La “crisis del siglo diecisiete”. Por Immanuel Wallerstein

24 10 2009

“Es claro que el siglo diecisiete —con una economía-mundo más grande de lo que lo era en el siglo dieciseis— vio una nueva división de riqueza, bajo el estandarte de una competencia multifacética, sin trabas de lealtad, feroz y premeditada, puesto que el declive y la estagnación fueron pobres consoladores: nada fue cedido, todo fue tomado que pudiese ser tomado, ya sea del vecino o del distante rival” [F. Braudel, P. Jeannin, J. Meuvret, R. Romano]

Comenzaré con una perspectiva histórico-mundial sobre el subdesarrollo. ¿Qué significa eso? Esencialmente dos cosas. Primero: que los procesos económicos en el mundo moderno toman lugar en el marco de un sistema que podríamos llamar economía-mundo capitalista, y que el “subdesarrollo” es por eso meramente un término descriptivo para esa parte de los procesos (procesos, no estado de cosas) encontrados en las áreas periféricas de esta economía-mundo. Segundo: que ni el “desarrollo” o el “subdesarrollo” de cualquier unidad territorial específica puede ser analizado o interpretado sin acomodarlo en los ritmos cíclicos y tendencias seculares de una economía-mundo como un todo.

Me gustaría explorar aquí las consecuencias particulares de una fase B. Al comienzo, debo indicar que hay una ambigüedad en la expresión fase B. Hay de hecho dos ciclos A-B. Están los ciclos Kondratiev, regresando ahora a la popularidad, los cuales en mi opinión de verdad existen. Un ciclo Kondratiev con una fase A de expansión y una fase B de contracción, que dura aproximadamente de cuarenta a cincuenta y cinco años. Hay sin embargo, ciclos más largos en adición a los cuales Rondo Cameron les ha dado el nombre “logísticas”. Estas duran aproximadamente 150-300 años. Esas son llamadas logísticas porque toman la forma de una curva logística estadística, en que aunque la fase A es una expansión, la fase B no es una contracción sino una estagnación. Cuando hablamos del “largo” siglo dieciséis como una fase A, y el período 1600-1750 como una fase B, nos referimos a una de estas logísticas. Y esto es de lo que voy a hablar, de la fase B de la logística: la así llamada “crisis del siglo diecisiete”.

Estas logísticas son importantes teoréticamente, no solamente porque describen una realidad social, sino porque ellas mismas son evidencia de la existencia de una economía-mundo capitalista. Dejen explayarme. La Edad Media tardía es generalmente considerada de haber mostrado una fase A y una fase B. Aunque los académicos debatan las fechas exactas, los años 1100-1250/1300 como la fase A y 1300-1450 como la fase B están bastante establecidos en la literatura. De esta forma, tenemos dos ciclos largos sucesivos, cada uno de alrededor de 300 años: 1100-1450, 1450-1750. Hay destacadas diferencias entre los dos ciclos. En el período 1100-1450, la fase A vio expansión de la población, comercio y de la tierra bajo cultivo, el fortalecimiento de los aparatos políticos, y la expansión de las obligaciones feudales de los trabajadores rurales  hacia sus señores. La fase B vio el opuesto exacto de cada una de esas tendencias: la caída de la población, comercio y tierra bajo cultivo (Wüstungen), el debilitamiento de los aparatos políticos centrales, y el declinamiento de las obligaciones feudales. Las expansiones y contracciones tomaron lugar más o menos uniformemente a lo largo de Europa. En el período 1450-1750, la fase A vio expansión de la población, comercio y tierra bajo cultivo, como antes. Sin embargo, en términos de los aparatos políticos, ellos fueron fortalecidos en algunas áreas (fundamentalmente en Europa occidental) y debilitados en otros (fundamentalmente en Europa oriental). En términos de obligaciones “feudales”, fueron fortalecidas en algunas áreas (la “segunda servidumbre” en Europa oriental) pero fueron aun más debilitadas en otras áreas (fundamentalmente en Europa nor-occidental).

La fase B de la logística de 1450-1750 es incluso más diferente de la logística de 1100-1450 que la fase A. En vez de un declinamiento de la población, comercio y tierra bajo el cultivo, hubo estagnación como se calculó a lo largo de Europa; y este estancamiento global era un vector de muchas curvas -algunas zonas expandiéndose, algunas manteniendo el nivel e incluso otras declinando. En términos de ambos: los aparatos políticos y de las obligaciones de los trabajadores rurales hacia sus señores, en vez de las tendencias de la fase A siendo revertidas por la fase B (como había sucedido en 1100-1450), las tendencias de la fase A de 1450-1750 fueron reforzadas en la fase B. Las obligaciones de la servidumbre se hicieron incluso más grandes en Europa oriental, y los Estados incluso más débiles, etc.

Las implicaciones de estas varianzas son claras. El período 1100-1450 fue un período en el cual el modo de producción feudal dominaba Europa. Una de las características de este modo de producción es la segmentación relativamente alta de las áreas adyacentes. Los factores que explican la expansión y la contracción, sean cuales sean, aplicaron relativamente uniforme en todo el área. El período 1450-1750 fue un período en el cual una economía-mundo capitalista entró en existencia en Europa. Una de las características de este modo de producción es el grado relativamente alto en que los procesos económicos en diferentes áreas están interrelacionados, tales como el funcionamiento del sistema que lleva a una jerarquización espacial cada vez más incrementada. En vez de uniformidad, encontramos diferenciación. En vez de una fase B siendo la imagen de un espejo de una fase A, encontramos un patrón asimétrico en el patrón de desarrollo. Ahora déjenme esbozar bastante brevemente los desarrollos asimétricos en las tres zonas espaciales que podemos indentificar —el centro, la periferia y la semi-periferia— y después añadir un comentario sobre el impacto de la fase B en la arena externa.

Un descenso en la economía-mundo capitalista representa el mismo problema para todas las zonas. La demanda es lenta y las ganancias decaen. Para mantener el mismo nivel de ganancia, uno debe o reducir de alguna manera los costos, o incrementar su parte del total del mercado precisamente en un momento cuando el mercado no se está expandiendo. Uno puede reducir los costos al aumentar la eficiencia o al extraer una tasa más alta de plusvalor de la fuerza de trabajo. Uno puede incrementar su parte del mercado al vender mas barato, al monopolizar o al ser el beneficiario de las fallas de los competidores. Cualquiera y todos esos medios son virtualmente contemplados por todos, pero sólo unos pocos actores pueden ser exitosos en la mantención o expansión de su ventaja en medio de una adversidad económica general. Es por esta razón que los descensos son siempre un momento de concentración incrementada de capital. Esto es realizado al nivel de una empresa, pero también es realizado al nivel de la economía-mundo como un todo. La “crisis del siglo diecisiete” fue específicamente asociado históricamente con el auge del “mercantilismo” como una ideología. Pero el mercantilismo es simplemente la respuesta de todos los actores (excepto los demasiado fuertes) a una economía apretada para mantener el nivel de ganancia al arrinconar mercados en el corto plazo, y al incrementar las eficiencias globales de producción en el mediano plazo.

Los países del centro

En la fase B de una logística, los países del centro tienen ciertas fortalezas que pueden utilizar. Pueden utilizar una desproporcionada resistencia en experticia tecnológica para mejorar técnicas para producir competitivamente productos que en la fase A habían estado localizados en la periferia. Ellos por tanto, forzan a las periferias también para que busquen reducir la especialización. Pero si las áreas centrales pueden, durante la fase B, maniobrar para resistir tanto o al menos tanto como la parte de la producción mundial de los productos en los cuales ellos previamente se habían especializado, ellos pueden de hecho incrementar la concentración de capital en el centro a expensas de la periferia. Específicamente, en el siglo diecisiete, si miramos hacia el mercado mundial por dos productos clave, cereales y textiles, podemos ver que esto es exactamente lo que ha sucedido. Hubo una incrementada eficiencia de la producción de cereales en las Provincias Unidas, Inglaterra y en el norte de Francia,que efectivamente desplazaron la producción del oeste y del sur de Europa. Al mismo tiempo, la producción textil ascendió solo marginalmente en las áreas periféricas. Por consiguiente, en un burdo resumen, para 1700, Europa nor-occidental hizo las ganancias de los textiles y de los cereales, y Europa oriental de ninguno.

A la llegada del largo declive económico, las Provincias Unidas era, entre las potencias centrales, el productor agro-industrial más eficiente por mucho. Era esta eficiencia productiva lo que lo llevó a su primacía comercial, que de retorno hizo posible su centralidad financiera. La triple superioridad fue sucesiva pero traslapada en el período 1725-1772, el cual podría ser designado como el período de la hegemonía holandesa. La hegemonía holandesa fue marcada por un Estado fuerte. Su fortaleza puede medirse internamente por la tasa relativamente baja de turbulencias internas, el alto grado de eficacia de las decisiones estatales (sin embargo en la superficie aparentó ser una maquinaria lenta y pesada), y su capacidad de servir como centro mundial de refugiados políticos así como por el bienestar social interno. Externamente, su fuerza estaba por supuesto en su marina —así como también en su ejército (después de las reformas de Maurice de Nassau). Esto era, en pocas palabras, en la frase de Renier, una “dictadura social de la clase media”.

Fue inicialmente  en oposición a esta hegemonía que Inglaterra y Francia enunciaron políticas mercantilistas. El Acta de Navegación inglesa de 1651 puede ser considerado la salva inicial de un serio ataque. Pues tomó solo veinte años destronar a los holandeses de su posición hegemónica. 1672, el así llamado Año del Desastre marca el momento decisivo. Fue menos lo que los holandeses hayan perdido demasiado que lo que ingleses y franceses hayan avanzado tanto, y que pudieran considerar más vital su batalla en contra del otro por la sucesión que la batalla de los dos en contra de los holandeses, ahora claramente en “declive”. En ambos, el período antes y el período después de 1672, las tácticas inglesas y francesas se centraron en, 1) incrementar las eficiencias de su propia producción y, 2) la creación de mercados protegidos. El incremento de las eficiencias en la agricultura tomó ambas formas de mejoras agronómicas (En Inglaterra, pero también en el norte de Francia), y de una incrementada concentración de la propiedad —en particular, el agudo declive de los pequeños y medianos propietarios-ocupantes (conocidos en Inglaterra como el granjero yeoman y en el norte de Francia como el laboureur con una charrue).  En torno a la protección industrial, el momento del gran incremento de eficiencias es considerado generalmente para después de 1750. Pero hasta el momento así como hubo mejoras en el período 1600-1750, aparecieron ser aproximadamente paralelas en Inglaterra y Francia.

La nueva colonización del Caribe “extendido” tiene que ser visto como parte de este mismo movimiento de concentración de capital en el centro. (El Caribe extendido es definido como la zona tropical y semi-tropical que queda entre el Valle Chesapeake de Norteamérica y Brasil). Esta zona ya estaba en parte colonizada por España y Portugal. El descenso económico en la economía-mundo llevó a las potencias del centro de la Europa nor-occidental en los comienzos del siglo diecisiete a explorar las ventajas económicas de crear nuevas áreas de producción primaria bajo su control directo. En el caso del trigo, podían obtener la transferencia del lugar de producción meramente por mejoras agronómicas. Pero el azúcar, por razones climáticas, nunca podría ser cosechado en Europa nor-occidental. Una alternativa, que tenía similares consecuencias para la acumulación de capital, fue la creación de “colonias de azúcar” en el Caribe. Donde áreas estaban sin colonizar, los tres poderes centrales se involucraron en una lucha competitiva por territorio. Donde España y Portugal ya ocupaban territorio, probó ser económicamente viable y más fácil políticamente obtener los mismos beneficios por medio de la creación de un sistema de comercio, en parte legítimo y en parte contrabando, lo que convirtió a España y Portugal en cadenas de montaje económicas entre Iberoamérica y Europa nor-oocidental.

Pero hubo una segunda colonización en este tiempo en las Américas —en las zonas temperadas, mas destacadamente en Nueva Inglaterra y en las áreas del Atlántico Medio de Norteamérica. El motivo aquí no era la concentración de la producción de alimento básico bajo el control directo de un país central, sino la creación de mercados protegidos para los manufactureros centrales. Y aquí, no como en el Caribe extendido, encontramos diferencias entre las potencias centrales: sólo Inglaterra colonizó. Para ver por qué esto debió haber sido así, déjenos volver a la comparación de Inglaterra con el norte de Francia como las zonas centrales en competición (en vez de Inglaterra con Francia). En este caso, la salida de Inglaterra para el excedente del trigo y el excedente de las manufacturas estaba localizado en el comercio exterior. Pero, la salida del excedente para los mismos excedentes podrían estar, al menos en parte, en el sur de Francia. Uno podría describir los intentos colbertianos de crear una Francia más integrada política y económicamente, en parte, como una alternativa a la colonización inglesa de las zonas templadas de Norteamérica. Esto podría ser consonante con ambas, la ausencia de intentos paralelos franceses de colonizar zonas templadas y, la ausencia de construcciones paralelas inglesas de una superestructura burocrática en ese tiempo. L’ etat, c’ est moi no era el eslogan de un Estado fuerte, sino el lema de guerra de uno débil buscando ser tan fuerte como el inglés.

La periferia

Si la concentración incrementada de capital en el centro es consecuencia de una fase B, se sigue que la periferia tiene que sufrir económicamente incluso más en las fases B que en las fases A. Este cuidadoso comportamiento podría tomar la apariencia de involución y de una minorizada participación en el comercio exterior;  pero en realidad es de hecho más “subdesarrollo”. Permítasenos cambiar nuestra perspectiva a la de los mayores dueños-productores en la periferia quienes, en la fase A, se han especializado en la exportación de productos básicos para el mercado mundial. ¿Cómo pueden maniobrar de cara con la llegada de un mercado mundial debilitado para sus productos —un debilitamiento provocado por la sobreproducción en relación a la demanda mundial, y evidenciada por la caída de los precios mundiales (ambos nominales y reales)? Pueden reaccionar como cualquiera: al buscar una baja de costos y al ganar una parte incrementada del mercado mundial. Los grandes dueños-productores pueden bajar los costos por ambas usando su poder político y económico combinado sobre los trabajadores rurales para obtener un incremento en la cantidad de trabajo-corvée (que sucedió en todas partes en Europa oriental en esta época) y terminando (lícita o ilicitamente) tenencias de alquiler y forzando a los granjeros arrendatarios al rol o de siervos o de trabajo asalariado (que sucedió en Europa oriental, occidental y del sur en este tiempo). Los grandes dueños-productores pueden expandir su parte del mercado meramente incrementando el trabajo-corvée (por eso, dejando a los siervos menos tiempo para la producción independiente para el mercado). En adición, ellos pueden comprar las tierras puestas para la venta por los inquilinos que han sufrido reveses económicos. Tales compras (con frecuencia forzadas) ocurrieron a lo largo de Europa. Pero en las áreas periféricas tales tierras fueron a menudo dejadas sin cultivar (reducción del uso global de la tierra), mientras que en las áreas centrales tales tierras fueron precisamente fructíferas por las nuevas mejoras técnicas.

Hubo dos consecuencias claras de tales tácticas. La producción inicial incrementada por los grandes dueños-productores, llevó al agotamiento de ambos, la tierra y el tabajo, y fue reflejado en subsiguientes hambrunas, epidemias, etc., resultando a largo plazo en decreciente producción global. La tierra fue crecientemente concentrada en las manos de los grandes dueños-productores. Ambos en la periferia y en el centro, y por supuesto, también en la semi-periferia, el leitmotif de la fase B fue el masivo declive del granjero yeoman. El que haya sobrevivido en regiones vinícolas lo resalta más claramente como una excepción; ¿pero incluso allí no declinó relativamente?

En la periferias, dos cosas fueron junto con estos cambios en la estructura agrícola. En donde las mejoras agronómicas en el centro fueron eliminando, para este período, el mercado de productos básicos de las áreas periféricas, el declive del pequeño dueño-productor y/o del inquilino-productor significó que hubo un mercado incrementado en las áreas periféricas para los productos de los grandes dueños-productores, quienes por tanto, continuaron a producir para el mercado. El mercado ahora, sin embargo, ya no era más el mercado “mundial” sino que devino “regional”. Pues los mercados regionales proporcionaban un ingreso total menor para los grandes dueños-productores de lo que lo hacia el mercado mundial en la fase A, los grandes dueños-productores buscaban suplementar sus ingresos al recrear la producción industrial local para el mercado regional. Tal producción había descendido drásticamente en la fase A, mientras los textiles y artículos metálicos eran importados de los países del centro. Ahora, en cualquier caso, no existía el oro/plata en lingotes con el cual importar esos bienes. La producciñon textil no-suntuaria y metalúrgica revivió, ya sea directamente  en los dominios de los grandes dueños-productores, o en las industrias putting-out (Verlagssystem). A este proceso, al cual actualmente llamaríamos “sustitución de importaciones”, se añadió una creativa innovación: la industria del alcohol. La producción de vodka, y la extensión de las vinícolas para un mercado masivo fue propulsado por los grandes dueños-productores en las áreas periféricas, quienes monopolizaron legalmente esta producción y estimularon activamente los nuevos patrones de gusto de los estratos más bajos. Esta industria reciente fue económicamente de mucha importancia en continuar la concentración de capital en las manos de los grandes dueños-productores periféricos. La concentración incrementada de capital en las manos de los grandes dueños-productores fue de mano en mano con el incremento de sus derechos políticos y juridicción legal. La fortaleza del Estado o declinó constantemente (como en Polonia) o devino completamente subordinado a Estados foráneos (Hungría, Livonia, Nápoles, etc.) cuyos proconsules llegaron a términos con la aristocracia local al extender  estos dominios judiciales y exenciones impositivas.

La semi-periferia

¿Qué de las áreas semi-periféricas? ¿Compartieron las ventajas relativas de las áreas centrales o el declive relativo de las áreas periféricas? Aquí debemos distinguir entre aquellas áreas que eran semi-periféricas como parte de un “declive”, y áreas que eran o se convirtieron “semi-periféricas” como parte de un auge. La asignación de roles en un mundo capitalista no es estática. De hecho, es particularmente en la fase B donde ocurre el movimiento posicional. En general, las áreas semi-periféricas en descenso parecían mas como zonas periféricas, mientras que las pujantes áreas semi-periféricas compartían algunas ventajas y características de las áreas centrales. En particular, las tácticas mercantilistas estaban probablemente asociadas con éstas que con aquéllas. Ejemplos de áreas declinantes fueron España, Portugal, y los Estados  ubicados en la vieja espina dorsal de Europa (norte de Italia, las Alemanias del sur y del oeste incluyendo Sajonia, los Países Bajos españoles). Ejemplos de áreas pujantes eran notablemente Suecia, Brandemburgo-Prusia, las zonas tampladas de la Norteamérica británica y hasta cierto punto Austria. (Dinamarca, Noruega, y Finlandia deberían ser pensadas como partes de la zona semiperiférica).

Notamos inmediatamente que todas las zonas semi-periféricas “declinantes” sufrieron descensos de población en esta era como lo hicieron las zonas periféricas, mientras que las “pujantes” zonas semi-periféricas todas fueron zonas de relativa expansión demográfica. El poder del Estado en estas zonas semi-periféricas declinantes puede ser dicho claramente que declina vis-à-vis otros Estados (tanto para que hubiese incluso un intento de partición de España en un momento, no obstante uno abortivo). El poder de estos Estados en relación a las fuerzas internas regionales y aristocráticas era ambiguo: lo menos que se puede decir es que era un dominio de constante lucha. La aristocracia continuó dominando la administración del Estado. Desde el punto de vista de las potencias del centro, estos estados eran presas en cuyos asuntos internos se sintieron libres para intervenir. Todos sus ejércitos se debilitaron. Si su poder no declinó aún más, fue precisamente por la protección proporcionada por la aguda competencia entre las potencias del centro. Aunque, a grosso modo, se puede decir que en el curso del siglo diecisiete Portugal devino económicamente en un satélite de, y primero en cadena de transmisión para, primero los intereses holandeses, después ingleses, mientras que España jugó ese rol para Francia. Consiguientemente, los Estados de Europa nor-occidental expandieron significativamente su comercio no solamente con la península Ibérica misma sino también con la América Ibérica. Esta es la era de la “des-industrialización” relativa del norte de Italia y de España central, e incluso para los Países Bajos españoles y en el Rin. En la medida en que la producción mundial industrial fue reducida, estas fueron las áreas donde se hicieron tales reducciones.  Dentro de estas áreas, hubo una transferencia del capital hacia la inversión en agricultura; y ahí como en otras partes los dominios señoriales crecieron a costa de la economía campesina. Las administraciones del Estado no fueron generalmente exitosas al implementar políticas mercantilistas. Desde la perspectiva de estos Estados, el siglo diecisiete fue una era sombría.

El panorama fue más bien diferente en Suecia y en Brandemburgo-Prusia. Ambas fueron instancias de maquinarias estatales que deliberadamente buscaron ventajas de una fase B, y las subsiguientes agudas rivalidades entre las potencias centrales para hacerse un nuevo lugar para ellos mismos. Suecia al principio efectivamente parecía que le estaba yendo muy bien, hasta que sus aspiraciones fueron quebradas en la Gran Guerra del Norte. Brandemburgo-Prusia comenzaron desde una base infinitamente más débil, pero fue capaz al comienzo del siglo dieciocho de pasar a Suecia, y de emerger al final de la fase B como uno de los grandes beneficiarios semi-periféricos de la época. Sin tratar aquí las especifidades históricas de lo que hizo esto posible para que estos dos Estados cometieran esta operación de “autosuficiencia” cuando otros no podían y no lo hicieron, y para que Prusia fuese exitosa donde Suecia eventualmente falló, unos pocos puntos sin embargo pueden hacerse. En la naturaleza de las cosas, el camino “prusiano” no era un camino que todos pudiesen tomar. Muchos podían tratar, pero una economía-mundo en estancamiento con una incrementada concentración de capital no era compatible con la emergencia de muchos nuevos centros de acumulación de capital. Segundo, el arma clave que tanto Suecia como Prusia, usaron fue la creación de una fuerza militar fuerte, que solamente hizo posible las medidas mercantilistas centrales a la estrategia. Por supuesto, los militares fuertes requirieron una fuerte base impositiva, que necesitó una administración eficiente -una relativamente abierta a los talentos. Tercero, debería ser observado que tanto Suecia como Prusia, buscaron activamente manipular las rivalidades de las potencias centrales, ambos para asistir su avance e incluso más importante, para bloquear movimientos negativos en contra de su avance. Ellos hicieron esto al alternar alianzas y sobornos económicos (por ejemplo, abriendo sus economías “protegidas” en coyunturas cruciales a las inversiones de países centrales, y sus aparatos administrativos a personal de los países centrales). En lenguaje del siglo veinte, ellos jugaron muy bien el rol neo-colonial. Ellos fueron asistidos en este juego por el hecho de que no eran los ricos premios per se que eran España, Portugal y el norte de Italia.

El caso de Nueva Inglaterra y de los Estados del Atlántico Medio es  uno muy particular, y es solamente al extender  nuestro lenguaje que podemos llamar a estas áreas semi-periféricas en el siglo diecisiete. Pero el trabajo preliminar para el posterior desarrollo, estaba dado entonces en el crecimiento de una gran industria de construcción naval y de otras industrias menores. Su ventaja es que ellos eran colonos en un área de poder no tropical que fue para ganar esta competencia, y que la estrategia mercantilista de Inglaterra los beneficio a ellos inadvertidamente. Cuando los ingleses se dieron cuenta de esto, a finales del siglo diecisiete, trataron de revertir estas cosas pero históricamente era muy tarde.

Concluiré con un breve comentario sobre la arena externa. Ya en el largo siglo dieciseis, Rusia, el Imperio Otomano, la India y Africa occidental fueron todos vinculados por el comercio a la economía-mundo europea, pero externamente y no esencialmente. ¿Qué ocurrió en la fase B? Los intentos de las potencias centrales para mantenerse en estos tiempos de adversidad económica, los llevó a tratar de buscar nuevas fuentes de ganancia al importar nuevos productos básicos de estos países. Pero la debilidad de estos mismos Estados centrales, concerniente primordialmente en su lucha contra cada uno, hizo esto imposible para los Estados del centro para minar suficientemente el aparato de Estado en estas áreas externas así como para “periferializarlas”. Esto solamente ocurriría después de 1750. La fase B representó, por eso, un período de corrosión “económica” para estas arenas externas que sin duda prepararon el terreno para lo que vino más tarde. Pero  eso no era lo suficientemente, desde mi punto de vista, como para argumentar que estos Estados ya habían sido incorporados en ese tiempo a la economía-mundo.

Una fase B es, como podemos ver, un tiempo de gran movimiento posicional. Representa estancamiento general, para estar seguros, pero estancamiento como la suma de una concentración incrementada de capital y, por eso, de polarización incrementada y diferenciación. Esto no disminuye la velocidad del funcionamiento del capitalismo; esto es más bien una parte integral de él.

Autor: Immanuel Wallerstein

Texto publicado en New Left Review, Nº 110, Julio-Agosto 1978, pp. 65-73

Traducido por Luis Garrido


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One response

25 10 2009
Valentina

lo felicito, cupa Luis

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