El neoliberalismo en el capitalismo mundial. Las estrategias capitalistas contemporáneas para revertir la rentabilidad decreciente

25 10 2009

El siguiente trabajo tratará de ver cuál es el significado del neoliberalismo en el contexto del capitalismo mundial. Para el trabajo, nos haremos cargo principalmente de ciertos textos de Marx así como de Raúl Prebisch, y de otros autores. Cabe destacar aquí que no haremos la historia del neoliberalismo sino ver cuál es el trasfondo real de dicho viraje político-económico en el sistema-mundo capitalista. Lo que veremos aquí en primer lugar, es que la “globalización” no comenzó precisamente con el neoliberalismo y más adelante al dar como explicación de la misma a las llamadas TIC (Tecnologías de la Información y de la Comunicación) sino que es algo inherente al mismo capitalismo como lo menciona Marx. En segundo lugar, veremos cuáles son los supuestos económicos del neoliberalismo y su significación en la re-mercantilización de los servicios públicos así como en la mercantilización de la cultura formando así un consumo individual narcisista; o lo que hoy en día se conoce como “soberanía del consumidor”. En tercer lugar, el significado del neoliberalismo en relación a la fuerza de trabajo y la precarización del mismo a través de la flexibilidad laboral

El neoliberalismo puede entenderse como un estadio superior de las fuerzas productivas capitalistas pero que en modo alguno quiere decir que la “globalización” empezó con el neoliberalismo. En ese sentido, el capitalismo y el desarrollo de las fuerzas productivas no atañen solamente al proceso de producción material de las mercancías, sino que también incumbe el transporte de las mismas hacia el mercado.1 El desarrollo de la tecnología entonces, no solamente hace que se pueda producir más en menos tiempo, sino que las distancias dentro del mercado mundial disminuyen; no geográficamente, sino temporalmente. Consiguientemente, las fuerzas productivas atañen también a la esfera de la circulación de mercancías, ya que “la circulación se efectúa en el espacio y en el tiempo”.2 Y si la producción de mercancías no es suficiente para que esté disponible para la venta, entonces el transporte de las mismas también tendría que pertenecer al proceso de producción mercantil: “el producto no está realmente terminado hasta tanto no se encuentre en el mercado”.3 Por lo tanto, todo el capitalismo ha tendido en su devenir histórico como tal, a desarrollar fuerzas productivas que acorten el tiempo de circulación espacial de las mercancías; al principio era con barcos, después con los trenes, y hoy en día con aviones, en general el transporte como tal. El capitalismo de antes era ciertamente “globalizado”, aunque no en el sentido como lo es hoy en día, y ¿por qué?, pues porque en períodos anteriores dicha “globalización” no era sincrónica sino diacrónica; lo que sucedía en un lugar del planeta era objeto de conocimiento en un espacio diferencial de tiempo. Lo que quiero decir, es que el neoliberalismo y en particular la aparición de las TIC lo que hicieron fue de hecho sincronizar a nivel mundial el sistema-mundo capitalista; que todo se hiciera y se supiera en tiempo real. Además la circulación tiene un componente temporal, cosa a la que Marx se refiere como costos de circulación.

Y ¿Por qué se le atribuye tal importancia a la esfera de la circulación en el capitalismo mundial? Puesto que, como lo destacó Marx, una mercancía no es tal hasta que no ha llegado al mercado para que se realice como tal en la venta, y esa venta posteriormente implica la “transformación de la mercancía en dinero y reconversión del dinero en las condiciones de producción”.4 O sea, vender para reiniciar el proceso de producción y así vender más en el mercado. Y en este punto Marx destaca que lo verdaderamente importante no es tanto la distancia geográfica sino la temporal.5 Marx de ahí afirma que el tiempo de transporte de la mercancía al mercado, es el tiempo de desvalorización de la misma: “el tiempo de circulación, por ende, no es un elemento positivo en la creación de valor; si fuera igual a 0, la creación de valor habría llegado a su punto más alto”.6 Por lo tanto, si el tiempo de circulación geográfica de la mercancía no es positiva para la acumulación de capital y entorpece o, mejor dicho, hace más lentos los sucesivos sendos procesos de producción y de circulación capitalista,7 entonces Marx atribuye el tiempo de transporte al mercado como parte del tiempo de trabajo necesario en la producción de una mercancía. Y si el transporte es parte del trabajo necesario, quiere decir que entonces disminuye la tasa de ganancia para los capitalistas y, por eso que Marx lo menciona como barrera inherente al proceso de producción capitalista: “El tiempo de circulación se presenta pues, como barrera a la productividad del trabajo = aumento del tiempo de trabajo necesario = merma del tiempo de plustrabajo = merma del plusvalor = freno, barrera del proceso de valorización del capital”.8 Entonces, desde una lectura marxiana, el neoliberalismo actual puede entenderse como el máximo intento —quizás el intento final— de acortar cada vez más el tiempo de circulación mercantil, en aras de lograr una mayor efectividad para capturar la plusvalía y eliminar de esa forma los innecesarios tiempos de transporte, así como los costos de transacción y de coordinación.

La disminución cada vez mayor del tiempo de circulación, y que ha sido máxima con el neoliberalismo, ha sido posible gracias a las TIC las cuales instantaneizaron al sistema-mundo en su conjunto, lo cual según Harvey “suscitó la euforia alrededor de la ‘globalización’ y de todo aquello que al parecer propiciaba por la construcción de una economía global completamente distinta y totalmente integrada”.9 En este sentido, la particularidad del neoliberalismo no es el desarrollo tecnológico, ni que acortara el tiempo de circulación, puesto que históricamente el capitalismo mundial ha tendido hacia ese estadio. Entonces, ¿cuál es la particularidad del neoliberalismo?, en que según Harvey, las TIC es la tecnología funcional por excelencia del neoliberalismo, ya que según él “resulta mucho más útil para la actividad especulativa y para la maximización a corto plazo del número de contratos celebrados en el mercado que para la mejora de la producción”.10 Y esa utilidad de las TIC para el autor esta asociado a la constante financiarización del sistema capitalista mundial, en que las ganancias a corto plazo se obtienen más de las especulaciones financieras que de actividades productivas o comerciales. Pero aquí se pretende bajar el perfil a las TIC, puesto que en el capitalismo ya existía dicha tendencia a la sincronización del sistema-mundo capitalista: “mientras que el capital por un lado debe tender a arrasar toda barrera espacial al tráfico, id est al intercambio, y a conquistar toda la Tierra como su mercado, por el otro lado tiende a anular el espacio por medio del tiempo, esto es, a reducir a un mínimo el tiempo que insume el movimiento de un lugar a otro”.11 Y Harvey en este sentido es muy categórico en mencionar que el capitalismo actual neoliberal gracias a las TIC “donde la rotación es ahora casi instantánea”.12

Lo que ha provocado el neoliberalismo y la revolución tecnológica que ha ido consigo ha sido la “suprema ‘desmaterialización del espacio’ en el campo de las comunicaciones”,13 y ahí se encuentra el rasgo actual del capitalismo mundial. Dicha desmaterialización del espacio “fue inmediatamente aprovechada por las instituciones financieras y el capital multinacional como medio para coordinar sus actividades instantáneamente en el espacio”.14 Eso da la impresión de que se ha hecho realidad una revolución con las TIC, ya que efectivamente sincronizó a nivel mundial —valga la redundancia— los procesos de producción y de circulación capitalista. Y ¿cómo? Pues al reducir costos de transacción; las TIC permiten en tiempo real ejecutar un intercambio comercial y negociar. Ya no se tiene que viajar geográficamente de un lugar a otro para negociar y vender algo, sino que solamente con las TIC ya se elimina el espacio geográfico. También se reducen los costos de coordinación, ya que al tener información en tiempo real los procesos de producción se pueden acomodar a la demanda de los distintos bienes. Además, las TIC reducen otro tipo de costos, como los de venta y de litigio, aunque no los veremos aquí en profundidad. Por último, las crisis económicas actuales radican en la actual rapidez, dada por las TIC con que se llevan a cabo las actividades financieras, ya que “gran parte del flujo, de la inestabilidad y el torbellino puede atribuirse directamente a esta mayor capacidad de desplazamiento del capital que parece olvidar casi por completo las restricciones de tiempo y espacio que normalmente pesan sobre las actividades materiales de la producción y el consumo”.15 Por eso, Harvey plantea que hay que tener cuidado con exagerar las revoluciones tecnológicas y hacer como si fuesen novedades per se: “es fácil dar demasiada importancia a esto. La novedad de todo ello impresiona, pero también impresionó la novedad del ferrocarril, y el telégrafo, el automóvil, la radio y el teléfono en su día”.16

Visto ya el rol de las TIC en el capitalismo contemporáneo (o tardío), ahora procederemos a ver cuáles eran las ideas de fondo del llamado neoliberalismo. En términos muy generales, esta doctrina político-ideológica es igual que los postulados de la economía neo-clásica; aquella que surgió como respuesta a las teorías económicas de Marx. El neoliberalismo —así como la economía neoclásica— valoriza en grado sumo la libertad individual y, rechaza categóricamente cualquier tipo de intervención estatal con el fin de reparar las llamadas “fallas del mercado”. Es una ideología claramente antiestatista y atomicista. Friedman afirma así su antiestatismo: “no le veo ningún sentido a decir ‘Vamos a ‘privatizar’ la industria del acero por parte’ o ‘Le vamos a vender al público un uno por ciento de la industria del acero por año’”.17 El neoliberalismo, como muy bien lo menciona David Harvey, se nutrió de las ideas económicas neoclásicas, las cuales rechazaron tajantemente las ideas marxianas del valor-trabajo así como sus derivaciones.18 Y si era antiestatista, ¿cuál era el fundamento de eso? En que para los neoliberales “las decisiones estatales en materia de inversión y de acumulación de capital siempre habrían de ser erróneas porque la información disponible para el Estado no podían rivalizar con la contenida en las señales del mercado”.19

Ya Raúl Prebisch denunciaba en los años ‘80 al neoliberalismo —al cual lo llamaba solamente “economía neoclásica”— afirmando que según esa ideología, la economía tendría un funcionamiento espontáneo y libre y, que eso se daba en una situación de la más perfecta competencia. El neoliberalismo idealmente “tiende a una posición de equilibrio general donde la remuneración de cada factor productivo está determinada por su producto marginal respectivo, y el precio de los bienes por su utilidad marginal”.20 Pero Prebisch refuta esa tesis, destacando que en las periferias no todos los trabajadores y sus trabajos son igualmente productivos, los cuales se diferencian por medio de la llamada heterogeneidad estructural. Pues bien, dicha heterogeneidad, lo que provoca en la fuerza de trabajo menos cualificada es que “tanto más difícil le será a la fuerza de trabajo de iguales calificaciones, absorbida en capas técnicas superiores, elevar su productividad marginal y sus remuneraciones en forma correlativa al aumento de su productividad media, debido a la competencia regresiva de la fuerza de trabajo que queda en las capas de escasa productividad, así como a su crecimiento vegetativo”.21 Prebisch cuestiona en la economía neoclásica incluso la posibilidad de que alguna vez pudiera tener un equilibrio general. La imposibilidad de tal equilibrio, se debe a que según él, la sociedad de consumo privilegiada impide una mayor acumulación de capital el cual podría absorber a la mano de obra sobrante.22 De acuerdo con Prebisch, si el sistema tuviera un equilibro general, tendería por ende a dejar de excluir a las capas técnicas inferiores de la economía, y “al continuar en esta forma el proceso se irían estrechando las diferencias entre capas técnicas y, en consecuencia, las diferencias de productividad”.23

Esas eran en general, las ideas de las que estaba imbuido el neoliberalismo. Pero eso no quiere decir que las ideas se hayan aplicado en su totalidad en la realidad social. De hecho, se podría afirmar que la idea neoliberal de un “mercado autorregulado” es acusada hoy en día por marxistas y movimientos altermundistas de la misma forma en que la idea de “libre comercio”, acuñada por Adam Smith y pregonada por Gran Bretaña, fue denunciada por Friedrich List en pleno siglo XIX. Como si fuese una idea falsa o falseadora en el sentido de que los países “desarrollados” obligan a los “no desarrollados” a que ejecuten medidas acordes al ideario neoliberal. En este sentido el neoliberalismo puede entenderse como la continuación del liberalismo económico decimonónico “nacido como una mera preferencia por los métodos no burocráticos, evolucionó hasta convertirse en una verdadera fe en la salvación secular del hombre a través de un mercado autorregulado”.24 No obstante, en la realidad el neoliberalismo distaba mucho de ser un sistema espontáneo. Espontáneo en el sentido de que la economía no era intervenida por el Estado o que siquiera era regulada por ese organismo. Pues, si el neoliberalismo no era el “mercado autorregulado”, entonces ¿qué es? En primer lugar, el neoliberalismo puede entenderse como una respuesta, por parte de las clases capitalistas, a la crisis de acumulación capitalista que tomó lugar desde los años’70. Como muestra de esa crisis, Harvey expone un gráfico, en donde sale cómo han bajado sucesivamente las tasas de crecimiento mundiales, desde 1961 hasta el 2003, en que en aquella fecha era del orden de un 3,6% mientras que en la última ronda casi al 1%.25

La crisis capitalista que llevó al neoliberalismo, viene de la crisis del régimen de acumulación que existía anteriormente, el cual era el fordismo-keynesianismo. Pero primero, ¿qué se entiende por régimen de acumulación? Ese régimen, se entiende como la organización de las formas de producir y de consumir en base a determinados valores. Es más que la organización económica de los factores de producción (incluída la fuerza de trabajo). Harvey citando a Lipietz, menciona que para que se mantenga un determinado régimen de acumulación “debe existir ‘una materialización del régimen de acumulación que tome la forma de normas, hábitos, leyes, redes de regulación, etc., que aseguren la unidad del proceso, es decir, la conveniente consistencia de los comportamientos individuales respecto del esquema de reproducción’”.26 En pocas palabras, un régimen de acumulación, es la acomodación o mejor dicho, la correspondencia en un lapso de tiempo entre el modo de producción y las pautas de comportamiento de la población que se dan en aquel. Ahora que se definió más o menos lo que es un régimen de acumulación, ¿cuál era la especificidad del régimen de acumulación fordista-keynesiano? Brevemente, se define como la producción industrial en masa para su posterior consumo masivo. Este régimen implicaba la cuasi-automatización del proceso productivo así como la intervención del Estado en la formación de empleo y por medio de políticas económicas anticíclicas para que la economía “nacional” no se detuviera ante recesiones. En palabras de Harvey el fordismo-keynesianismo fue un “reconocimiento explícito de que la producción en masa significaba un consumo masivo, un nuevo sistema de reproducción de la fuerza de trabajo, una nueva política de control y dirección del trabajo, una nueva estética y una nueva psicología; en una palabra: un nuevo tipo de sociedad racionalizada, modernista, populista y democrática”.27 Sólo después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) el régimen de acumulación fordista-keynesiano pudo establecerse con firmeza y con toda su madurez.28 Esta maduración del fordismo-keynesianismo, implicó en primer lugar, que la producción industrial de automóviles y de otros artículos tuviera una demanda efectiva con respecto a lo que se producía; es decir, ese régimen hizo que las clases trabajadoras se convirtieran en la demanda efectiva de lo que ellos producían con su fuerza de trabajo. Y en segundo lugar, la redefinición de roles, en que el Estado “debía asumir nuevos roles (keynesianos) y construir nuevos poderes institucionales; el capital corporativo tenía que orientar sus velas en ciertos sentidos, a fin de moverse con menos sobresaltos por el camino de una rentabilidad segura; y el trabajo organizado tenía que cumplir nuevos roles y funciones en los mercados laborales y en los procesos de producción”.29 Aunque no profundizaremos más en el régimen fordista-keynesiano, sólo se dirá que duró hasta los inicios de la década de los ‘70, fecha cuando marca el inicio de la crisis capitalista.30

Ahora bien, ¿cuáles eran las limitaciones del régimen fordista-keynesiano que obligaron hacia la aparición del neoliberalismo? Según Harvey, se podría caracterizar con una palabra: rigidez. Y ¿a qué tipo de rigidez se está refiriendo? Pues de acuerdo con el autor, esa era la característica fundamental de la que estaban imbuidas las economías capitalistas “avanzadas”, lo cual acarreaba serios problemas y que afectaba la capacidad de acumulación de capital. En palabras de Harvey, eso implicaba “problemas de rigidez en las inversiones a largo plazo y en gran escala de capital fijo en los sistemas de producción en masa, que excluían una gran flexibilidad de diseño y daban por supuesto el crecimiento estable de mercados invariantes de consumo”,31 o sea un problema en que no existía una flexibilidad que proporcionara una producción de pequeñas series para demandas específicas. Pero también tenía insuficiencias en cuanto al proceso productivo: “había problemas de rigideces en los mercados de la fuerza de trabajo, en la distribución de esta y en los contratos laborales (especialmente en el llamado sector ‘monopólico’)”,32 lo que implicaba chocar frontalmente contra los sindicatos y la sindicalización de la fuerza de trabajo. Las limitaciones del fordismo-keynesianismo llegaron incluso a la estructura estatal: “las rigideces de los compromisos estatales también se agravaron cuando programas de concesión de títulos (seguridad social, derechos de pensión, etc.) crecieron por la presión de mantener una legitimidad en un momento en que las rigideces de la producción restringían cualquier expansión de los gastos fiscales”.33 Lo único flexible a disposición de los capitalistas era la política monetaria.34 Todos esos problemas de rigidez que caracterizaban al régimen de acumulación imperante sumado con la única flexibilidad de la política monetaria (por parte del Estado), llevaron a la llamada “estanflación” que mermó toda la productividad y el crecimiento económico en los países centrales de la economía-mundo capitalista.

Ahora que hemos visto el trasfondo histórico en que surgió el neoliberalismo y la crisis de acumulación que acarreó el régimen fordista-keynesiano, veremos a continuación las formas concretas en que el capitalismo (o las clases capitalistas) han respondido ante la crisis. A nivel general, el capitalismo ha tendido a cambiar su régimen de acumulación, desde el fordismo-keynesianismo hacia el posfordismo —o como lo nombra Harvey: al régimen de acumulación flexible—. En suma, la respuesta a la crisis de los ‘70 ha sido la de flexibilizar todos —o casi todos— los procesos productivos, incluido el proceso laboral: “apela a la flexibilidad con relación a procesos laborales, los mercados de mano de obra, los productos y las pautas de consumo. Se caracteriza por la emergencia de sectores totalmente nuevos de producción, nuevas formas de proporcionar servicios financieros, nuevos mercados y, sobre todo, niveles sumamente intensos de innovación comercial, tecnológica y organizativa”.35 En general, el régimen de acumulación flexible a lo que lleva, como veremos, es: 1) a flexibilizar los procesos de producción con el fin de desembolsar cada vez menos en costos de producción, a través de la subcontratación y/o de la merma en los derechos social-laborales; 2) buscar nuevos nichos de mercantilización, es decir, mercantilizar más “esferas” de la vida social; y 3) re-mercantilizar los servicios que anteriormente eran otorgados por el llamado Estado de bienestar a través de las privatizaciones —o del mecanismo que Harvey llama como acumulación por desposesión— y su consiguiente traspaso hacia el sector privado. Todas esas estrategias además, pueden entenderse si se observa que el capitalismo históricamente como lo menciona Wallerstein, ha funcionado por medio de expansiones territoriales, ya sea para buscar fuerza de trabajo semiproletaria y/o para conseguir productos raros para así venderlos en los mercados previamente constituidos.36 Y dentro de esa lógica, el neoliberalismo ha respondido de esa forma porque el capitalismo solamente ahora ha llegado a constituir un sistema cerrado en el sentido de que recién a mediados o finales del siglo XIX ha ocupado geográficamente la totalidad del mundo, y por lo mismo ya no puede recurrir al expediente de las expansiones territoriales porque al recurrir a esas acciones simplemente se acabaron las “arenas externas”.37

En cuanto a los procesos de producción, la acumulación flexible a lo que tiende es a una tasa de desempleo “estructural” y al “retroceso del poder sindical: uno de los pilares políticos del régimen fordista”.38 En ese trasfondo de debilidad sindical, los empleadores han podido diseñar e implementar procesos laborales mucho más flexibles que antaño. De acuerdo con Harvey, esa flexibilidad laboral genera una organización escalonada de los trabajadores, estableciéndose así las diferencias en relación a las condiciones laborales. Por ejemplo, el mercado del trabajo se compone de un núcleo que está compuesto por los trabajadores de jornada completa, son permanentes y tiene la mayor seguridad laboral.39 Después vendrían los sectores periféricos del mercado laboral, que a su vez se compone de dos subsectores: “el primero está formado por ‘empleados de tiempo completo con capacidades que son fácilmente utilizables en el mercado de trabajo, como los empleados de menor capacitación, las funciones de secretariado y los trabajadores manuales de rutina y menos calificados’”.40 Y el segundo grupo periférico, se compone de personal con aún mayor flexibilidad laboral y con menos protección en el trabajo;41 y para Harvey es este último tipo de trabajadores el que ha tendido a crecer en el régimen de acumulación flexible a través de la subcontratación. El problema con estos tipos de empleo, no es que sean flexibles en términos funcionales, sino que “los efectos agregados, considerados desde la óptica de las coberturas de seguros y los derechos de pensión, así como los niveles salariales y la seguridad laboral, no parecen ser positivos para la población trabajadora en su conjunto”.42 Se podría mencionar en este sentido que este último grupo es el tipo de trabajadores que desea el neoliberalismo, esa sería si situación idónea para con los trabajadores, ya que “una fuerza de trabajo variable era por definición una fuerza de trabajo que no trabajaba necesariamente para el mismo productor. A tales trabajadores debía, pues, preocuparles, por lo que se refiere a su supervivencia, su nivel de remuneración en función de un período largo como para contrarrestar las variaciones en los ingresos reales”.43 Y en ese sentido, las empresas lograron tener al fin una fuerza de trabajo prescindible y que no fuese tan cara de utilizar por períodos de tiempo.44

El segundo punto —los nuevos nichos de mercantilización— se han resuelto por medio de la mercantilización de nuevas esferas de la vida (o “culturales”) y también como lo mencionó Harvey previamente, por medio de nuevas formas de otorgar servicios financieros. En este segundo punto se asiste a la llamada “mercantilización de todas las cosas”, y ya no solamente con objetos muy importantes para la subsistencia humana como la alimentación, vivienda, salud y educación, sino que ahora se hace extensiva “la mercantilización de la sexualidad, de la cultura, de la historia y del patrimonio público, así como de la naturaleza como espectáculo o como cura de reposo, y la extracción de rentas en régimen de monopolio de la originalidad, de la autenticidad y de la unicidad (de las obras de arte, por ejemplo) suponen, en todos los casos, poner un precio a cosas que en realidad nunca fueron producidas como mercancías”.45 Toda esa mercantilización de las esferas cultural-simbólicas de la vida humana, han estado bajo el amparo tanto de la llamada “soberanía del consumidor”,46 como de lo que Harvey cataloga como consumismo narcisista promovido por el llamado pensamiento “posmoderno”: “la retórica neoliberal, con su énfasis fundacional en las libertades individuales, tiene el poder de escindir el libertarismo, la política de la identidad, el multiculturalismo y, eventualmente, el consumismo narcisista de las fuerzas sociales alineadas en pro de la justicia social a través de la conquista del poder del Estado”.47 Esta ha sido otra de las formas que se ha usado para revertir la crisis de acumulación capitalista de los ‘70, junto con la flexibilización laboral. Ahora bien, en relación a los servicios financieros, éstos han empezado a desregularse paulatinamente desde la década de 1970. Pero, como se dijo previamente, los servicios financieros han tendido a acelerarse (en cuanto al tiempo de circulación) bajo el alero de las TIC. De acuerdo con Harvey, ese auge en los servicios financieros, ha hecho que surja lo que él llama iniciativa empresaria volcada a los papeles-valores. Dicha iniciativa es simplemente encontrar nuevas vetas de mercantilización en la provisión de los servicios financieros: “las técnicas van desde la sofisticada ‘contabilidad creativa’, pasando por por el cuidadoso monitoreo de los mercados internacionales y de las condiciones políticas por parte de multinacionales que se proponen extraer provecho de los desplazamientos relativos de los valores monetarios o de las tasas de interés, hasta el ataque directo a otras compañías con desagregación de los activos de corporaciones competidoras o aun completamente ajenas”.48 Hay que entender que ese auge de la financiarización del sistema-mundo capitalista se dio en un contexto de confusión entre los capitales productivo, mercantil y financiero, pudiéndose incluso no distinguir entre ellos.49

Ahora por último, veremos brevemente las llamadas privatizaciones de empresas público-estatales y su consiguiente traslado al sector privado de la economía. Para el geógrafo marxista David Harvey, eso es claramente un ejemplo de la “acumulación por desposesión” contemporánea que se está llevando a cabo. No obstante, ¿qué entiende él por acumulación por desposesión? Harvey lo comprende como la “acumulación originaria” de Marx, con la diferencia que para este último ese patrón de acumulación solo se daba históricamente en los albores del capitalismo. Pues para Harvey, ese patrón de acumulación no tendría nada de originario y ha sido llevado a cabo históricamente a lo largo de todo el capitalismo e incluso actualmente.50 En términos concretos, esto tiene cuatro dimensiones. En primer lugar la privatización y mercantilización, ¿de qué? De empresas públicas, con el objetivo de re-mercatilizarlos: “se han privatizado, en mayor o menor grado, toda clase de servicios públicos (el suministro de agua, las telecomunicaciones, el transporte), el sistema de provisión social gestionada por el Estado del bienestar (viviendas sociales, educación, asistencia sanitaria, el sistema de pensiones), instituciones públicas (universidades, laboratorios de investigación, prisiones)”.51 La segunda dimensión es la financiarización del sistema económico (o del sistema-mundo capitalista), que le da un caríz depredador a este tipo de capitalismo y que se dio gracias a la desregulación del sistema financiero que pudo convertirse “en uno de los principales centros de actividad redistributiva a través de la especulación, la depredación, el fraude y el robo”.52 En tercer lugar, está la gestión y manipulación de la crisis. Para Harvey eso significa acumular a costa del endeudamiento de otros, esto es de otros países y lo que se conoce como la “trampa de la deuda”: “la creación, la gestión y la manipulación de la crisis a escala mundial ha evolucionado hacia el fino arte de la redistribución deliberada de la riqueza desde los países pobres hacia los ricos”.53 En esta dimensionalidad, se da la paradoja de que los países pobres estén efectivamente subvencionando a los países ricos por medio de la redistribución de activos;54 esta estrategia se hizo masiva desde 1980 en adelante. Y por último, la cuarta dimensionalidad de la acumulación por desposesión que son las redistribuciones estatales. Esto significa invertir la redistribución de los bienes y servicios sociales que antaño tenía el Estado de bienestar (o desarrollista en América Latina) para con los estratos desprotegidos de la sociedad y, redirigirlos hacia las clases más privilegiadas. Se lleva a cabo en primer lugar, “a través de la búsqueda de modelos de privatización y de recortes de aquella parte del gasto público que constituye el salario social”;55 y en segundo lugar a través de reformas tributarias que “conceden un trato de favor a los beneficios generados por las inversiones frente a los que proceden de los salarios y de otro tipo de ingresos, la promoción de elementos regresivos en la legislación fiscal (como los impuestos sobre las ventas), la imposición de tasas a los usuarios de los servicios (···) y la introducción de un amplio elenco de subvenciones y de exenciones fiscales destinadas a las corporaciones”.56

En conclusión se puede mencionar que solo hoy en día se ha logrado sincronizar mundialmente al sistema-mundo capitalista en su conjunto, pero eso en modo alguno quiere decir que antes de las TIC no haya existido la globalización (o el sistema-mundo) como un conjunto de procesos. Se puede decir, que todo ese desarrollo tecnológico que culminó en las actuales TIC se realizó con el fin de reducir los costos de circulación de las mercancías y del dinero, y para así abaratar los procesos de producción. No obstante, eso es solamente en la esfera de la circulación financiera, que se lleva a cabo en la realidad virtual. En ese sentido, el cambio de régimen de acumulación, de uno rígido a uno flexible, implicó también el abaratamiento en ciertas esferas, como por ejemplo en el trabajo que ahora se ha hecho masivo el uso de trabajadores subcontratados y con poca o ninguna seguridad social-laboral. Además, este régimen se sustenta en las llamadas privatizaciones (o acumulación por desposesión, según Harvey) que no es otra cosa que una redistribución de los activos estatales hacia manos privadas (cosa que es traicionero con el ideario neoliberal si comprendemos que cada traspaso de un sector de la economía a otro es efectivamente una operación redistributiva) con el fin de re-mercantilizar bienes sociales relativamente des-mercantilizados en el Estado de bienestar. Todas esos hechos, no son mas que acciones llevadas a cabo por parte de los capitalistas ante las rentabilidades decrecientes a partir de la década de 1970 y de la “estanflación” (baja productividad y alta inflación) y que recomponen el alto margen de ganancia deseado por las altas clases capitalistas.

1 “La reducción de los costos de esta circulación real (en el espacio) cae dentro del desarrollo de las fuerzas productivas por el capital, en la merma de los costos de la valorización de este último”. Véase Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858 2, Siglo XXI, 15ª edición, 2005, México, p. 24

2 Karl Marx, Ibidem

3 Karl Marx, Ibidem

4 Karl Marx, Ibíd., p. 28

5 “(hasta la lejanía espacial se resuelve en el tiempo: lo que importa, por ejemplo, no es la distancia del mercado en el espacio, sino la velocidad —el cuanto de tiempo— en que se le alcanza)”. Véase Karl Marx, Ibíd., p. 29

6 Karl Marx, Ibíd., p. 30

7 “entonces la cantidad de productos que se pueden producir en un espacio de tiempo dado, la frecuencia con que un capital puede valorizarse en un espacio de tiempo dado, con que puede reproducir y multiplicar su valor, dependerá de la velocidad de la circulación, del tiempo en que se recorre esta última. De hecho, lo que se presenta aquí es, pues, un momento de la determinación del valor, momento que no deriva de la relación directa entre el trabajo y el capital. La proporción en la cual el mismo capital, en un espacio dado de tiempo, puede repetir el proceso de producción (creación de valor nuevo), constituye evidentemente una condición que no ha sido puesta directamente por el proceso de producción. Por consiguiente, si bien la circulación no genera ningún momento de la determinación misma del valor —la cual toca exclusivamente al trabajo—, sin embargo, de su velocidad depende la velocidad con la cual se repite el proceso de producción, se crean valores; por ende, si no los valores, [sí,] hasta cierto punto, la masa de los valores”. Véase Karl Marx, Ibíd., p. 29

8 Karl Marx, Ibíd., p. 30

9 David Harvey, Breve historia del neoliberalismo, Akal, 1ª edición, 2007, España, p. 173

10 David Harvey, Ibidem

11 Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858 2, pp. 30-31

12 David Harvey, Espacios de esperanza, Akal, 3ª edición. 2007, España, p. 77

13 David Harvey, Ibíd., p. 80

14 David Harvey, Ibíd., pp. 80-81

15 David Harvey, La condición de la posmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural, Amorrortu editores, 2ª edición, 2008, Argentina, p. 189

16 David Harvey, Espacios de esperanza, p. 81

17 Milton Friedman, La economía monetarista, Gedisa, 1ª edición, 1992, España, p. 180. Además Friedman continúa en la misma página afirmando que: “La cosa obvia que hay que hacer con la industria del acero, los ferrocarriles y todas esas industrias actualmente operadas por el Estado es deshacerse de ellas por subasta”.

18 “La etiqueta neoliberal señalaba su adherencia a los principios del mercado libre acuñados por la economía neoclásica, que había emergido en la segunda mitad del siglo XIX (gracias al trabajo de Alfred Marshall, William Stanley Jevons, y Leon Walras) para desplazar las teorías clásicas de Adam Smith, David Ricardo y, por supuesto, Karl Marx”. Véase, David Harvey, Breve historia del neoliberalismo, p. 27

19 David Harvey, Ibidem

20 Raúl Prebisch, Capitalismo periférico. Crisis y transformación, FCE, 1ª edición, 1981, 2ª reimpresión, 1987, México, p. 249

21 Raúl Prebisch, Ibíd., p. 250

22 “La causa fundamental de esa crisis radica en que el potencial de acumulación del excedente se desperdicia en la sociedad privilegiada de consumo, y en la succión exterior. Si se dedicara a la acumulación en un régimen de capitalismo austero, podría concebirse la posibilidad de un cierto equilibrio dinámico”. Véase Raúl Prebisch, Ibíd., p. 252

23 Raúl Prebisch, Ibíd., p. 253

24 Karl Polanyi, La gran transformación. Los orígenes económicos y políticos de nuestro tiempo, FCE, 2ª edición. 2003, 1ª reimpresión, 2006, México, p. 190

25 David Harvey, Breve historia del neoliberalismo, p. 170

26 David Harvey, La condición de la posmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural, pp. 143-144

27 David Harvey, Ibíd., pp. 147-148

28 “Como tal, luego formó la base para el prolongado boom de posguerra que se mantuvo intacto en lo fundamental hasta 1973. En este período, el capitalismo en los países capitalistas avanzados alcanzó fuertes tasas de crecimiento económico, aunque de una estabilidad relativa. Se elevaron los niveles de vida, se frenaron las tendencias a la crisis, se preservó la democracia de masas y la amenaza de guerra intercapitalista se mantuvo en un plano remoto”. Véase David Harvey, Ibíd., p. 152

29 David Harvey, Ibíd., p. 155

30 “Pero, a pesar de todos los descontentos y todas las tensiones manifiestas, las piezas centrales del régimen fordista se mantuvieron firmes por lo menos hasta 1973 y, en el proceso, lograron sin duda mantener intacto un boom de posguerra que promovía la sindicalización y que hasta cierto punto extendía los ‘beneficios’ de la producción y el consumo masivos cada vez más allá. La masa de la población de los países capitalistas avanzados mejoró su nivel de vida material y además prevaleció un contexto relativamente estable para las ganancias de las corporaciones. Fue sólo en la aguda recesión de 1973, que sacudió ese esquema, cuando se inició un proceso de transición acelerada —aún no lo entendemos bien— en el régimen de acumulación”. Véase David Harvey, Ibíd., p. 163

31 David Harvey, Ibíd., pp. 167-168

32 David Harvey, Ibíd., p. 168

33 David Harvey, Ibidem

34 “El único instrumento con capacidad de dar una respuesta flexible era la política monetaria, por su capacidad de imprimir moneda cuando hacía falta para mantener la estabilidad de la economía”. Véase David Harvey, Ibidem

35 David Harvey, Ibíd., pp. 170-171

36“A veces se ha afirmado que la explicación reside en la constante búsqueda de nuevos mercados en los que realizar las ganancias de la producción capitalista. Sin embargo, esta explicación no concuerda con los hechos históricos. Las áreas externas al capitalismo histórico se han mostrado en general reacias a comprar sus productos, en parte porque no los ‘necesitaban’ en términos de su propio sistema económico y en parte porque a menudo carecían de los medios necesarios para comprarlos. Sin duda ha habido excepciones. Pero en general era el mundo capitalista el que buscaba los productos de la arena externa y no al revés. Siempre que un determinado lugar era conquistado militarmente, los empresarios capitalistas se quejaban de la ausencia de mercados reales en él y actuaban a través de los gobiernos coloniales para ‘crear aficiones’.

La búsqueda de mercados no sirve como explicación. Una explicación mucho más plausible es la búsqueda de mano de obra a bajo coste. Desde un punto de vista histórico, prácticamente todas las nuevas zonas incorporadas a la economía-mundo han establecido niveles de remuneración real que estaban en la parte inferior de la jerarquía de niveles salariales del sistema mundial”. Véase Immanuel Wallerstein, El capitalismo histórico, Siglo XXI, 6ª edición, 2006, México, p. 30

37 “El sistema mundial moderno nació en el siglo XVI, fundamentalmente en Europa. Por medio de una serie de procesos internos, este sistema mundial se expandió de forma constante, aunque no continuada, hasta que hacia mediados o finales del siglo XIX logró incorporar todas las zonas geográficas del planeta a su división social del trabajo. De ese modo, creó una situación inédita: por vez primera en la historia de la humanidad tan sólo existía un sistema histórico en todo el mundo. Esto, como veremos, es una de las diversas causas de su crisis posterior”. Véase Immanuel Wallerstein, Geopolítica y geocultura. Ensayos sobre el moderno sistema mundial, Kairós, 1ª edición, 2007, Argentina, p. 151. David Harvey, a partir de Rosa Luxemburgo plantea algo similar que Wallerstein: “El peso de las pruebas histórico-geográficas ofrecidas por el siglo XX corrobora en general la tesis de la sobreacumulación. Aun así, en la formulación de Luxemburg hay muchos aspectos interesantes. Ante todo, la idea de que el capitalismo debe tener siempre algo fuera para estabilizarse es digna de estudio, particularmente porque se hace eco de la concepción de Hegel (···) de una dialéctica interna del capitalismo que le obliga a buscar soluciones externas. Considérese, por ejemplo, la argumentación de Marx con respecto a la creación de un ejército de reserva industrial. La acumulación de capital, en ausencia de fuertes corrientes de cambio tecnológico capaz de ahorrar trabajo, requiere un aumento contínuo de la fuerza de trabajo”. Véase David Harvey, El nuevo imperialismo, Akal, 2ª edición, 2007, España, pp. 113-114

38 David Harvey, Ibíd., p. 173

39 Cf. David Harvey, Ibidem

40 David Harvey, Ibíd., p. 174

41 “El segundo grupo periférico ‘proporciona una flexibilidad numérica aún mayor y está compuesto por los empleados de medio tiempo, temporarios, personal con contratos de tiempo establecido, subcontratados y aprendices públicamente subsidiados, con menos seguridad laboral todavía que el primer grupo periférico’. En los últimos años, todo parece indicar un significativo crecimiento de esta categoría de empleados”. Véase David Harvey, Ibíd., pp. 174-175

42 David Harvey, Ibíd., p. 175

43 Immanuel Wallerstein, El capitalismo histórico, p. 11

44 “Es decir, los trabajadores tenían que ser capaces de sacar de períodos en que trabajaban lo suficiente como para cubrir los períodos en los que no recibían remuneración. Por consiguiente, una fuerza de trabajo variable a menudo costaba a los productores más por hora y por individuo que una fuerza de trabajo fija”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibidem

45 David Harvey, Breve historia del neoliberalismo, p. 182

46 “La neoliberalización requería tanto política como económicamente la construcción de una cultura populista neoliberal basada en un mercado de consumismo diferenciado y en el libertarismo individual. En ese sentido, se demostró más que compatible con el impulso cultural llamado ‘posmodernidad’ que durante largo tiempo había permanecido latente batiendo sus alas pero que ahora podía alzar su vuelo plenamente consumado como un referente dominante tanto en el plano intelectual como cultural. Este fue el desafío que las corporaciones y las elites de clase decidieron fraguar de manera velada en la década de 1980”. Véase David Harvey, Ibíd.,. 50-51

47 David Harvey, Ibíd., p. 50

48 David Harvey, La condición de la posmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural, p. 187

49 “Este mundo ‘asombroso’ de las altas finanzas abarca una diversidad igualmente asombrosa de actividades cruzadas, en las que los bancos piden préstamos masivos de corto plazo a otros bancos, y las compañías de seguros, fusionadas con fondos de pensión, constituyen asociaciones de fondos de inversión tan vastos que pueden funcionar como ‘hacedores de mercados’, mientras que el capital industrial, mercantil y de bienes raíces se integra de tal forma en operaciones y estructuras financieras que se hace cada vez más difícil discernir dónde empiezan los intereses comerciales e industriales y dónde terminan los intereses estrictamente financieros”. Véase David Harvey, Ibíd., pp. 185-187

50 “El inconveniente de estas hipótesis es que relegan la acumulación basada en la depredación, el fraude y la violencia a una ‘etapa original’ ya superada o que se considera, como en el caso de Luxemburg, algo ‘exterior al capitalismo como sistema cerrado. Una reevaluación general del papel continuo y persistente de las prácticas depredadoras de la acumulación ‘primitiva’ u ‘originaria en la amplia geografía histórica de la acumulación de capital es, por tanto, muy necesaria, como han observado recientemente varios autores. Dado que no parece muy adecuado llamar ‘primitivo’ u ‘original’ a un proceso que se halla vigente y se está desarrollando en la actualidad, en lo que sigue sustituiré estos términos por el concepto de ‘acumulación por desposesión’”. Véase David Harvey, El nuevo imperialismo, p. 116

51 David Harvey, Breve historia del neoliberalismo, pp. 175-176

52 David Harvey, Ibíd., p. 177. Harvey incluso continúa en la misma página: “El sistema financiero capitalista adoptó entre sus principales instrumentos la promoción comercial de acciones, el sistema Ponzi, la destrucción de activos estructurados a través de la inflación, la compra de empresas en crisis para vender sus bienes mediante fusiones y adquisiciones y la promoción del endeudamiento por parte de las autoridades públicas hasta niveles que acaban reduciendo a poblaciones enteras (···) a un estado de servidumbre por deudas, por no mencionar el fraude empresarial, o la desposesión de activos (como el asalto a fondos de pensiones que eventualmente se ven diezmados por crisis de capitales y de empresas) mediante la manipulación del crédito y del valor de las acciones”.

53 David Harvey, Ibíd., p. 178

54 “Se calcula que desde 1980 ‘cerca de cincuenta planes Marshall (aproximadamente 4,6 billones de dólares) han sido transferidos desde los pueblos de la periferia a sus acreedores en el centro’. ‘Que mundo tan curioso’, suspira Stiglitz, ‘en el que los países pobres estén en efecto subvencionando a los ricos’”. Véase David Harvey, Ibidem

55 David Harvey, Ibíd., p. 180

56 David Harvey, Ibíd., pp. 180-181


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