los obreros de una misma fábrica, más tarde, por los obreros del mismo oficio de la localidad contra el burgués individual que los explota directamente. No se contentan con dirigir los ataques contra las relaciones burguesas de producción y los dirigen contra los mismos instrumentos de producción: destruyen las mercancías extranjeras que les hacen competencia, rompen las máquinas, incendian las fábricas, intentan reconquistar por la fuerza la posición perdida de los artesanos de la Edad Media”. Véase Karl Marx, Manifiesto del Partido Comunista. P 40

[11] Cf. Karl Marx, Ibíd., p. 46

[12] Karl Marx, Ibíd., pp. 46-47

[13] Karl Marx, Ibíd., p. 47

[14] Karl Marx, Ibíd., p. 48

[15] Karl Marx, Ibidem

[16] Karl Marx, Ibíd., p. 54

[17] Las medidas estatales productivas son: “1. Expropiación de la propiedad territorial y empleo de la renta de la tierra para los gastos del Estado. 2. Fuerte impuesto progresivo. 3. Abolición del derecho de herencia. 4. Confiscación de la propiedad de todos los emigrados y sediciosos. 5. Centralización del crédito en manos del Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y monopolio exclusivo. 6. Centralización en manos del Estado de todos los medios de transporte. 7. Multiplicación de las empresas fabriles pertenecientes al Estado y de los instrumentos de producción, roturación de los terrenos incultos y mejoramiento de las tierras, según un plan general. 8. Obligación de trabajar para todos; organización de ejércitos industriales, particularmente para la agricultura. 9. Combinación de la agricultura y la industria; medidas encaminadas a hacer desaparecer gradualmente la diferencia entre la ciudad y el campo. 10. Educación pública y gratuita de todos los niños; abolición del trabajo de éstos en las fábricas tal como se practica hoy; régimen de educación combinado con la producción material”. Véase Karl Marx, Ibíd., pp. 54-55

[18] Karl Marx, Ibíd., p. 55

[19] Karl Marx, Ibidem

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