Chile y su inserción en el sistema-mundo capitalista, o sobre los conceptos de “integración económica” y “globalización”

5 03 2009

Se suele dar por hecho y, casi sin duscusión alguna, que a partir aproximadamente de la década de los ‘70 del siglo XX estamos viviendo por primera vez lo que se conoce por “globalización”. La globalización es comprendida como un proceso en el cual hay una creciente interdependencia —fundamentalmente económica— entre los países: lo que sucede en el Estado-Nación A le afecta al Estado-Nación B, y viceversa. Con esa parte de dicha definición estoy completamente de acuerdo, sin embargo, el concepto es definido normativamente o mejor dicho, prescriptivamente, como si su definición fuese el “deber ser” de dicho fenómeno. Ese encasillamiento normativo dice que la globalización es un proceso que beneficia a todos los países por igual; también sostiene que es un proceso inclusivo y en donde que cada vez  existe más integración (en todos los ámbitos). Pero al mirar lo que acontece en el mundo y cómo ha sido históricamente, uno se puede dar cuenta que eso es mero “ilusionismo retórico”. Incluso, al analizar más a fondo lo que es la globalización, uno puede apreciar que esa definición normativa de dicho proceso es totalmente funcional al discurso dominante del neo-liberalismo. Este discurso neo-liberal acerca de la globalización, afirma que éste es un proceso nuevo (de apenas los años ‘70), y que asi mismo genera lo que se llama como “integración económica” a nivel interestatal con el fin de formar bloques regionales.

Lo que vengo a cuestionar aquí es dicha definición “normativa” como si fuese “novedosa” de la “globalización”. Yo estoy de acuerdo, junto a otros teóricos de que la globalización es un proceso tan antiguo como la economía-mundo capitalista (Wallerstein, Harvey). Pero si la globalización es mas antigua de lo que afirma el discurso neo-liberal, entonces también estaría poniendo en boga a otros conceptos que engloban a la globalización, y en particular estaría poniendo en tela de juicio el concepto de “integración económica”, ya que si la globalización es más antigua que 30 años, entonces ¿de qué integración económica nos están hablando si las zonas geográficas mundiales ya se integraron en el sistema desde más o menos el siglo XV en adelante?, ya que si las cadenas circulatorias mercantiles eran previamente existentes a las contemporáneas “integraciones exonómicas”, entonces no se está teniendo una visión histórica y largo-placista de dichos fenómenos. Y tocando el tema con el caso de Chile, nuestro país no se globalizó recién a finales del siglo XX gracias a la “buena” obra de Pinochet o a los “excelentes” manejos macroeconómicos de la Concertación; Chile ya estaba globalizado mucho antes de lo que afirma el discurso dominante de las élites político-económicas.
Para sostener mi tesis, de que la globalización es más antigua que el neo-liberalismo, tendré que remitirme al “análisis de sistemas-mundo”, cuyo exponente Immanuel Wallerstein elaboró. desde los ’70 en adelante. Según él, la economía-mundo capitalista se originó por allá por los siglos XV-XVI en la Europa occidental como producto de la crisis del modo de producción feudal, y que posibilitó la aparición del sistema social histórico capitalista. Este sistema es de carácter eminentemente económico, en que hay una acumulación diferencial de capital dentro del sistema, notándose así diferenciaciones en el “desarrollo” o desempeño económico de las diferentes zonas geográficas, originándose de esa manera una división tripartita dentro de la economía-mundo capitalista: centro, periferia y semi-periferia. Hay que destacar a primera vista, que dicha división en tres zonas geográficas del sistema, se debe más que nada a la llamada División Internacional del Trabajo, en donde existe una jerarquización laboral, en donde en los países del centro los trabajadores tienen una mejor condición laboral (salario monetizado) frente a los trabajadores de la periferia (en donde reinan modos de producción “precapitalistas”). Y gracias a esta División Internacional del Trabajo se da una acumulación diferencial de capital, pero no sólo gracias a que en ciertos sectores no se paga por la fuerza de trabajo, sino también porque en los Estados del centro se llevan a cabo procesos productivos con tecnología de punta, lo que no sólo permite producir artículos de alta tecnología, sino que también permite producir más y mejores artículos de consumo masivo.

¿Cooperación internacional?

¿Esta es la Globalización?

Además, como mecanismo de funcionamiento del sistema mundial, el capitalismo debe constántemente expandirse, pero no para tener nuevos mercados, sino con el fin, primeramente de buscar nuevos productos exóticos para introducirlos en los mercados previamente existentes. Con el paso del tiempo, a medida que se comercia con las “arenas externas”, éstas últimas se van incorporando dentro de la economía-mundo capitalista. Esto último, plantea el problema de cuándo verdaderamente una zona geográfica que engloba mercados “locales” y/o “nacionales” se incorporan (integran) a la economía-mundo capitalista. Creo que la respuesta la dio Marx en los Grundrisse, cuando afirmaba que el mercado mundial necesita no sólo constituirse por artículos de lujo, sino que debe componerse fundamentalmente de artículos de uso masivo. Al ver esa afirmación de Marx, pareciera que no tuviera sentido, pero al analizarla más se puede apreciar que tiene mucho sentido, y por dos razones. 1) Para formar y solidificar vínculos de dependencia económica entre los Estados, y más aún si es que se ejecuta por medio de la especialización productiva. Y 2) para que la explotación coactiva extra-económica, es decir política, en la producción de ciertos artículos necesarios no pueda ser percibida en los “mercados locales”, y por ende, para que no surjan protestas; por lo que, al esconder la explotación política en la que se lleva a cabo en la periferia del sistema-mundo, se sigue consumiendo tal artículo, puesto que al consumir una mercancía, al consumidor poco le importa de dónde y cómo se produjo dicho objeto. En suma, esta segunda razón es para darle una cierta estabilidad política y social al sistema-mundo en el largo plazo.

Algunos, se preguntarán ¿qué tiene que ver el sistema-mundo capitalista con Chile? Yo diría que tiene mucho que ver, puesto que permitiría dilucidar cuestiones como el comienzo del capitalismo tanto en América Latina, como en Chile en particular. Pues, no hay que olvidar que el capitalismo o el modo de producción capitalista presenta grandes problemas empíricos sobre todo en los países de la periferia y la semi-periferia del sistema-mundo. Se han hecho preguntas como: ¿cuándo comenzó realmente el capitalismo?, ¿cuando llegaron recién los españoles?, ¿con la formación de los Estados-nación en América Latina y con la consecuente conformación de los llamados “mercados nacionales”?. Estos problemas eran patentes, ya que las formas económicas visibles en América Latina y en Chile, eran más bien “precapitalistas”, en donde no mediaba por lo general el dinero, y en dónde existía en mayor parte la coacción física como motor de la explotación de la fuerza de trabajo. Dentro de la perspectiva de los “análisis de sistemas-mundo” se puede entender que el capitalismo ha sido algo foráneo al continente americano. En otras palabras, el capitalismo fue “originado” o introducido por los españoles en la America Colonial no destruyendo los modos de producción precapitalistas en el continente, sino más bien subordinándolos al capitalismo, y en última instancia, subordinándolos al llamado mercado mundial. Con la economía-mundo capitalista entonces, los modos de producción “precapitalistas” no se destruyen, más bien se combinan con el modo de producción capitalista, en un mismo espacio geo-histórico ya que éste último es en última instancia el que domina, especialmente en el ámbito del mercado mundial. Por tanto, desde esta perspectiva Chile ya desde que pasó a ser colonia española estaba ya integrada al mercado mundial.

Pues, Chile en calidad de colonia no sólo exportaba artículos de lujo a España: oro y plata (que causaron la “revolución de los precios” en Europa), sino también exportaba por medio de los “mercaderes del sebo” al Virreinato del Perú: charqui, vino y otros artículos masivos; mientras que del Perú a Chile llegaban: libros, muebles, y otros artículos de lujo (para eso se puede revisar la “Historia de la acumulación capitalista en Chile” de Gabriel Salazar). Se podrá discutir que en ese entonces, el alcance o radio de exportación chilena llegaba solamente hasta el Perú, pero este útimo territorio a su vez también estaba “incorporada” o “integrada” a la economía-mundo capitalista vía España. Y no hay que olvidar quetambién existió lo que se llamaba el contrabando, que eran incursiones tanto de barcos holandeses, ingleses y franceses dentro de las costas coloniales españolas en América, que tenían por objeto comerciar ilegalmente con las colonias españolas americanas y sabotear de esa manera el monopolio colonial establecido por España. Y esa tendencia siguió hasta que España dejó de ser un imperio colonial en América, estableciéndose así después de las guerras de Independencia, el llamado “imperio informal británico”. Ese “imperio informal británico” es la transferencia de capitales ingleses a América Latina y a Chile en particular, con el fin de sacar ganancias. Y ¿cómo entraban esos capitales?, principalmente a través de los empréstitos otorgados a los independentistas, y después a mediados del siglo XIX, por medio de una incipiente industrialización proveniente de tecnología inglesa, traída por capitales ingleses (y después franceses y alemanes). Lamentablemente, durante toda la historia del capitalismo chileno, las élites político-económicas chilenas, nunca se preocuparon de verdad en pasar al capitalismo industrial y sólo se quedaron a medio camino entre el modo de producción precapitalista y el capitalismo industrial: sólo lograron avanzar -según Gabriel Salazar- hasta el capitalismo mercantil. En pocas palabras, las clases dominantes chilenas lo único que realizaban por lo general, era importar desde afuera y vender al interior del país y viceversa, con la lógica D-M-D’, o sea comprar barato para vender caro. Por tanto, las clases mercantiles chilenas, expoliaban constantemente a los sectores productores de la economía -ya sea colonial y/o nacional- chilena no coadyuvando de esa manera a una industrialización sostenida del país. Aunque este último tema rebasa los límites de este pequeño artículo.

Baile de Gobierno durante el siglo XIX

Baile de Gobierno durante el siglo XIX

Entonces, como se puede apreciar, la “integración económica” al mercado mundial por parte de Chile ya era una realidad existente mucho antes de lo que afirmaban las élites político-económicas chilenas durante el gobierno de Pinochet y los gobiernos de la Concertación. Chile ya estaba netamente globalizado desde aproximadamente el período como colonia española. Entonces ¿qué es lo estrictamente novedoso además del concepto de “globalización”? Lo novedoso de esa manera no es ni la globalización como realidad histórica de interdependencia interestatal a nivel económico a partir de los ’70; y lo novedoso tampoco es la “integración económica”, ya que previamente al neo-liberalismo ya existían cadenas de mercancías entre el mercado mundial y Chile. Lo estrictamente novedoso, además del concepto de “globalización”, es que los diferentes Estados-naciones estén llevando a cabo procesos de “homogeneización económica”. Y ¿qué quiero decir con aquel par de conceptos?, pues solamente que desean estandarizar aun más ciertos procesos económicos, especialmente la realización de uniones aduaneras, la formación de una moneda común (de carácter supra-nacional), y de la mano con la moneda común, la implementación de una política monetaria (y económica) también con carácter supranacional. Creo que tales son los procesos históricos estrictamente novedosos que se están llevando a cabo hoy en día, lo que conlleva a la formación de los bloques regionales, como por ejemplo: la Unión Europea.

Me podrán criticar mucho por el esquematismo de esta breve exposición acerca de la inserción de la economía chilena dentro de los confines de la economía-mundo capitalista. Pero debo recalcar que sólo con una visión histórica que tome en cuenta tanto factores estructurales y de larga duración (como Braudel y Wallerstein), es posible entender el devenir histórico de la economía chilena (tal como lo hizo Gabriel Salazar). Esta visión histórica estructural y largo placista permite:

  1. Problematizar los discursos dominantes actuales, es decir, permite desnaturalizarlos y analizar hasta qué puntos son tan reales, en particular con los conceptos de “globalización” e “integración económica”, más una seguidilla de conceptos vinculados a los discursos dominantes neo-liberales.
  2. Poner a prueba el “análisis de sistemas-mundo” en cuanto a su definición de incorporación de “arenas externas” a la economía-mundo. O en otras palabras: este análisis permitiría establecer criterios de cuándo empíricamente un mercado “local” y/o “nacional” externo al sistema-mundo se inserta en el mismo, es decir, cuándo realmente se globaliza.
  3. Comprender las “paradojas” en cuanto a la existencia de dos o más modos de producción en una misma zona geográfica y en un mismo lapso temporal. Además, permitiría entender que tal no es una paradoja, sino más bien una articulación de los distintos modos de producción en torno a uno dominante: el capitalista.
  4. Junto con lo anterior, entender que a raíz de dicha jerarquización de los modos de producción, existe además una jerarquía en cuanto a la fuerza de trabajo, no sólo a nivel del sistema mundial, sino también a niveles “nacionales” y “locales”. Y junto con eso, permite encadenar todos los procesos productivos en un todo coherente en donde la acumulación capitalista diferencial es la base de esta jerarquización en la División Internacional del Trabajo.

Sólo en base a esta teorización, tanto marxista como estructural y a largo plazo, es posible entender la historia económica chilena y desenmascarar “ilusionismos retóricos” por parte de los discursos dominantes neo-liberales. Por eso mismo, no sólo hay que conformarse con hacer estudios demasiado ideográficos y de corto plazo (coyunturas), sino que hay que aventurarse a realizar estudios tanto nomotéticos e ideográficos a largo plazo (ciclos y tendencias), para así poder apreciar las continuidades y los cambios enmarcado en un período histórico.

Luis Garrido Soto


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