Chile en el sistema-mundo capitalista. La encomienda en la producción de oro y su impacto en el mercado mundial

26 10 2009

El siguiente trabajo versará acerca de la encomienda en el sistema-mundo capitalista, principalmente en el siglo XVI y, particularmente en relación al oro. Aquí no nos proponemos a pasar una revisión bibliográfica en torno a la definición de encomienda en sí misma, sino más bien a ver qué rol tenía, tanto dentro del mercado interno en Chile así como en el mercado mundial.

Ahora bien, ¿qué es la encomienda? Tal puede ser definida como un premio (o contrato) que es entregado, por parte de la Corona española, a los que han participado en la hueste indiana -la empresa privada de conquista-. Según Weber, la encomienda es una asignación individual de tierras del dominio público, y según él “trátase de un feudo con derecho a utilizar a los indios para prestaciones forzosas, tributos y corveas”.1 Para Immanuel Wallerstein, la encomienda no es la mera continuación o repetición del feudalismo europeo dentro de las Américas españolas en general y, en Chile en particular. Está muy lejos de aquello. Para Wallerstein, aunque la encomienda se pareciera jurídicamente al feudalismo, había una diferencia: que en la primera “el terrateniente (señor) producía para una economía-mundo. Los límites económicos de su presión explotadora venían determinados por la curva oferta/demanda de un mercado”.2 Es decir, que en el feudalismo se produce para el uso interno, mientras que la encomienda gran parte de su producción va a parar al mercado externo o mundial. Aunque esa es la mitad de la definición. Pues, la encomienda es también una forma de servidumbre y Wallerstein lo denomina como “trabajo obligado en cultivos para el mercado”, que es un “sistema de control del trabajo agrícola en el cual a los campesinos se les requiere, por medio de algún proceso legal respaldado por el Estado, para trabajar, al menos a tiempo parcial, en un dominio de grandes dimensiones que produce algún producto para su venta en el mercado mundial”.3 En este sentido de acuerdo con Wallerstein, la encomienda era una forma de trabajo forzado, el cual era muy frecuente en las zonas periféricas de la economía-mundo capitalista de entonces. Para Salazar, la encomienda era una forma de aumentar la fuerza de trabajo con un costo casi cero por parte de los capitalistas, es decir, era un “sistema laboral que redujera al mínimo o que en lo posible anulara por completo el pago de salarios en dinero”.4 Y, por último, Salazar considera a la encomienda como un sistema laboral que solamente la élite económico-política gozaba, ya que “fue planeada para ser -y fue- una minoría superestructuralmente privilegiada. Organizada a contrapelo de la racionalidad empresarial”.5 Consiguientemente, Salazar llega a la conclusión de que la actividad laboral era predominante fuera de las relaciones establecidas por la encomienda, pero ello no será objeto de este trabajo. Solo será mencionado, que para Salazar eso era así, porque “los colonos no formaron fuerza de trabajo sólo subyugando indios, sino también discriminando colonos pobres e individuos racialmente mezclados”.6

Ahora bien, ya definida la encomienda, ¿qué rol tenía dentro de la economía-mundo capitalista en el siglo XVI y, qué mercancías en particular producía para el mercado mundial? La encomienda, tenía como rol principal, sobre todo al inicio de la conquista en Chile el de proporcionar fuerza de trabajo semi-esclava a los conquistadores, que en ese entonces escaseaba tanto. Y ¿en dónde ocupaban dicha mano de obra?, pues en un principio la ocupaban en los lavaderos de oro, el cual tuvo un pequeño auge en la zona sur de chile. De acuerdo con Salazar, “el centro económico de la colonia se instaló entonces al sur del Bío-Bío y no en torno a Santiago”, y más adelante, menciona que “si México, Perú y Bolivia se habían hecho famosos por su producción de plata, los colonos chilenos, en silencio, habían logrado -con el uso y abuso de las encomiendas indígenas- convertirse en uno de los países de mayor producción aurífera de entonces”.7 Y ¿qué rol cumplía ese oro en la economía-mundo?, pues contribuía al aumento del circulante que se necesitaba para aumentar la circulación de mercancías, ya sea tanto a nivel local “chileno” como a nivel mundial. Es decir, se necesitaba en función de expandir el volumen de metales preciosos en circulación pero no necesariamente para aumentar el ámbito geográfico de la misma. Wallerstein plantea también que, la actividad económica de la encomienda fue “la de suministrar fuerza de trabajo para las minas y las haciendas ganaderas, así como para trabajar la seda y suministrar productos agrícolas a los encomenderos y a los trabajadores de las minas y las ciudades”.8 Como la encomienda tenía varias actividades de por medio, tanto ganaderas como mineras (y quizás también manufactureras), ahora veremos qué rol específico tenía para la economía-mundo capitalista la actividad minera -y en especial en relación al oro-. La influencia de los metales preciosos americanos y del oro chileno en particular, se manifestó con la llamada “revolución de los precios”. Y al apreciar las observaciones de Wallerstein, se puede ver que en el lapso 1504-1550 hay una “subida estable”, mientras que en el lapso 1550-1562 hay una “recesión relativamente menor”;9 todo lo anterior en relación a los precios y los metales preciosos. Dicha recesión relativamente menor podría deberse al agotamiento de las reservas auríferas en la zona centro sur, lo que obligó a un establecimiento de los lavaderos más al sur de Chile, lo que provocó entre el lapso 1562-1650 ya una “expansión”,10 y a pesar del desastre de Curalaba que detuvo toda la producción de oro al sur de Chile. Independiente de dicha crisis, ¿cuál era el objetivo de toda esa producción de oro?, el objetivo era la devaluación del circulante, o sea la inflación. Es decir, el oro proporcionado específicamente por Chile al inicio de la conquista, otorgó la formación de un espacio de circulación homogénea que, permitió consiguientemente la perpetuación en el tiempo del sistema-mundo capitalista, el cual en ese entonces era más bien de carácter mercantilista. Y ¿por qué fue importante el oro para este proceso?, principalmente porque para Wallerstein, lo más importante de todo eso, no es tanto el que subieran los precios, sino más bien porque “realizó funciones importantes para la economía-mundo europea en expansión. Sustentó el impulso de la expansión, protegiendo aquel sistema aun débil contra los asaltos de la naturaleza”.11 Es decir: autonomizó la circulación mundial de los vaivenes climáticos locales.

Hasta ahora, hemos proporcionado un vínculo un tanto “circulacionista” (los productos en la circulación) en torno a la encomienda y su participación en el sistema-mundo capitalista, y no ha podido apreciarse por ahora lo “productivista” (las relaciones de producción) en cuanto al sistema en su conjunto; o sea, a los procesos laborales, que Wallerstein los establece en términos de División Internacional del Trabajo, que se dan en forma tripartita al interior de la economía-mundo en su totalidad. Y aquí rebasamos el marco estrictamente chileno o “nacional” para explicar el componente “productivista”, ya que las estructuras políticas no son sistemas sociales totales, sino mas bien parciales. Faltó mencionar que la división internacional del trabajo es geográfica y está en “función de la organización social del trabajo, que magnifica y legitima la capacidad de ciertos grupos dentro del sistema de explotar el trabajo de otros, es decir, de recibir una mayor parte del excedente”.12 Dentro de ese sistema que establece relaciones centro-periferia, la periferia es la zona en donde se llevan los procesos laborales con sobre-explotación, mientras que en el centro es donde el trabajo tiene menores niveles de explotación laboral; con los productos sucede algo parecido: en las periferias se producen productos agrícolas mientras que en los centros se producen productos manufacturados, y cuyo intercambio recíproco conlleva al intercambio desigual. Wallerstein menciona que en esa época ya se daba esa relación, pues “la periferia (Europa oriental y la América española) utilizaba trabajo forzado (esclavitud y trabajo obligado en cultivos para el mercado)”,13 en que la encomienda era una forma de aquellos sistemas laborales; y los productos que proporcionaba la periferia y Chile en particular, no eran manufacturados precisamente sino el metal que permitía, a España y los demás Estados centrales de la economía-mundo capitalista, monopolizar el instrumento de la circulación de bienes por excelencia: el dinero mundial. Y al monopolizar el dinero mundial, ello permitía efectuar la devaluación de las monedas al interior y, beneficiarse aun más del intercambio desigual en el exterior ya que les permitía obtener mas valores de uso.

Quizás llame la atención que en el trabajo diga que en las Américas españolas y en Chile en especial ya estábamos en el capitalismo. Ahora bien, hay que responder una pregunta como ésta: ¿estábamos ya en el capitalismo o en una transición al capitalismo sui géneris? Si bien esta es una pregunta más bien de orden conceptual que histórica, convendría encargarse del adjetivo “capitalista” cuando se habla de las condiciones económicas en el Chile del siglo XVI. No obstante, esta no es una transición del feudalismo al capitalismo tal como se dio en Europa, sino que los españoles la trajeron consigo y se combinó con el propio modo de producción precapitalista originario de América. Pero aún así, aunque la transición haya sido un fenómeno “exógeno, fue de todas formas vivido en América en relación a la llamada “acumulación originaria” en que se separan a los productores directos de sus medios de producción para que consecuentemente, la fuerza de trabajo y los medios de producción se mercantilicen. ¿Para qué? Para que la “producción capitalista por eso tenga que ser dividida entre el Departamento I el cual produce medios de producción para vender a los capitalistas y el Departamento II el cual produce medios de consumo personales para vender a los trabajadores, capitalistas y sus funcionarios”.14 Y según estos autores, la extracción del plusvalor se realiza en la circulación (intercambio) de las mercancías entre los trabajadores y los capitalistas, en la que los últimos salen ganando. Salazar a este respecto, afirmaría que hubo una transición al capitalismo al plantear que la empresa de conquista “implicaba dejar de ser un vagabundo marginal para devenir en una proto-burguesía colonial. Para realizar esto no tenían más que organizar los factores productivos a su alcance (es decir: la tierra, los yacimientos y la fuerza de trabajo indígena) del mejor modo posible (···) O sea: tenían al alcance de su voluntad la posibilidad de montar un mecanismo propio de acumulación primitiva”.15 En este sentido, los papeles que representaban el “departamento” I estaba representado por los mercaderes, mientras que el “departamento” II estaba representado por los estancieros así como a las encomiendas (con la salvedad de que el oro era para la circulación y no un medio de consumo propiamente tal), por lo que el plusvalor era extraído por los empresarios a la fuerza de trabajo que tenía bajo su mando, y los mercaderes a su vez extraían otra parte del plusvalor a los empresarios productores por medio de las actividades mercantiles. Por lo tanto, la encomienda no puede entenderse si no se ve en el conjunto de la economía-mundo capitalista, y era parte de una red en donde se extraía parte del plusvalor sucesivamente. En este sentido, ellos, postulan que en el capitalismo de transición o mercantil ocurre precisamente lo anterior: que “lo que es peculiar al capitalismo no es meramente el intercambio de productos en la forma de mercancías sino la función crucial del sistema de circulación de mercancías en el mecanismo de extracción del plusvalor”,16 de plusvalor absoluto, no relativo, o sea alargando más la jornada laboral. Por eso no era capitalismo industrial.

En conclusión, la encomienda no puede meramente comprenderse por sí misma y en cuanto a las formas jurídicas feudales que se le atribuía. Pero como se pudo apreciar, tampoco se puede entender muy bien se no se la observa en relación no solo al sistema colonial en su conjunto, sino también en cuanto al sistema-mundo capitalista (o al proceso de “globalización” que se estaba llevando a cabo). Por lo tanto, la encomienda era importante a nivel mundial porque formaba parte de la División Internacional del Trabajo, pero también por el producto minero que proporcionaba: el metal precioso (oro) que salía de la actividad minera. En lo personal, llama la atención que los españoles y después los europeos en general, gracias a la actividad minera sacaran casi todo el metal precioso y que, establecieran al mismo como monopolio legal para hacer funcionar la circulación de las mercancías dentro de la economía-mundo capitalista. Y llama la atención, que los europeos no sólo realizaban un intercambio desigual en términos numéricos, sino en que remuneraban con muy pocos valores de uso por el trabajo forzado, mientras simultáneamente obtenían el valor de cambio mundial que les permitía acceder a otros valores de uso locales. Por último, quizás este trabajo tenga muchas lagunas e insuficiencias, pero ha sido un intento de observar el tema más allá de lo local o circunscrito en la unidad de análisis tan típica y aun de uso masivo que es la llamada “sociedad nacional”. Aquí se intentó verlo a nivel cuasi-mundial.

1 Max Weber, Historia económica general, FCE, 1ª edición, 1942, 8ª reimpresión, 2001, México, p. 68

2 Immanuel Wallerstein, El moderno sistema mundial I. La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI, Siglo XXI, 12ª edición, 2007, México, p. 127

3 Immanuel Wallerstein, Ibidem

4 Gabriel Salazar, Historia de la acumulación capitalista en Chile (Apuntes de clase), Lom ediciones, 1ª edición, 2003, Chile, p. 53

5 Gabriel Salazar, Labradores, peones y proletarios. Formación y crisis de la sociedad popular chilena del siglo XIX, Ediciones Sur, 1ª edición, 1985, Chile, p. 25

6 Gabriel Salazar, Ibíd., p. 26

7 Gabriel Salazar, Historia de la acumulación capitalista en Chile (Apuntes de clase), p. 40

8 Immanuel Wallerstein, El moderno sistema mundial I, p. 129

9 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 96

10 Immanuel Wallerstein, Ibidem

11 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 105

12 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 492

13 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 144

14 Barry Hindess y Paul Q. Hirst, Pre-capitalist modes of production, Routledge & Kegan Paul Ltd., 1ª edición, 1975, Gran Bretaña, pp. 289-290

15 Gabriel Salazar, Historia de la acumulación capitalista en Chile (Apuntes de clase), p. 38

16 Barry Hindess y Paul Q. Hirst, Pre-capitalist modes of production, p. 290


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