Todo “sistema histórico” perecerá. Proyecciones para el sistema-mundo capitalista según Immanuel Wallerstein

31 08 2008
Immanuel Wallerstein

Immanuel Wallerstein

Nos dicen desde los ’90 que el capitalismo triunfó, sobre todo después de la caída y fracaso del “socialismo real”. Nos dicen que no hay alternativa, que “siempre ha sido y siempre será así”, que las luchas ideológicas ya no existen. No obstante, el capitalismo es un “sistema histórico” y como tal, tuvo un inicio y tendrá un fin. El siguiente trabajo indagará acerca del futuro del sistema-mundo capitalista de acuerdo a las proyecciones de Wallerstein, desde su enfoque de los “análisis de sistemas-mundo”. Para el trabajo, tendré que hablar esquemáticamente del funcionamiento de la economía-mundo capitalista, no detallando puntos que desvíen del objetivo central.

¿Qué es la economía-mundo capitalista[1]? Este es un sistema social e histórico donde los capitalistas son “como ratones en una rueda, que corren cada vez más deprisa a fin de correr aún más deprisa”.[2] Allí, ellos tienen la meta de acumular infinitamente capital a través de la reinversión constante de capital. Este sistema genera una asíntota de acumulación, que nunca acabará. Como dije, este sistema no es eterno, pero sí ha tenido larga duración temporal. Hay que destacar que para Wallerstein los sistemas históricos tienen límites geo-temporales determinados. Como ocurrió con el feudalismo, que cayó con la “crisis del feudalismo”,[3] posibilitando el auge de la economía-mundo capitalista entre los siglos XV-XVI en Europa occidental. La peculiaridad del sistema, es que posee una extensión geográfica enorme, superior al Estado, que crece continuamente con las incorporaciones[4] de “arenas externas” a la economía-mundo, y que no obstante, no tenga una estructura política total.[5] El vínculo básico de unión al interior del sistema, es de carácter económico, porque se llevan a cabo distintos y numerosos procesos de intercambio de capital, bienes y personas, aunque sea desigual. Si bien, su vínculo principal es económico, también los hay de carácter cultural y político.

¿Por qué unas zonas geográficas acumulan más capital que otras? Ocurre eso porque al interior de la economía-mundo hay una relación centro-periferia. Algunas áreas acumulan más que otras, debido a que en algunas se llevan a cabo trabajos que crean mercancías con un alto valor de cambio (bienes industriales, manufacturados y servicios), lo que presupone que en dichas zonas, haya consecuentemente un alto grado de tecnologización de los procesos económicos, haciendo que dichas unidades pertenezcan al “centro” de la economía-mundo capitalista. En las áreas “periféricas” sólo se producen en su mayoría, bienes agrícolas y bienes manufacturados pero de escasa plusvalía; sus economías son “dependientes” con las del “centro” en tanto que dependen de su demanda por materias primas, por lo que, el único “desarrollo” que tienen las periferias es el subdesarrollo debido al intercambio desigual.[6] El centro también es dependiente de la periferia, pero dicha relación de interdependencia entre ambas zonas geográficas es más bien de carácter asimétrica, porque es cierto, al centro le afectan ciertas políticas efectuadas por la periferia, pero no quedarían vulnerables ante medidas análogas por parte de la periferia. El intercambio desigual es posible también gracias a la División Internacional del Trabajo, en que “la ‘degradación’ de determinados procesos en la escala jerárquica llevaba a menudo a una reubicación geográfica parcial. Para esta reubicación geográfica resultaba muy atractivo el desplazamiento hacia zonas donde el coste de la mano de obra era inferior”.[7] Los trabajos verdaderamente competitivos son los llevados a cabo en la “periferia”, pues la mano de obra ahí es de bajo costo y porque asimismo es débil políticamente, para que puedan exigir mejoras laborales. En resumen, las diferencias tecnológicas y sociales permiten dicha acumulación capitalista a expensas de otra zona.

Leviatán de Thommas Hobbes

Leviatán de Thomas Hobbes

¿En qué estructuras políticas se organiza el sistema-mundo capitalista? Como éste sistema no es un imperio-mundo, no tiene una estructura política única, sino muchas al interior de éste sistema. Las unidades existentes dentro del mismo son los Estados-nación, que se formaron con las “monarquías absolutas” durante los siglos XV, XVI y XVII.[8] Dichas estructuras, se supone que son teóricamente soberanas y autónomas. Jurídicamente lo eran a través de la soberanía, eran la entidad política más poderosa, no existiendo mayor autoridad que ellos mismos. Tal poder soberano y autónomo supuestamente “absoluto”, queda sin embargo, relativizado por dos aspectos. En primer lugar, esas unidades están dentro de un conjunto mayor de lo que son sus propias fronteras estatales, que es el sistema interestatal, donde hay ciertas reglas y pautas de conducta internacional y de legitimación que condiciona, constriñe e incluso podría determinar el propio desempeño del Estado para con otras unidades políticas. En segundo lugar, los Estados están inmersos también en el mercado mundial, que también acondiciona y de manera aún más patente al Estado en el concierto internacional. Me explico, la economía mundial está de tal manera organizada, que hace posible la transferencia de capital desde una zona geográfica a otra. Dichos flujos de capital son mayormente unidireccionales, y provocan que surja una “jerarquía” de Estados en el sistema mundial, en que el poder efectivo de un Estado-nación depende en gran medida –sino únicamente- en su capacidad de acumular capital.

La previa descripción del Estado, deja la impresión no obstante, que aquellas unidades políticas están muy limitadas en el sistema interestatal, pero no es del todo así. De hecho, su poder se manifiesta más bien dentro de los Estados mismos, pero hay que recalcar que dicho poder ejercido dentro de su territorio tiene repercusiones hacia el exterior. Los Estados, tienen capacidad de jurisdicción sobre su territorio, que les permite en concreto regular bajo qué condiciones puede llevarse a cabo la circulación de mercancías, capital y fuerza de trabajo dentro del territorio de una unidad X, y de esa forma hacen que los mercados “nacionales” oscilen entre el “libre comercio” y la “autarquía”; claro que Wallerstein destaca que los mercados nunca serán completamente abiertos ni absolutamente cerrados,[9] pero establece como constante, que la mano de obra es lo más difícil de mover de una zona geográfica a otra. En cuanto a lo político, la jurisdicción influye en las disputas de rentabilidad, porque las clases capitalistas están interesadas justamente en controlar las fronteras, y establecer qué tan cerrado/abierto puede ser un mercado. Esta relación de estrechez-amplitud de un mercado, depende si los capitalistas son competitivos o no dentro de un mercado “interno” en relación a otro país; si un capitalista es más productivo que otro ubicado en otro país, entonces era deseable para aquél que el mercado del otro estuviese abierto para el paso libre de sus mercancías, mientras que para el capitalista menos productivo, era conveniente que las fronteras de su país fuesen lo suficientemente cerradas a esas mercancías mas baratas, y protegieran de esa manera a la industria nacional.

Existen otros poderes efectivos estatales, pero a mi parecer, el de jurisdicción es uno de los más importantes, junto con el poder de legislar todo lo que desee dentro de su territorio, pudiendo declarar incluso que el derecho positivo es el único que tiene validez dentro de su territorio en desmedro del derecho consuetudinario, y con esa capacidad puede regular los derechos de propiedad muy importantes para los capitalistas; y junto con el poder de decisión jurídica, está la monopolización del uso legítimo de la violencia con que el Estado puede ejercer la fuerza contra los trabajadores obligándoles a trabajar dentro de su territorio, y manteniendo el orden interno del país, así como la protección de sus fronteras frente a otros Estados. La capacidad de fijar impuestos, es también importante puesto que es la fuente de ingresos para esta estructura, pero de acuerdo con Wallerstein, no han sido usados como medio de converger la distribución de la riqueza dentro del mismo, sino para redistribuir de manera desigual las recompensas,[10] aunque esto último en particular no me interesa para mi trabajo. No obstante, esta unidad tiene distintas capacidades tanto dentro como fuera de sus fronteras.[11]La jerarquización de aquellas estructuras no debe ser, en opinión de Wallerstein, tomando en cuenta el tamaño o la coherencia de las burocracias estatales y tampoco las ideologías de las que ellos mismos se imbuyen. Para el autor, el único criterio verdaderamente válido para medir la capacidad de éstas estructuras, es viendo su desempeño económico a mediano plazo,[12] dejando claro eso sí, que “el uso abierto de la fuerza por parte del aparato de Estado para controlar a sus propios trabajadores, técnica costosa y desestabilizadora, es con más frecuencia un signo de debilidad que de fuerza”.[13] Los Estados realmente fuertes no tienen que recurrir a la fuerza para “domesticar” a sus clases trabajadoras.

El desempeño económico a mediano plazo, permite determinar si un Estado X puede amasar capital dentro de sus fronteras o no, posibilitando destinar gran parte de sus recursos a la creación de un gran aparato militar y reforzar así su capacidad efectiva en el escenario internacional. Más aún, para Wallerstein es una posibilidad teórica que dicha concentración de capital que conllevaba a una militarización de los Estados del centro, “llevaba a intentos reiterados de transformar el sistema interestatal en un imperio-mundo”,[14] aunque, tales intentonas de “imperializar” el sistema-mundo siempre fracasaban, puesto que los intereses de los capitalistas son precisamente contrarios a los de la creación de un imperio-mundo. El autor hace hincapié en que el Estado está al servicio de los capitalistas, por ende, éste necesita y hace uso efectivo de su propia estructura estatal para que lo coadyuve en su incesante acumulación. No obstante, el productor tiene que “burlar” al mismo tiempo a su propio Estado, y así establecer alianzas comerciales con capitalistas de otras unidades políticas, a fin de establecer un equilibrio de facto, “pues si su aparato de Estado se hacía demasiado fuerte, podía, por razones de equilibrio político interno, sentirse libre de responder a presiones igualitarias internas”.[15] Tales son las causas del equilibrio de poder al interior del sistema-mundo capitalista.

El equilibrio de poder interestatal podía ser puesto en jaque por cualquier Estado en particular que fuera suficientemente poderoso, y así ha sido históricamente. Eso sucedía antes de establecerse una “hegemonía” al interior de la economía-mundo por un período determinado. Wallerstein identifica tres luchas en la historia del capitalismo moderno por la hegemonía del mismo: las llamadas “luchas en el centro”. La primera disputa fue entre la España de los Habsburgo y las Provincias Unidas en el siglo XVII durante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648); la segunda contienda fue entre Francia e Inglaterra durante la Revolución francesa y el Imperio napoleónico (1792-1815); y la última lucha ha sido pues, entre Alemania y EEUU en las dos guerras mundiales del siglo XX (1914-1918 y 1939-1945) catalogándola Wallerstein, mas bien, como una “guerra mundial de treinta años”. No obstante, según él, “hay que señalar que, en cada uno de los casos, el vencedor había sido una potencia primordialmente marítima antes de la ‘guerra mundial’, pero se había transformado en una potencia terrestre a fin de ganar esta guerra contra una potencia terrestre históricamente fuerte que parecía estar tratando de transformar la economía-mundo en un imperio-mundo”.[16] La última lucha en el centro dio por vencedor a EEUU, y da inicio a la hegemonía estadounidense dentro del sistema-mundo, aún indiscutible, pero según Wallerstein en decadencia.

El sistema-mundo capitalista se encuentra hoy, según Wallerstein, en transición hacia otro sistema histórico y no en una “mera crisis” (o ciclo Kondratieff descendente[17]). Hay que destacar que las crisis sistémicas son situaciones en que un determinado sistema histórico está cada vez más alejado de su equilibrio y que cada vez más pierde estabilidad, pues “la economía-mundo capitalista (···) se ha conservado por sí sola durante mucho tiempo por medio de mecanismos que se encargan de reestablecer el equilibrio cada vez que sus procesos se apartan de él”,[18] aunque la recuperación del equilibrio no es inmediata pero tampoco se reestablece tal como era previamente. En este caso los problemas estructurales son tan grandes que el equilibrio se pierde (y hace que no se recupere), y hace que estemos ante una “bifurcación histórica” en que tendremos que elegir qué tipo de sistema histórico querremos en el futuro, pero el sistema que vendrá no es necesariamente un progreso pero sí es posible, dependiendo de cuál tendencia gane: la igualitaria o la jerárquica.

Para decirlo de manera más concreta, el capitalismo está llegando a su límite de “mercantilización de todas las cosas”, según Wallerstein, lo que provoca crisis para los capitalistas en su objetivo de acumulación de capital. Eso se expresa en tres puntos de acuerdo con el autor. En primer lugar, está la lucha entre el capital y el trabajo, en el cual los capitalistas desean siempre abaratar los costes de producción, incluyendo la fuerza de trabajo; y los trabajadores supeditados al capitalista que no quieren ver reducidos sus salarios en pos del abaratamiento de los costes de producción. Dicha disputa es la “lucha de clases”, en la que los trabajadores ante la situación de desventaja forman organizaciones sindicales para defenderse de las pretensiones empresariales, haciendo que éstos últimos cedan a las demandas (o en parte), haciendo al mismo tiempo que se “reubique” la mano de obra en zonas periféricas, ya que “la fuente primaria del trabajo verdaderamente mal pagado siempre ha estado en los recién reclutados migrantes de las áreas rurales, que con frecuencia es la primera vez que ingresan al mercado del trabajo asalariado”.[19] Dichas condiciones hacen, según el autor, que los trabajadores de tales áreas no estén arraigados culturalmente, y de hecho con ese primer trabajo asalariado reciben una mejor remuneración; pero tal situación no durará para siempre y exigirán, al cabo de años, mejoras laborales, y los capitalistas tendrán que “reubicarse” nuevamente. Por eso, ¿a dónde podrán ir si ya todas las zonas geográficas periféricas han sido ocupadas para la“reubicación” de la fuerza laboral?

En segundo lugar, está el costo de los insumos y materiales que usan las empresas para su proceso de producción. No se refiere a los costos de compra de tales insumos, sino más bien al trato que se les da. Lo que hacen las empresas para minimizar los costos, es precisamente “externalizarlos”, especialmente “si el tratamiento de las materias primar produce desperdicios tóxicos o fastidiosos, parte del costo tiene que ver con deshacerse de este desperdicio, y si es tóxico, deshacerse de él de manera segura”.[20] Se dice que esos costos son externalizados, porque la empresa los “socializa” cuando bota los deshechos en lugares naturales, contaminándolos y ocasionando enfermedades a las personas y animales que usen tales lugares. Generalmente, el que asume los gastos de dicha externalización de costes a favor de las empresas, es el Estado y ese organismo los asume con los dineros de toda la sociedad, por lo que, al final es la sociedad entera quien asume los costes, y las empresas con tal acción aumentan de manera considerable su margen de ganancia. El problema aquí, tiene la misma lógica que la anterior: llegará un momento en que ya no habrán qué lugares contaminar, puesto que así es como funciona, mientras hayan lugares alternativos. Y hay que tomar en cuenta, que aquí no sólo está en juego la acumulación capitalista sino que el daño al medio ambiente tarda mucho tiempo en recuperarse. Wallerstein, ante esa situación, ve dos posibles soluciones para “internalizar los costos”: o los asumen las empresas o los contribuyentes; en la que si se adopta la primera, el margen de ganancia se reducirá, pero si lo asumen las personas, aumentarán los impuestos.[21] Tal argumento, para Wallerstein, es otra gran presión que cuestiona mucho el futuro de la acumulación capitalista.

Protesta de escolares en Chile

Protesta de escolares en Chile

En tercer lugar, está la presión popular hacia el Estado por más beneficios sociales, puesto que en teoría, los impuestos eran para converger la diferencia entre las distintas clases sociales. Dentro de la economía-mundo capitalista, su gasto ha ido aumentando solamente de manera paulatina e incluso de manera reaccionaria ante tales presiones, y se ha utilizado para “asegurar la relativa estabilidad política ante el descontento en aumento de los estratos bajos por la creciente polarización del ingreso real”,[22] así como para “domesticar” –en palabras de Wallerstein- a las “clases peligrosas”, y mantener la lucha de clases dentro del orden institucional estatal, para que no hubiese “anarquía” (entendida como desorden). Pues, hoy en día han aumentado de forma constante las exigencias sociales con respecto al Estado, especialmente en temas de educación, vivienda, salud, entre otros, por lo tanto, tales demandas hacen que se tenga la necesidad de subir constantemente los impuestos para distribuir la riqueza al interior de un país, y poniendo aún más en tela de juicio, la capacidad acumuladora de capital de las distintas empresas. Wallerstein, nota como ironía en este punto, el que la gente esté a favor de una baja general de impuestos, al mismo tiempo que protesta ante la ausencia de suficiencia de servicios sociales del Estado para con la sociedad, pero es aún más irónico que ese deseo de bajar los impuestos esté en concordancia también con las demandas de los productores-capitalistas.[23] Claro que hay que matizar que sólo se está en contra de bajar los impuestos en materias de incumbencia social, pero no en los demás.

Junto a esas tres crisis estructurales del capitalismo que ponen realmente en boga la acumulación de capital, se suma además, para el autor, la creciente deslegitimidad de las estructuras estatales por parte de la población civil. Esta deslegitimidad del aparato estatal, tiene que ver que éste ha sido usado durante todo el capitalismo histórico, como un instrumento de domesticación de las “clases peligrosas”, a través de la idea de la “espera de mejoras”, en el que “los Estados son la fuente principal de las ideologías que persuaden a la masa de la población de que sea relativamente paciente”.[24] La gente tiene que ser paciente mientras el Estado hace las reformas necesarias para mejorar de esa manera, el bienestar general de la sociedad. Esa idea es según Wallerstein, perteneciente al liberalismo decimonónico, el cual cree en el progreso inminente, y que si el progreso no es inmediato, será entonces en el futuro. Para el autor, dicha ideología liberal es la que está en crisis en la fase actual del sistema-mundo, especialmente desde el año 1968, volveré más adelante sobre tal crisis. Tales son, en breve, los problemas estructurales de “larga duración” del capitalismo que no tienen solución dentro del marco de este sistema.

Para entender el futuro del sistema mundial a nivel geopolítico, hablaré brevemente del sistema internacional de la pos-II Guerra Mundial. EEUU alcanzó la hegemonía en la economía-mundo capitalista con su victoria sobre la Alemania nacional-socialista. Europa y Japón quedaron realmente devastadas con la conflagración mundial, por lo que, para que EEUU gozara plenamente su status de hegemón de la economía-mundo, no le bastaba que contara con el sistema industrial más grande del mundo si no tenía una demanda efectiva europea y japonesa. Ante esa ausencia de clientela efectiva, EEUU asumió la tarea de reconstruir ambas zonas geográficas, con la intención de formar compradores efectivos para los productos estadounidenses.[25] No obstante, al cabo de unos años, los que una vez fueron reconstruidos económicamente, también se “reindustrializaron”, puesto que “los factores que habían contribuido a la mayor eficiencia económica podían ser siempre copiados por otros”,[26] y se convirtieron así en potencias que rivalizaban económicamente con EEUU y en un futuro quizás política y militarmente.

En cuanto a la relación EEUU-URSS,[27] se estableció después de la guerra mundial, un conflicto ideológico entre ambas potencias, pero que en opinión de Wallerstein, nunca fue una disputa de fondo, sino formal y cuidadosamente controlado. En realidad, el sistema internacional para Wallerstein, durante la Guerra Fría, nunca fue bipolar en el terreno económico aunque sí en el militar, pero lo que realmente cuenta no es tanto el poderío militar sino el económico porque es lo que sustenta a lo militar. La URSS, en opinión de Wallerstein, era sólo un agente “subimperialista” que actuaba en colusión con EEUU para mantener el status quo, un status quo, en que ninguna de ambas potencias interfirió realmente en la “esfera de influencia efectiva” de la potencia adversaria,[28] esto es: las zonas que ocuparon ambas potencias después de la conflagración mundial. El conflicto solo se reducía a diatribas ideológicas y en descalificaciones. En cuanto al sur, no se le tomó en cuenta para el orden internacional después de la II Guerra Mundial.

A nivel geopolítico, el sistema-mundo capitalista está entrando actualmente cada vez más en la fase de “lucha en el centro” por la hegemonía del mismo, pues a partir de la década de los ’70 del siglo pasado, EEUU comenzó a declinar como mismo hegemón de la economía-mundo, rasgo que empezó a ser patente, según Wallerstein, con la institucionalización de la Comisión Trilateral integrada justamente por EEUU, la UE y Japón. El que los estadounidenses tuvieran que tomar en cuenta a sus aliados se debió a dos causas, que fueron: “el mejoramiento de la situación económica de Europa occidental y Japón, lo que les permitió ‘alcanzar’ a Estados Unidos durante la década de los sesenta; y las dificultades económicas en la economía-mundo de la década de los setenta, marcadas, aunque no causadas, por el incremento radical en los precios del petróleo como resultado de las decisiones de la OPEP”.[29] Esa nueva realidad implicó un debilitamiento del hegemón frente a ambas zonas geográficas, que se tradujo en menor dependencia política tanto europea como japonesa con respecto a EEUU, aunque en ese entonces de manera embrionaria; en términos económicos, el auge de ambas áreas de la economía-mundo, según Wallerstein, implicó una reducción de la tasa de ganancia entre las mismas, y tal situación dio como resultado “una aguda competencia entre los tres miembros de la Tríada, en la que cada uno buscó minimizar sus pérdidas –inevitablemente a expensas de otros”.[30] La Comisión Trilateral, debe ser entendida entonces, como una instancia entre las potencias del centro que trataban de limar asperezas económicas entre ellas, la cual fue parcialmente exitosa. Dicha comisión fue exitosa a medias, puesto que entró en vigor durante el inicio de un ciclo B (descendente) Kondratieff, que se caracteriza por la recesión económica en el sistema-mundo, en que las utilidades están muy por debajo al del nivel previo durante un ciclo A (ascendente) Kondratieff. Ante la recesión económica mundial, Wallerstein afirma que, las tres zonas compitieron entre sí para “exportar desempleo” para no mermar la condición económica interior y así asegurar la rentabilidad a sí mismas.[31]

La “fuerza” o capacidad de los países de la Tríada se “mide” en dos aspectos, de acuerdo con Wallerstein, que son: i) la inversión estatal en investigación y desarrollo (innovaciones), y ii) la capacidad de las capas altas de la sociedad de acceso a la riqueza consumible.[32] Tal correlación de fuerzas entre las tres potencias, debe ser medida, tomando en cuenta la producción y las finanzas, pero a mediano plazo, no el corto; y Wallerstein nota grandes diferencias entre ellas. En cuanto al primer punto, EEUU toma la delantera en innovaciones tecnológicas militares. De hecho, EEUU conciente de su constante decadencia internacional, invierte más en tecnología militar que en innovaciones económicas que le permitan asegurar una mayor acumulación de capital, por lo que, a largo plazo sus cargas económicas militares serán tan agobiantes, que su capacidad económica no le permitirá sustentar más su gran aparato militar. Aunque eso no quiera decir que los otros no inviertan en tecnología militar, ciertamente lo hacen, pero no con el énfasis que lo hacen los norteamericanos. La clave según Wallerstein, está en darles énfasis a las innovaciones económicas –no tanto a las militares- cosa que hacen los europeos y japoneses. Y en ese punto están en la delantera con respecto a EEUU. En cuanto al segundo ítem relacionado a la paga de los trabajadores “comunes”, sean cualificados o no, se les paga de manera relativamente bien, y las diferencias no son muy grandes. Lo mismo ocurre con los impuestos que son usados para los servicios sociales, son usados de manera relativamente equitativa al interior de cada país; en eso no se diferencian mucho.

No obstante, para Wallerstein, el factor diferenciador dentro de la Tríada es lo que se le paga a “los estratos superiores y cuadros, tanto aquellos que trabajan directamente para varias empresas productivas como todos los que operan en el sector no lucrativo, los llamados profesionistas libres”.[33] Estos profesionistas libres son la gran diferencia, puesto que en EEUU, tales cuadros reciben un salario excesivamente alto en comparación a los europeos o japoneses. En pocas palabras, se paga un salario tan alto a los profesionistas libres, que reduce drásticamente el margen de rentabilidad para las empresas estadounidenses, lo que no sucede en Europa occidental y en Japón. Además, hay que destacar que EEUU no tiene la capacidad de forzar a Europa y a Japón a que adopten las medidas del FMI, ya que tienen la misma capacidad económica que la estadounidense, es decir, sus deudas son internas y no están sujetas a presión internacional.[34] Y EEUU está conciente de tal situación, por eso exhorta a las otras dos zonas que “emulen a Estados Unidos en la distribución de salarios para los estratos superiores y que así eliminen sus ventajas en el largo plazo”.[35] Sólo si EEUU consiguiera que los otros integrantes de la Tríada aceptaran tal demanda de redistribución del ingreso, se eliminaría esa ventaja, y se equilibrarían. Dentro de ese escenario internacional, el que saldrá perdiendo a largo plazo, es justamente el antiguo Estado hegemónico, por lo que tal Estado se convertiría en “socio menor” de uno de los dos restantes contendientes a sucesor, y en éste caso, Wallerstein afirma que es más probable que EEUU sea el socio menor de Japón que de Europa occidental. No obstante durante la futura lucha en el centro, Wallerstein cree que no sucederá lo que si ha sucedido en las luchas previas, es decir, no habrá ninguna hegemonía en el centro porque él cree que de aquí al 2050 el sistema-mundo capitalista dejará de existir antes de establecerse un futuro estado hegemónico,[36] y en su lugar, estará en funcionamiento otro “sistema histórico” que tendrá diferentes reglas al actual.

La segunda gran grieta geopolítica del siglo XXI, es la norte-sur, basada en la creciente polarización económica entre ambas zonas. Al igual que la Tríada (el norte), el sur tampoco es homogéneo políticamente: hay regímenes pro-norte y regímenes anti-norte. Dicha situación, viene desde el siglo pasado con la descolonización en África y partes de Asia, que ha dejado a esos países en la pobreza. Ante tal situación y durante la Guerra Fría, los países del llamado “tercer mundo” han tenido que optar por el desarrollismo, que tiene dos pasos: “1] establecer un régimen nacional dedicado al desarrollo nacional; 2] luego, emplear las medidas políticas correctas”.[37] Lamentablemente dichas políticas desarrollistas fracasaron, vinieran tanto del lado de EEUU como de la Unión Soviética, puesto que para Wallerstein, ambas potencias representaban lados anversos de una misma moneda. El desarrollismo en el “tercer mundo” fracasó debido a dos argumentos: primero, en el marco de funcionamiento del sistema-mundo, es imposible –según Wallerstein- que todos o una gran mayoría de Estados mejoren su situación con respecto a las demás unidades políticas insertas en la economía-mundo; solo pocos Estados consiguen mejorar realmente su situación, pero no debido a sus políticas económicas “correctas”,[38] que nos lleva al segundo punto. El segundo punto, es que los países que realmente mejoraron su estatus dentro del sistema, se debió a sus posiciones geopolíticas en el marco de la Guerra Fría.[39] El fracaso del desarrollismo se hizo patente durante la década de los ’70 del siglo pasado tanto en el norte como en el sur, en que aquél ha predicado como ideología al neo-liberalismo, mientras que el sur ha empezado a buscar maneras de revertir la polarización económica. En general, de acuerdo con el autor, son tres estrategias que han usado hasta ahora, que son: i) la afirmación de una “alteridad mundial radical” en oposición a la del norte, es decir, el deseo de tener otro mundo; ii) la confrontación militar directa con el norte, dentro del marco de la economía-mundo capitalista; y iii) la transferencia de población, de decir, la inmigración desde el sur al norte. Me encargaré a continuación, de cada una de estas estrategias.

La primera es la opción de la “alteridad mundial”, que es según Wallerstein, el modelo presentado por Jomeini durante su revolución islámica en 1979. Tal estrategia, se reduce solamente a “concentrar la ira” hacia los principales beneficiarios del sistema-mundo capitalista. Es una denuncia contra el occidente, que incluye los valores de la Ilustración. Sin embargo, esa estrategia no dura mucho, y para cuando se termine la ira contra los beneficiarios, se reintegrarán a la órbita cultural del sistema-mundo.[40] Pero eso no quiere decir que esa línea de acción sea inválida, puesto que “si mañana estallan otros movimientos en otros países del Sur, y varios de ellos simultáneamente, en un sistema mundial menos estable, ¿no es posible que duren más o que vayan más lejos? ¿No es posible que impulsen sustancialmente la desintegración del actual sistema mundial, proceso del que ellos mismos son consecuencia?”,[41] dejando claro, que aunque no sea una línea de acción constante en el tiempo, la aparición de estas protestas, si podrían acelerar la desaparición de este sistema histórico como tal. Hay que destacar otra cosa, Wallerstein últimamente ha dicho que los movimientos supuestamente “fundamentalistas” no son tan tradicionales, los medios de comunicación no ayudan mucho, ya que más bien los “fundamentalistas, reinterpretaron los textos religiosos a conveniencia y de adaptarlos mejor a sus líneas de pensamiento, a “fin de crear estructuras políticas para el mundo moderno que fueran capaces de sobrevivir y de salir adelante”.[42] Estos movimientos, no son fundamentalistas, lo son pero solo a nivel discursivo, pero si lo fueran a nivel de práctica no usarían los adelantos tecnológicos que tiene el mundo moderno, y además, Wallerstein afirma que tales regímenes o movimientos reclutan estudiantes y/o científicos que se dedican precisamente a las ciencias naturales.[43] Además, sus ataques no se reducen solamente a los beneficiarios de sistema, sino que son ataques también a los mismos movimientos antisistémicos que no consiguieron cambiar al mundo como lo prometían, por eso también atacan al régimen soviético, por no haber representado una alternativa real a EEUU. Los movimientos antisistémicos, también estaban imbuidos, según el autor, de la ideología liberal dominante. Y por último, ofrecieron a la sociedad civil de sus respectivos países, bienestar tanto material como espiritual.[44]

Artilleria estadounidense en la 1ª Guerra del Golfo Pérsico

Artilleria estadounidense en la 1ª Guerra del Golfo Pérsico

La segunda estrategia del sur es más temible, y significa el enfrentamiento militar directo contra el norte. Wallerstein nota un gran cambio en el escenario pos-guerra fría, puesto que en el sistema interestatal previo, los conflictos norte-sur eran comenzados principalmente por el norte para obligar al sur a aceptar las condiciones que quisieran, y ante tal situación este último tenía solamente la opción de resistir o acatar las demandas de aquél; pues, ahora lo nuevo es que el sur sea el que busque un conflicto con el norte, que sea capaz de desafiar a las potencias centrales de la economía-mundo capitalista. Además, la I Guerra del Golfo, no fue de autodeterminación nacional, sino que tuvo como meta, el cambio de la correlación de fuerzas a nivel internacional,[45] y eso fue lo distintivo. Saddam Hussein, es para Wallerstein el mejor ejemplo de esta estrategia, que podría ser probablemente emulada en el futuro del sistema mundial. ¿Por qué es un ejemplo? Pues, porque para el autor, Hussein representó mucho más que un dictador invadiendo a su vecino, Hussein representó más bien, un líder “bismarckiano” en sus cálculos geopolíticos. Hussein era “bismarckiano” en el sentido, que previó más o menos lo que le podía suceder en su arremetida contra Kuwait. El objetivo primordial, era precisamente a través de sus movimientos, mostrar lo débil que era el norte y fortalecer a su vez a un sector del sur.[46] Según Wallerstein, Saddam no pensó precisamente que él iba a perder la I guerra del Golfo Pérsico, sino que previó que: o responde militarmente el norte, o el norte se iba a quedar inactivo; de hecho, lo primero sucedió: EEUU atacó militarmente a Irak y solo expulsó a los iraquíes de Kuwait, pero no continuó con una consecuente invasión para derrocar a Saddam. Por tanto, la partida de Saddam terminó precisamente en el inicio del juego, EEUU no pudo invadir Irak.

¿Por qué EEUU no pudo derrocar a Saddam en 1991? No pudo porque: “1] Resultaría costoso, en términos militares, y probablemente redundaría en grandes pérdidas de vidas y reviviría el llamado síndrome de Vietnam. 2] Sería imposible instalar en el poder un régimen de reemplazo capaz de estabilizar la situación y de controlar al país. (···). 3] Una guerra prolongada probablemente desestabilizaría en el corto plazo a un gran número de regímenes en todo Medio Oriente. 4] Un régimen de reemplazo acaso únicamente fuera capaz de sobrevivir con un ejército provisional de ocupación de tropas estadounidenses, lo que podría causar problemas internos importantes en Estados Unidos”;[47] tales eran las debilidades, según Wallerstein, que no permitieron a EEUU invadir Irak en 1991 y derrocar en consecuencia a Hussein. Tal situación política, represento para el líder iraquí, una victoria política, así como un antecedente histórico en el cual es posible desafiar al norte y salirse con la suya, por lo menos durante un tiempo. Además de esa victoria política de Hussein, los halcones estadounidenses están muy concientes de la debilidad de EEUU, y por eso, según Wallerstein están tan obsesionados con invadir Irak, pero con el costo de sufrir una derrota política a nivel internacional. ¿Qué ocurrirá? Tras la derrota política, los países del sur que quieran desafiar a EEUU tenderán a seguir el antecedente de Irak, en que querrán conseguir armas de destrucción masiva, que aunque nunca tendrán una superioridad con respecto a EEUU, por lo menos, querrán tener suficientes de aquellas para infligirle un daño suficiente. Ante ese escenario de proliferación de armas de destrucción masiva, Wallerstein no da proyecciones favorables al accionar estadounidense, sino que a lo más podría retrasar en tiempo dicha proliferación pero no detenerla, y porque si no pudo contenerla durante la Guerra Fría cuando era realmente más poderoso que ahora, menos podrá hacerlo hoy en día.[48] Además, el autor advierte que en la próxima década aumentará el número de países con capacidad nuclear. Todos esos factores hacen que el norte ya no tenga confianza en sus guerras contra el sur, que sí tenía previamente cuando libraba sus propias guerras coloniales.[49]

La última estrategia del sur en contra del norte, no es dirigida por lo Estados del sur. Es más bien de carácter individual, que Wallerstein nombra como “opción de resistencia individual”. Antes de explicar en qué consiste esa táctica, conviene hablar un poco de la polarización tanto económica como demográfica norte-sur. En primer lugar la polarización económica ya ha sido previamente explicada con la relación centro-periferia, que significa mayor desigualdad económica entre ambas áreas. En segundo lugar, la polarización demográfica, es sencillamente la baja tasa de natalidad en los países del norte y la alta tasa de natalidad en los países del sur. El problema es que, los habitantes de los países del sur quieren irse precisamente a los lugares donde hay mayor acumulación de capital (especialmente EEUU y Europa occidental), pero en las áreas receptoras de inmigrantes, hay un doble estándar con respecto a ellos; por un lado, se siente un profundo rechazo por parte de los habitantes del centro con respecto a los inmigrantes de las periferias o semi-periferias, puesto que “consideran que los inmigrantes son una amenaza a los trabajos y a los niveles salariales y que incurren en prácticas antisociales”;[50] pero por otro lado, para los grupos capitalistas del centro (norte), los inmigrantes son necesarios para la economía, como la población de sus países está cada vez más envejecida –especialmente en Europa occidental- y no nacen nuevos integrantes, no hay suficiente población “autóctona” para ocupar los puestos de trabajo, y por eso mismo, necesitan de los inmigrantes, sean altamente cualificados o no.

Pero los problemas no solamente se limitan al norte, sino también al sur, ya que la población de éste último sector está educándose universitariamente, y como el sur no tiene tanta acumulación de capital como si lo tiene el norte, no pueden encontrar puestos de trabajo que les puedan pagar lo que ellos desean, por tanto, hay deseos de inmigrar al norte por parte de habitantes del sur.[51] Los países del norte, ante la inmigración, según Wallerstein, endurecerán las condiciones de entrada a sus respectivos países, especialmente ante los inmigrantes ilegales, y por tanto, establecerán que los únicos inmigrantes que pueden entrar son los altamente cualificados. El problema, según Wallerstein, en este punto, es que los inmigrantes serán un gran sector de las sociedades del norte, los cuales no tendrán los derechos políticos, civiles ni sociales que si los tienen los residentes “autóctonos”, o inmigrantes legalizados, y por eso, habrán muchas tensiones tanto al interior de los países del norte, por un lado, puesto que, los inmigrantes sin derechos, presionarán por tenerlos,[52] mientras que crecerá al mismo tiempo, la impopularidad interna hacia los mismos; por otro lado, habrán dificultades en las relaciones norte-sur, porque el norte presionará a los países del sur a que detengan la migración hacia el este, a través de políticas públicas o cualquier otra estrategia.

La última gran lucha geopolítica, no tiene espacialización geográfica determinada dentro del sistema-mundo, pero está representada por dos lugares: Davos y Porto Alegre. Esta fractura, tiene que ver con dos foros mundiales en donde se plantea el futuro, o mejor dicho qué futuro es deseable para el mundo. Wallerstein destaca que ambos foros concuerdan en cambiar el mundo, pero lo que desean ambos foros son muy incompatibles entre sí. Mientras que Davos se compromete con el mejoramiento del mundo, pero a través de la asociación entre empresarios, políticos, intelectuales, entre otros, el foro de Porto Alegre está plenamente y explícitamente contrario al neo-liberalismo, y a cualquier tipo de organización social y mundial en que el capital lo domine todo; su accionar es de carácter democrático en que las decisiones se toman colectivamente. No obstante las diferencias entre ambos foros sociales son notables como Wallerstein lo hizo notar en cuanto a su “composición social”. La diferencia es bastante entre ambas: Davos se compone principalmente de personas que pertenecen a las más grandes transnacionales, mientras que Porto Alegre agrupa a una multiplicidad de tipos de movimientos sociales y organizaciones desde la sociedad civil.[53] Ambos foros son, para Wallerstein, movimientos de transición en que ninguno de ellos acepta más el status quo mundial, y lo sustenta, en que estamos viviendo justamente en un período de transición de un sistema histórico a otro, aunque los dos foros mundiales no sean concientes de aquello.[54]

El último aspecto del futuro del sistema-mundo capitalista a nivel ideológico, es que, el liberalismo ya no será la ideología dominante del sistema mismo. Para Wallerstein, la conformación de la ideología liberal viene desde la Revolución francesa, que como acontecimiento “no señaló una transformación básica, ni en lo económico ni en lo político. Antes bien, la Revolución francesa, fue desde el punto de vista de la economía-mundo capitalista, el momento en que la superestructura ideológica se puso por fin en el mismo nivel de la base económica”,[55] por ende, con la Revolución en Francia comienza la era del liberalismo como ideología dominante en el sistema mundial; además dio como pauta general, que el “cambio social” iba a ser normal después de 1789, y que la legitimidad de los gobernantes ya no recaería más en el derecho divino sino en el “pueblo” mismo –quien quiera que sea el pueblo-. ¿En qué se manifestaba dicha ideología dominante? Se manifestaba según Wallerstein, en que ni la ideología conservadora ni la socialista primaron en su lucha ideológica contra el liberalismo hacia 1848, ni después de la misma fecha. Es decir, la “Revolución mundial” del ’48 dio a saber que los cambios sociales no podían ser muy lentos –como querían los conservadores- ni tan rápidos –como lo deseaban los socialistas-.

Revolución del 48 en Alemania, Berlín

Revolución del '48 en Alemania, Berlín

En definitiva, frente al conservadurismo y al socialismo, la partida la ganó el “centro” liberal,[56] y ante tal situación y de manera general, las ideologías “extremas” tuvieron que hacerse “moderadas”, surgiendo de esa manera el “liberal-conservadurismo” y el “liberal-socialismo”. Después de la I Guerra Mundial, el liberalismo centrista se internacionalizó con los postulados de Wilson y de Lenin, que para Wallerstein, eran las dos caras de una misma moneda, puesto que ambos se manifestaban en el deseo de la “autodeterminación de los pueblos” –traducido en antiimperialismo en Lenin- y eso significaba en el wilsonismo, algo así como mundializar la democracia: que cada pueblo tuviese un voto en el plano internacional;[57] y en segundo lugar, quería según Wallerstein, instaurar un “Estado de bienestar” mundial, a través del “desarrollo económico nacional” –traducido como el “socialismo en un solo país” o “desarrollo socialista” en el caso de los países del tercer mundo -.[58] En resumen, Wallerstein afirma, que de 1848 a 1914 el programa liberal consistía en “domesticar” a las “clases peligrosas” al interior de cada país; mientras que de 1917 a 1989, tal programa se internacionalizó en que el norte se encargaba de “domesticar” al sur a través de los programas de “desarrollo nacional”.

1968 marcó un antes y un después como 1848, puesto que marca el inicio de la retirada del consenso liberal como ideología dominante del sistema-mundo. La “Revolución mundial” del ’68, fue un ataque al consenso liberal desde la izquierda, pero no sólo fue un ataque al liberalismo, sino que también fue un ataque dirigido contra la Vieja izquierda (socialismo leninista, liberal-socialismo), que posibilitó según Wallerstein, el surgimiento de ideologías anarquistas y maoístas, entre otras. Aunque, la derecha también se renovó después del ’68, con la diferencia que adoptó más bien una postura ofensiva en vez de defensiva, que es conocida como neoliberalismo. El programa del neoliberalismo, se reduce “a eliminar cualquier constricciones al mercado”,[59] lo que conllevaba eliminar todas las concesiones otorgadas durante el “Estado de bienestar”. El “Estado de bienestar” se puso en jaque, simplemente porque, de acuerdo con el autor, la concesión de más derechos sociales y de una mayor redistribución de la riqueza, hubiesen puesto verdaderamente en boga la acumulación capitalista. Esto significó que tanto conservadores como socialistas, mostraran realmente sus posturas políticas, en las que, ya no servía escudarse en un “centro” liberal. Dentro de esa perspectiva, para Wallerstein, la caída de los comunismos en 1989 no representa la muerte del socialismo, sino que significa realmente la caída definitiva del liberalismo. Ahora, según Wallerstein, como estamos viviendo en una era de transición a otro sistema, las ideologías del período 1789-1989 no sirven para aplicarlas en el mundo pos-1989, y en éste sentido el liberalismo no sirve porque simplemente el individuo no tiene mucha capacidad de acción dentro de un sistema que se está desintegrando, y ante tal situación, la única opción de los distintos individuos es precisamente unirse y formar grandes grupos, pero aún eso no es suficiente. El problema ideológico, en este mundo pos-guerra fría no lo tiene la derecha, la cual, tiene las proposiciones de la “virtud y la legitimidad de los grupos de la ‘supervivencia del más apto’”,[60] y que están imbuidos de ideales meritocráticos y no de pureza racial, pero de todas formas, ideales jerárquicos y excluyentes.[61] La izquierda, tiene el problema de crear una ideología de grupo, en que la red dentro de los mismos tiene “entrecruzamientos muy complicados”,[62] eso es: cada grupo deja espacio para otro subgrupo y así sucesivamente; y las diferencias grupales tienden a crear jerarquías dentro de los mismos. El problema mayor de la izquierda, es que un grupo no puede sobrevivir sin esas fronteras grupales para sí protegerse de otros.

Ahora bien, la izquierda mundial de hoy en día tiene como pretensión la instauración de un sistema histórico igualitario, que no funcione a través de los mecanismos que lo hacían funcionar desde el liberalismo, en que se justificaba la limitación del acceso a las mayorías por la vía de la exclusión mediante la inclusión, es decir, el acceso limitado a los beneficios de la sociedad. Dentro de éste esquema pos-1989, de lo que está seguro Wallerstein, es que las estructuras estatales sí son importantes, pero no son la panacea en pos de la transformación mundial. Para el autor, asumir el poder del Estado debe verse simplemente como algo defensivo, en que por ningún motivo se debe dejar a la ultraderecha posesionarse del Estado, y especialmente de las fuerzas represivas del mismo. No obstante, el que la izquierda tenga el poder del Estado, corre el peligro de legitimar el orden existente en vez de cambiarlo, y eso será muy difícil de romper por las fuerzas antisistémicas, para Wallerstein. Además, las fuerzas antisistémicas, deberían concentrarse en la “expansión de grupos sociales reales de todo tipo a todo nivel de la comunidad, y su agrupamiento (···) en niveles más altos en forma no unificada”,[63] criticando de esa manera la idea que decía que cuanto más unificada era una estructura más eficaz era. Lo que no deben efectuar los movimientos antisistémicos es institucionalizarse centralmente, y la forma de hacer eso es no estableciendo prioridades o jerarquías estratégicas entre los distintos movimientos pertenecientes a la izquierda, sino luchando al mismo tiempo en varios frentes.[64] Según Wallerstein, esa táctica sería demasiado abrumadora para los grupos que defienden el status quo mundial, y por tanto, se verían sobrepasados ante tamaña cantidad de demandas al mismo tiempo. De esa forma, se estaría obligando a los liberales a ser liberales de verdad, y se podría desenmascarar así a los “liberales retóricos”. La táctica de la izquierda vista de esa manera, es la de sobrecargar tanto al sistema que al final termine por ceder de una vez a tales demandas igualitarias.

En conclusión, el sistema-mundo con su meta de acumulación de capital, está por vez primera en una “crisis sistémica” terminal real, y no meramente en un ciclo B descendiente Kondratieff (“crisis económica”). Esta crisis sistémica tiene lugar debido a grandes presiones estructurales, presiones que solo se han podido ver hoy en día ya que son procesos de larga duración. Tales son: en primer lugar, la constante reubicación de la mano de obra por las empresas, para abaratar costos y ante las exigencias igualitarias de los obreros en los países del centro, por tanto, llegará un momento en que no podrán reubicarse más en las periferias; en segundo lugar, la presión en torno a la contaminación ambiental, en que, las empresas ya no podrán externalizar (socializar) más los costos, puesto que cada vez más quedarán menos lugares que contaminar, por tanto, ocurrirá lo mismo: no podrán contaminar más y tendrán que internalizar los costos del tratamiento de los insumos; en tercer lugar, por un lado está la presión hacia el Estado por mas beneficios sociales desde la población civil, y por el otro, la presión por parte de las empresas por un descenso paulatino de los mismos. Esas tres causas ponen en jaque estructuralmente al capitalismo. En segundo lugar, están las luchas geopolíticas del siglo XXI, que eran principalmente dentro de la Tríada: EEUU, la UE y Japón, en que estos dos últimos se disputarán la hegemonía del centro y EEUU sólo será el “socio menor”, probablemente de Japón debido a su condición económica que no será competitiva, y sus cargas militares que en el futuro serán agobiantes; la segunda lucha entre el norte y el sur, en que cada vez más la polarización económica y demográfica agriará aún más las relaciones, produciéndose incluso casos de guerra comenzadas no por el norte sino por el sur; además una constante llegada de inmigrantes del sur hacia el norte, que causarán problemas en los países del “centro” ocasionando grandes conflictos sociales y políticos allá; en último lugar, está la lucha entre los dos foros mundiales que se plantean el futuro del mundo: Davos y Porto Alegre, ambos con visiones distintas, aquél con tendencia a los privilegios jerarquizantes y éste último con aspiraciones igualitarias y democráticas. Por último, vimos la decadencia del liberalismo que comenzó en 1968 y que culminó con la caída de la URSS, y que ambas fechas marcaron el final del consenso liberal de 1789 a 1989, lo que conlleva a una polarización ideológica mundial. El futuro se ve lleno de conflictos, pero depende de las elecciones históricas y colectivas que hagamos, puesto que ningún lado tiene a la historia de su lado, por lo que, lo que vendrá podría ser tanto un progreso como un retroceso, en eso no hay determinismo de su parte, ya que Wallerstein ve estas épocas de transición como lapsos temporales, en que, el “libre albedrío” es mucho más determinante que la “lógica del sistema”, lo único determinista es que el capitalismo caerá, pero el futuro dependerá según él, de la creatividad humana; sólo queda ver y ojalá presenciar lo que ocurrirá de aquí al 2050, fecha más o menos estimada en que el capitalismo, como sistema histórico, dejará de existir.


[1] Para no ser redundante, usaré indiscriminadamente como iguales: sistema-mundo capitalista, economía-mundo capitalista, sistema mundial capitalista, etc.

[2] Immanuel Wallerstein, El capitalismo histórico, Siglo XXI editores, 6ª edición, 2006, México, p. 31

[3] “Aproximadamente del año 1150 al 1300, se vio una expansión en Europa en el marco del modo de producción feudal, una expansión simultáneamente geográfica, comercial y demográfica. Desde aproximadamente el 1300 hasta el 1450, lo que se había expandido se contrajo de nuevo (···).

Esta contracción, tras la expansión, causó una ‘crisis’, una crisis que fue visible no sólo en la esfera económica sino también en la esfera política (···).

Fueron precisamente las inmensas presiones de esta coyuntura lo que hizo posible la enormidad del cambio social. Porque lo que Europa iba a desarrollar y sostener de entonces era una nueva forma de apropiación del excedente, una economía-mundo capitalista. No iba a estar basada en la apropiación directa del excedente agrícola, en forma de tributo (···) o de rentas feudales (···). En su lugar, lo que iba a desarrollarse ahora era la apropiación de un excedente basado en una productividad más eficiente y ampliada (···), por medio del mecanismo de un mercado mundial, con la asistencia ‘artificial’ (es decir, ajena al mercado) de los aparatos del Estado, ninguno de los cuales controlaba en su totalidad el mercado mundial”. Véase Immanuel Wallerstein, El moderno sistema mundial I. La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI, Siglo XXI editores, 12ª edición, 2007, México, pp. 52-53

[4] La explicación para la incorporación de zonas a la economía-mundo capitalista es según Wallerstein, que “se ha afirmado que la explicación reside en la constante búsqueda de nuevos mercados en los que realizar las ganancias de la producción capitalista. Sin embargo, esta explicación no concuerda con los hechos históricos (···). Pero en general era el mundo capitalista el que buscaba los productos de la arena y no al revés”. Véase Immanuel Wallerstein, El capitalismo histórico, p. 30

[5] El sistema-mundo capitalista o economía-mundo capitalista “es una entidad económica pero no política, al contrario de los imperios, las ciudades-Estado y las naciones-Estado. De hecho, precisamente comprende dentro de sus límites (···) imperios, ciudades-Estado, y las emergentes ‘naciones-Estado’. Es un sistema ‘mundial’, no porque incluya la totalidad del mundo, sino porque es mayor que cualquier unidad política jurídicamente definida. Y es una ‘economía-mundo’ debido a que el vínculo básico del sistema es económico”. Véase Immanuel Wallerstein, El moderno sistema mundial I, p. 21

[6] Los textos en inglés los he traducido yo mismo. “What we mean by core-periphery is the degree of profitability of the production processes. Since profitability is directly related to the degree of monopolization, what we essentially mean by core-like production processes is those that are controlled by quasi-monopolies. Peripheral processes are then those are truly competitive. When exchange occurs, competitive products are in the weak position and quasi-monopolized products are in a strong position. As a result, there is a constant flow of surplus value from the producers of peripheral products to the producers of core-like products. This has been called unequal exchange”. (Lo que queremos decir con centro-periferia es el grado de rentabilidad de los procesos de producción. Puesto que la rentabilidad está directamente relacionada con el grado de monopolización, lo que queremos decir esencialmente con los procesos de producción centrales, es que aquellos están controlados por cuasi-monopolios. Los procesos periféricos son pues, los que realmente son competitivos. Cuando ocurre el intercambio, los productos competitivos están en una posición débil y los productos cuasi-monopolizados están en la posición fuerte. Como resultado, hay un flujo constante de plusvalía desde los productores de productos periféricos a los productores de productos centrales. Esto ha sido llamado intercambio desigual). Véase Immanuel Wallerstein, World-Systems Analysis, Duke University Press, 1ª edición, 2004, 4ª reimpresión, 2006, Estados Unidos, p. 28

[7] Immanuel Wallerstein, El capitalismo histórico, p. 26

[8] “They sought to ensure that regional power structures were efectively subordinated to the overall authority of the monarch. And they sought to ensure this by strenghtening (really by creating) a civil and a military bureaucracy. Most crucially, they sought to give themselves strenght by securing some significant taxing powers with enough personnel actually to collect the taxes”. (Ellos buscaron asegurar que las estructuras de poder regionales fuesen efectivamente subordinadas a la autoridad global del monarca. Y ellos buscaron asegurar esto en fortalecer (realmente en crear) una burocracia civil y militar. Más importante, ellos buscaron darse fuerza a sí mismos en asegurar algunos poderes importantes de gravación de impuestos con suficiente personal, de hecho para recaudar los impuestos). Véase Immanuel Wallerstein, World-Systems Analysis, p. 42

[9] “Normalmente analizamos estos controles de frontera en función de la antinomia entre ausencia total de controles (libre cambio) y ausencia total de libertad de movimientos (autarquía). En realidad, en la mayoría de las épocas y en la mayoría de los países, la política estatal se ha situado entre esos dos extremos. Además, las políticas para los movimientos de bienes, de capitales y de fuerza de trabajo han sido específicamente diferentes. En general, el movimiento de fuerza de trabajo ha estado más restringido que los movimientos de bienes y de capitales”. Véase Immanuel Wallerstein, El capitalismo histórico, p. 39

[10] “Los poderes redistributivos del Estado han sido analizados en a mayor parte (···) en función de su potencial de nivelación. Este es el lema del Estado de bienestar. Pero la redistribución ha sido mucho mas utilizada, de hecho, como mecanismo para polarizar la distribución que como mecanismo para hacer converger los ingresos reales”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 43

[11] “(1) States set the rules on whether and under what conditions commodities, capital and labor may cross their borders. (2) They create the rules concernig property rights within their states. (3) They set rules concerning employment and the compensation of employees. (4) They decide which costs firms must internalize. (5) They decide what kinds of economic processes may be monopolized, and to what degree. (6) They tax. (7) Finally, when firms baed within their boundaries may be affected, they can use their power externally o affect the decisions of other states”. ((1) Los Estados ponen las normas sobre si y en qué condiciones podrían cruzar las mercancías, el capital y la fuerza laboral las fronteras. (2) Crean las reglas con respecto a los derechos de propiedad dentro de sus Estados. (3) Ellos ponen las normas con respecto al empleo y a la compensación de los empleados. (4) Deciden cuáles costos deben internalizar las empresas. (5) Deciden qué tipos de procesos económicos podrían ser monopolizados y en qué grado. (6) Fijan impuestos. (7) Finalmente, cuando las empresas dentro de sus fronteras podrían ser afectadas, pueden usar su poder externamente para afectar las decisiones de otros Estados). Veáse Immanuel Wallerstein, World-Systems Analysis, p. 46

[12] Cf. Immanuel Wallerstein, El capitalismo histórico, p. 46

[13] Immanuel Wallerstein, Ibidem.

[14] Immanuel Wallerstein, Ibíd., pp. 47-48

[15] Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 48

[16] Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 49

[17] Los “ciclos Kondratieff” según Wallerstein: “are the basic cycles of expansion and stagnation in the capitalist world-economy. A cycle, consisting of a so.called A-phase and B-phase, generally lasts fifty to sixty years” (son los ciclos básicos de expansión y estagnación en la economía-mundo capitalista. Un ciclo que consiste en una así llamada fase A y en una así llamada fase B). Quiero dejar en claro, que la fase A es la que representa la expansión económica y que la fase B es de estancamiento o lento crecimiento económico. Véase Immanuel Wallerstein, World-Systems Analysis, p. 95

[18] Immanuel Wallerstein, decadencia del poder estadounidense, Capital Intelectual, 1ª edición, 2006, Argentina, p. 39

[19] Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 41

[20] Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 42

[21] Cf. Immanuel Wallerstein, Ibidem

[22] Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 43

[23] Cf. Immanuel Wallerstein, Ibidem.

[24] Immanuel Wallerstein, Ibidem

[25] Cf. Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 24

[26] Immanuel Wallerstein, El capitalismo histórico, p. 50

[27] La Guerra Fría se “diseñó” según Wallerstein, con los acuerdos de Yalta, en que establecía que ninguna potencia iba a interferir políticamente o militarmente dentro de la otra. Sólo hubo tres ocasiones en que eso se rompió: la crisis de Berlín (1948), la Guerra de Corea (1950-1953) y la “crisis de los misiles” en Cuba (1962), pero siempre se reestableció el status quo anterior. El Plan Marshall, era solamente la otra cara de Yalta, y se refería a la reconstrucción de Europa occidental (incluida la vencida Alemania), pero dicho no llegó a Rusia, por lo que para Wallerstein eso fue decir: nada de interferencia pero nada de ayuda, por lo que EEUU le permitió tener su propio sistema económico a la URSS con los “Estados satélites”, dentro del marco de la economía-mundo capitalista. Véase Immanuel Wallerstein, La decadencia del poder estadounidense., p. 27

[28] Cf. Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 26

[29] Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 175

[30] Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 176

[31] Cf. Immanuel Wallerstein, Ibidem.

[32] Cf. Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 177

[33] Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 178

[34] Cf. Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 179

[35] Immanuel Wallerstein, Ibidem.

[36] Wallerstein en una entrevista y en referencia a la futura lucha en el centro, afirma que “si queremos especular un poco en esta línea, pienso que el que terminaría ganando esta competencia sería mas bien Japón. Pero habría que agregar que esta disputa no va a terminarse así, porque el sistema capitalista ya no va a existir. El sistema capitalista va a terminarse antes de que pueda decidirse si el nuevo ganador sería Europa o Japón”. Véase Carlos Aguirre, Immanuel Wallerstein: crítica del sistema-mundo capitalista. Estudio y entrevista, LOM ediciones, 1ª edición, 2004, Chile, pp. 323-324

[37] Immanuel Wallerstein, La decadencia del poder estadounidense., p. 181

[38] Cf. Immanuel Wallerstein, Ibidem.

[39] Cf. Immanuel Wallerstein, Ibidem. Ahí Wallerstein dio como ejemplos a Corea del Sur y Taiwán

[40] Cf, Immanuel Wallerstein, Después del liberalismo, Siglo XXI editores, 1ª edición, 1996, México, p. 24

[41] Immanuel Wallerstein, Ibidem

[42] Immanuel Wallerstein, La decadencia del poder estadounidense, p. 182

[43] Cf. Immanuel Wallerstein, Ibidem.

[44] Cf. Immanuel Wallerstein, Ibidem.

[45] Cf. Immanuel Wallerstein, Después del liberalismo, pp. 24-25

[46] Cf. Immanuel Wallerstein, La decadencia del poder estadounidense., p. 183

[47] Immanuel Wallerstein, Ibíd., pp. 183-184

[48] Cf. Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 184

[49] Cf. Immanuel Wallerstein, Después del liberalismo, p. 24

[50] Immanuel Wallerstein, La decadencia del poder estadounidense, p. 184

[51] Cf. Immanuel Wallerstein, Ibidem.

[52] “Es muy posible que el Sur dentro del Norte llegue a representar entre 30 y 50 por ciento de la población para el año 2025. Y es muy posible que haya un intento de negarles los derechos políticos, lo que significa que después de doscientos años de integración social de las clases trabajadoras en el Norte volveríamos a la situación de comienzos del siglo XIX”. Véase Immanuel Wallerstein, Después del liberalismo, p. 25

[53] Cf. Immanuel Wallerstein, La decadencia del poder estadounidense, p. 185

[54] Cf. Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 186

[55] Immanuel Wallerstein, El moderno sistema mundial III. La segunda era de gran expansión de la economía-mundo capitalista, 1730-1850, Siglo XXI editores, 2ª edición, 2002, México, p. 72

[56] Cf. Immanuel Wallerstein, Después del liberalismo, pp. 233-234

[57] Cf. Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 237

[58] Cf. Immanuel Wallerstein, Ibidem.

[59] Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 239

[60] Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 245

[61] Esto es una crítica también a ciertas estrategias adoptadas por países del sur –en referencia a Saddam Hussein y a los sucesores de Jomeini- en que “el problema con los impulsos neobismarckianos y antilustración en el Sur es que eventualmente se inclinan a ponerse de acuerdo con sus compadres del Norte, y así se convierten en nuevas fortalezas de los fuertes”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibidem.

[62] Immanuel Wallerstein, Ibidem.

[63] Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 247

[64] Cf. Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 248


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