Contra la teoría de la modernización. Discusión sobre los enfoques institucional, cepaliano y sistémico-mundial

26 10 2009

El siguiente trabajo será una somera exposición acerca de tres enfoques o aproximaciones al desarrollo económico. Tales enfoques son: i) la Nueva Economía Institucional de Douglass North, ii) la visión (o teoría) de la CEPAL y en particular de Raúl Prebisch, y, iii) la perspectiva de los “análisis de sistemas-mundo” de Immanuel Wallerstein. Se eligió este título —“contra la teoría de la modernización”— para el trabajo, porque la visión de North termina siendo sucesora de las añejas teorías de la modernización, las cuales, estuvieron muy en boga en los EEUU de los años ‘40 y ‘50 del siglo XX. Consiguientemente, este ensayo es una valorización de las contribuciones que hicieron tanto la CEPAL de Prebisch, como de la visión sistémico-mundial de Wallerstein, ignorando las diferencias políticas implícitas en estos dos últimos autores.

La Nueva Economía Institucional de Douglass North, parte de la base de que el determinante del desarrollo económico son las instituciones humanas. Según el autor, más que la tecnología son las instituciones realmente efectivas y eficientes las que realmente marcan la diferencia entre los distintos desempeños económicos a largo plazo de los países. ¿Por qué juegan un rol tan importante las instituciones?, por dos razones. En primer lugar, porque reducen la incertidumbre en la interacción humana y en el intercambio. Y en segundo lugar, porque imponen o mejor dicho son las portadoras de las “reglas de juego” que rigen el intercambio humano. Y a su vez, para analizar el rol de las instituciones en la economía y en el desarrollo, según el autor hay que observar ciertos elementos culturales y a largo plazo: “en la medida que las experiencias eran comunes a diferentes tribus, los modelos mentales proporcionaban explicaciones comunes. El lenguaje y los modelos mentales dieron lugar a las restricciones informales que definían el marco institucional de la tribu (···) que, a su vez, aseguraban la continuidad de lo que llamamos cultura, parte de la clave en la dependencia del trayecto (path dependence)”.1 Por consiguiente, el factor cultural es lo que determina todo el desempeño económico a través del devenir histórico pasado.2 El problema de fondo para North, es el desajuste y la adaptación en las que se pasaba de las instituciones tradicionales (o atrasadas) a instituciones modernas (o desarrolladas) que estuviesen a la altura de poder realizar intercambios con un carácter impersonal y anónimo en el tiempo y el espacio: “pero en la medida que la ‘experiencia local’ había producido modelos mentales e instituciones diferentes en relación con los beneficios de la cooperación, fue variando la probabilidad de crear las instituciones necesarias para obtener los beneficios del comercio con un sistema de contratación más complejo”.3

Pues, ¿cómo subsanar tal desajuste en el traspaso de instituciones tradicionales a las instituciones modernas? Según el autor, el factor clave para ello es el aprendizaje. ¿Aprendizaje para qué?, para dejar atrás el carácter provinciano y tradicional que permeaba el intercambio humano en antaño. En este sentido, North plantea que el aprendizaje se realiza con el fin de que las sociedades u organizaciones sobrevivan en la competencia comercial: “La clave de este asunto son las formas de aprendizaje que tienen las organizaciones humanas para sobrevivir”.4 Por consiguiente, las instituciones no son el meollo del desarrollo económico para North, sino que es el aprendizaje de los sujetos para adaptarse a las circunstancias,5 o en otras palabras, para adaptarse a la competencia económica y evitar los monopolios. Las instituciones son simplemente una materialización del aprendizaje llevado a cabo por los individuos en sociedad, y que de acuerdo con North, no necesariamente son socialmente efectivas, es decir, “han sido creadas para servir a los intereses de aquellos que tienen poder de negociación para crear nuevas reglas”.6 Esos intereses poderosos materializados en las instituciones se expresan en los costos de transacción, los cuales funcionan a favor de un cierto grupo en desmedro de otros. Tales costos de transacción, si es que son positivos influyen de acuerdo con North en el desempeño económico a largo plazo, marcando así el desarrollo diferencial de las sociedades.7 La única forma de subsanar tales desarrollos diferenciales es por medio del aprendizaje, pero no para realizar actividades redistributivas para North sino para hacer crecer más la economía. Para el autor el dinamismo de una economía se aprecia en la velocidad del aprendizaje la cual expresará “la intensidad de la competencia entre las organizaciones”.8 Pero el cambio económico no sólo se ve expresado en el nivel de competencia, sino en la dirección que ese aprendizaje tiene dentro del mismo cambio.9

Pero al ser también un problema institucional, el conflicto deja de ser meramente cognitivo y se transforma en un problema político, en que el grupo perjudicado por las instituciones existentes (el establishment) querrá cambiar en consecuencia las mismas “reglas del juego”. La economía aquí deja de ser algo meramente productivo-redistributivo y pasa a ser un problema político, puesto que en el esquema de North es el Estado el que fija las reglas de juego, o sea, es el Estado la institución suprema que regula todo el funcionamiento económico: “son los poderes del Estado los que determinan el funcionamiento económico, porque son ellos los que definen e imponen las reglas del juego económicas”.10 No obstante, tal cita no dice mucho acerca de cómo o a través de qué medios el o los Estados implementan y ponen en marcha las reglas económicas. Douglass North, un poco más adelante establece los medios: “por eso, el objetivo principal de la política de desarrollo debe ser la creación de Estados que creen e impongan derechos de propiedad eficientes”.11 Sólo a través de derechos de propiedad eficientes es que, según la nueva economía institucional, la economía “nacional” podrá crecer y ser eficiente. En resumidas cuentas, para North, el meollo del cambio económico radica en las instituciones y esto último estriba, en última instancia, en los esquemas o sistemas de valores que poseen los individuos en el seno de una determinada sociedad “nacional”. Ahí radica todo el componente culturalista y eurocéntrico del enfoque de North, porque está afirmando —implícitamente— que las reformas de las instituciones “atrasadas” a las “modernas” a fuer de ser exitosas, “es fundamental cambiar las instituciones y los esquemas de valores (belief systems), dado que son los modelos mentales de los actores los que determinan las decisiones”.12 North, le estaría mencionando al resto del mundo que, para que ellos sean desarrollados deben cambiar sus patrones culturales —y mentalidad— y, consecuentemente adoptar el patrón occidental imponiendo así el pensamiento único del neo-liberalismo. Es decir, el resto del mundo debe tener instituciones con costos de transacción cero o lo menos posible para de esa forma estar acorde con el libre mercado pregonado por los EEUU. Y ésto último es precisamente lo que es criticado por Raúl Prebisch —o la CEPAL— y por Immanuel Wallerstein, que serán expuestos a continuación.

Para Raúl Prebisch, el meollo de todo el asunto está en la acumulación diferencial de capital que se da entre los centros y las periferias del capitalismo mundial; Wallerstein plantea algo similar, con la diferencia de que no solamente existen los centros y las periferias de Prebisch, sino que también están lo que llama como semiperiferias del sistema-mundo y las “arenas externas” del mismo. No obstantes, ambos autores no comparten plenamente que dicha acumulación diferencial se debe a la tecnología que es aplicada a los procesos económicos. Para Prebisch “la índole centrípeta del capitalismo se manifiesta persistentemente en las relaciones entre los centros y las periferias. En los primeros se origina el progreso técnico y tiende a concentrarse en ellos el fruto de la creciente productividad que trae consigo”,13 dando una visión eminentemente centrípeta y circulacionista del capitalismo mundial; en Wallerstein, veremos que su visión combina tanto la índole centrípeta del capitalismo como centrífuga del mismo. Ahora bien, en Prebisch se aprecia que su unidad de análisis más importante es América Latina como un todo, pero por mucho que su unidad de análisis sea regional ello, sin embargo, no quiere decir que al continente lo caracterice como algo aislado del resto del mundo; de hecho, él plantea mucho antes que Wallerstein, que América Latina está inserta (como periferia) en el capitalismo mundial.

Prebisch hace una de las primeras conceptualizaciones acerca del subdesarrollo de América Latina en contraposición al desarrollo de los EEUU y de Europa occidental. Su primera conceptualización o la básica es la acuñación de conceptos como “centro” y “periferia”, las cuales son subdivisiones tanto económicas como geográficas al interior del capitalismo mundial. Pues bien, ¿cómo se caracterizan ambos espacios diferenciados? Se caracterizan de diversos modos y a consecuencia de la tecnología —como se dijo previamente—. La tecnología es la respuesta del desarrollo diferencial para Prebisch, la cual hace que las diferencias entre ambos espacios se manifieste patentemente. Una primera diferenciación entre ambos es vista así por Prebisch: “dentro de esa periferia, el progreso técnico sólo prende en exiguos sectores de su ingente población, pues no penetra allí donde se hace necesario para producir alimentos y materias primas a bajo costo, con destino a aquellos grandes centros industriales”.14 A grosso modo entonces, los centros y las periferias del capitalismo mundial, se definen en que los primeros poseen la alta tecnología mientras que éstos últimos al no poseerla, sólo se dedican a actividades económicas primario-exportadoras, mientras que los centros les venden a las periferias productos manufacturados e industriales que tienen precios muy altos en comparación con los productos agrícolas periféricos. Prebisch aborda este problema por medio del concepto de términos de intercambio. Y ¿qué son éstos términos de intercambio? Según el autor, sería un coeficiente de importación.15 Este coeficiente de importación mostraría una relación cuantitativa en que, la periferia a pesar de que exporte cada vez más en volumen sus mercancías agropecuarias a los centros, lo cierto es que adquieren paulatinamente menos volumen de productos altamente tecnológicos provenientes de los centros.16

La forma en que las periferias tendrían que desarrollarse, sería por medio de la Industrialización y Sustitución de Importaciones, en que éstas tendrían que copiar el desarrollo económico-industrial de los países desarrollados. Pero aún así, por más que las periferias intenten industrializarse, se aprecian fenómenos —a consecuencia de la industrialización tardía— que los centros no experimentaron con tanto apremio. En primer lugar, está el problema de la llamada heterogeneidad estructural, que es un fenómeno que afecta primordialmente a los capitalismos periféricos. Ella consiste en la coexistencia geo-temporal, sobre la base de una misma economía “nacional”, de elementos “modernos” y de elementos “atrasados”. Sin embargo, el problema no es la mera coexistencia de ambos tipos de actividades. El problema de fondo es que “de esos dos tipos de actividades, las mencionadas en primer término generan el empleo, y las segundas albergan el subempleo”.17 Prebisch argumenta que para tener una industrialización efectiva y eficiente, hay que efectuar una acumulación de lo que él llama capital reproductivo, ya que es ese el que trae un aumento real del empleo.18 La especificidad del capitalismo periférico y del desarrollo en dicha zona geo-económica, es que se caracteriza por una insuficiente acumulación de capital reproductivo, lo cual se manifiesta en palabras de Prebisch en la “gran proporción de fuerza de trabajo ocupada en capas técnicas de muy baja productividad”.19 ¿Por qué sucede tal fenómeno? Porque, de acuerdo con Prebisch, el excedente económico no es utilizado para la acumulación de capital reproductivo, y, aquí él alude a la llamada sociedad de consumo. La sociedad de consumo entorpece la acumulación de dicho capital porque cuando aumenta el excedente económico, gran parte de éste es para el consumo de las clases altas en los países periféricos, los cuales podrían ser usados mejor para aumentar el capital reproductivo.20 Aquí se puede apreciar cierta influencia de Marx en Prebisch, ya que aquél arguye que por mucho que la industrialización quiera absorber fuerza de trabajo, lo cierto es que siempre terminará excluyendo a parte de los trabajadores del proceso de producción.21

Otro problema que tienen las periferias en su desarrollo económico, es la llamada especialización económica, que tiene mucho que ver con el proceso de industrialización. El problema de la industrialización periférica, es entendido como un proceso que va desde una industrialización simple hasta una industrialización compleja. Esto quiere decir, que esta zona tiene que comenzar “por elaborar bienes de consumo sencillos, y que sólo de forma gradual se vaya extendiendo a la producción de bienes tecnológicamente más complejos: bienes de consumo durables, intermedios y ciertos bienes de capital”.22 Las economías periféricas consiguientemente, deberían industrializarse por etapas para superar dicha especialización económica. Aquí Prebisch resalta que las periferias cuando estaban logrando o ejecutando efectivamente la industrialización, sólo se concentraron en la industrialización sustitutiva de importaciones, no expandiéndola hacia la venta de artículos manufacturados al mercado exterior, aunque también destaca la responsabilidad de los centros por no haber alentado las exportaciones periféricas.23 Entonces, el problema de fondo con respecto a la industrialización, es que sólo se quedó en la etapa sustitutiva, ya que según el autor el carácter centrípeto del capitalismo mundial queda encubierto durante las fases de expansión económica, pero es sólo una expansión aparente para las periferias, ya que el carácter centrípeto en realidad no desaparece.24 Además, de acuerdo con Prebisch, uno de los factores que más inciden en esta especialización económica (tanto en los productos primarios como industriales de consumo masivo), radica en el proteccionismo que aplican los centros con respecto a los productos periféricos que sí son competitivos frente a los productos de aquellos, pues el centro “ha liberalizado aquello donde la periferia no tiene por ahora ventajas comparativas debido a la superioridad técnica y económica de los centros”.25

Pero este no es el problema total. También hay problemas en relación al comercio exterior o al nivel del mercado mundial. Pues no solo la sociedad de consumo de las clases altas periféricas, ni el proteccionismo de los centros influye genera el subdesarrollo, sino que también influyen las llamadas crisis económicas. Aquí ya no se aluden a frenos endógenos del subdesarrollo, sino a frenos exógenos. El estrangulamiento exterior de la periferia es consecuencia del retardo estructural, en que éstas dependen de la demanda central para que puedan expandir sus economías. Esto queda claro cuando Prebisch menciona que “en las fases de bonanza, las fluctuaciones cíclicas suelen hacer perder de vista en la periferia la tendencia latente hacia el estrangulamiento exterior; en tanto que en las fases declinantes esa tendencia vuelve a presentarse en forma generalmente más difícil de contrarrestar por la sola decisión autónoma de los países”.26 Esto quiere decir a grandes rasgos, que por mucho que se haya hecho una política de industrialización sustitutiva de importaciones, lo cierto es que las periferias no han podido desvincularse de las actividades primario-exportadoras, puesto que aunque hayan conseguido ese grado de industrialización las continúan de todas formas con actividades primario-exportadoras. Y además, que las periferias, a fuer de crecer económicamente deben producir para los centros industriales, pero que en momentos de crisis no es posible crecer, mediante el “desarrollo hacia afuera”.

Ahora bien, con Immanuel Wallerstein el desarrollo no estriba en el cambio tecnológico ni en la centralización de los procesos económicos, sino que radica tanto en la constante búsqueda de ganancia por parte de los capitalistas,27 como en la dialéctica proletarios-semiproletarios, en que los trabajadores son los que mueven el sistema, obligando a los capitalistas a innovar tecnológicamente. Pero primero, ¿qué es el sistema-mundo capitalista?, en palabras de Wallerstein: “es una entidad económica pero no política, al contrario de los imperios, las ciudades-Estado y las naciones-Estado. De hecho, precisamente comprende dentro de sus límites (es difícil hablar de fronteras) imperios, ciudades-Estado, y las emergentes ‘naciones-Estado’. Es un sistema ‘mundial’, no porque incluya la totalidad del mundo, sino porque es mayor que cualquier unidad política jurídicamente definida. Y es una ‘economía-mundo’ debido a que el vínculo básico del sistema es económico”.28 El carácter centrípeto de este sistema social histórico solamente abarca, de acuerdo con él, a la tecnología, la cual se queda en los centros monopolizando de esa manera la alta productividad. No obstante, el capitalismo también tiene otra lógica muy ligada a la anterior, que más bien se caracterizaría como centrífuga, pero que abarcaría el ámbito de la circulación de las mercancías así como la División Internacional del Trabajo. Wallerstein planteó lo primero de la siguiente forma: “las cadenas de mercancías no han seguido direcciones geográficas aleatorias. Si las dibujáramos todas en un mapa, advertiríamos que han adoptado una forma centrípeta. Sus puntos de origen han sido múltiples, pero sus puntos de destino han tendido a converger en unas pocas áreas”.29 Al principio lo que plantea el autor parece contradictorio con respecto a la lógica centrífuga del capitalismo mundial, pero no es así. La explicación del aumento de la esfera de circulación dentro del capitalismo mundial, radica en la expansión del sistema-mundo y la incorporación a éste último de las llamadas “arenas externas”.30

Entonces, si la explicación de la expansión del sistema-mundo capitalista no se encuentra en la búsqueda de nuevos mercados exteriores, entonces ¿dónde radica dicha explicación? La explicación fundamental para el pensador de los sistemas-mundo, radica en la búsqueda constante, por parte de los países centrales de la economía-mundo por fuerza de trabajo más barata que aquella que se ubica al interior de sus propias economías “nacionales”.31 Aquí hay que entender que Wallerstein lidia con la “paradoja” de la escasa proletarización —a nivel mundial— que según Karl Marx, iba a subir demasiado hasta ser casi total, estableciéndose así la creciente polarización socio-económica entre el capitalista y el proletariado.32 Siguiendo con la argumentación wallersteiniana, ¿qué es el proletario? Y consecuentemente ¿qué es la proletarización? Wallerstein entiende por proletario a “las personas que venden su trabajo”33 en un mercado laboral. Y el problema, como se dijo previamente no es que haya habido o no dicho fenómeno, sino que en palabras del autor: “lo sorprendente no es que haya habido tanta proletarización, sino que haya habido tan poca”.34 Se puede sostener que el proletariado —para Wallerstein— es aquél grupo de trabajadores que es realmente asalariado, independientemente si se dedican a trabajos industriales o de cualquier otra índole; aunque el autor, tampoco está de acuerdo con esa definición de proletariado solamente por ser un trabajador asalariado.35 Para Wallerstein, claramente no es posible ni analíticamente adecuado medir al proletariado en función de individuos solos por sí mismos, sino que para él es más adecuado medirlo tomando como unidad de análisis a las unidades domésticas.36 En relación a las unidades domésticas es que se puede comprender el proceso de proletarización de los trabajadores.

Según Wallerstein, la proletarización de las unidades domésticas ha ido muy de la mano con la distinción —moderna, por cierto— entre dos tipos de trabajo: a) el trabajo productivo y b) el trabajo improductivo. El primer tipo de trabajo era igual a un trabajo que equivalía a dinero, mientras que el no productivo “aunque muy necesario, era meramente una actividad de ‘subsistencia’ y que por tanto, se decía, no producía un ‘excedente’ del que pudiera apropiarse alguien”.37 Por lo tanto, de acuerdo a la argumentación de Wallerstein, dicha separación se institucionalizó con la aparición del trabajo asalariado (en dinero) que es trabajo “productivo”, mientras que se relegaba a segundo plano y como trabajo no remunerado al trabajo “improductivo”.38 El trabajo improductivo entonces implicaba una actividad que no estaba totalmente mercantilizada “o bien implicaba una producción simple (pero en este caso verdaderamente simple) de mercancías”.39 Y por este lado, Wallerstein explica la expansión del capitalismo a nivel mundial. La institucionalización de dicha distinción de ambos trabajos, quedó estatuida en las estadísticas nacionales de la población económicamente activa, en las cuales, “todos los cabezas de familia fueron considerados miembros de la población activa, pero no así las amas de casa”.40 Con esta distinción se podrá entender la baja proletarización de la fuerza de trabajo, así como de la expansión del sistema mundial capitalista. Pero primero será observado el primer fenómeno, y a continuación el segundo —obviamente estableciendo los vínculos entre ambos—. Según Wallerstein —al explicar lo primero— parte del supuesto de que el capitalista siempre prefiere pagar menos por la misma fuerza de trabajo en correlación con “la exigüidad del nivel al que los asalariados podrían permitirse aceptar está en función del tipo de unidades domésticas en el que los asalariados vivan a lo largo de su vida”.41 En otras palabras, y de manera más simple: los trabajadores asalariados que tuviese unos ingresos salariales muy altos (ya sea nominalmente o en relación al porcentaje total de ingresos no salariales), éstos no realizarían trabajos que reportarían remuneraciones más bajas; mientras que los trabajadores y las unidades domésticas semiproletarias al tener un ingreso salarial menor al total de los ingresos “resultaba racional aceptar un empleo a un nivel de remuneración que representaba una parte inferior a la proporcional (en términos de horas trabajadas) de los ingresos reales (···) o implicaba la sustitución de un trabajo en tareas todavía menos remunerativas por este trabajo remunerado con un salario”.42

La utilización de trabajadores semiproletarios por ende, implicaba que bajara el umbral de salario mínimo aceptable —término de Wallerstein— y que consecuentemente bajaran los costes de producción para los capitalistas, simultáneamente con un aumento en el margen de ganancia.43 Pero ésta es la explicación de dicho fenómeno desde el punto de vista del capital. Ahora Wallerstein, se pregunta ¿por qué la proletarización ha seguido subiendo? Según el, no ha sido debido “a las presiones sociopolíticas de los estratos empresariales”,44 sino que los capitalistas más bien se han opuesto a la proletarización de la mano de obra, puesto que según él la proletarización, en primer lugar, aumenta de hecho el salario real de la fuerza de trabajo; y en segundo lugar, porque tiene consecuencias políticas.45 Pero el argumento wallersteiniano va mucho más allá de eso, y para él hay que entenderlo en el contexto del mercado. No obstante, él no entiende el mercado como un lugar físico y local en dónde se intercambian productos finales —en donde hay un productor final y un consumidor final— sino como un espacio en dónde se ubican realmente los productores intermedios (de insumos). Wallerstein lo plantea así: “la mayoría de las transacciones han implicado un intercambio entre dos productores inmediatos situados en una larga cadena de mercancías. El comprador compraba un ‘insumo’ para su proceso productivo. El vendedor vendía su ‘producto semiacabado’, es decir, semiacabado en función de su uso final en el consumo individual directo”.46 Entonces, el problema también tiene una faceta inter-empresa en que los capitalistas por individual quieren siempre comprar barato y vender caro, es decir: D-M-D’.47

No obstante, de acuerdo con Wallerstein, dicha lucha inter-capitalista no siempre se realizaba a través de las “leyes de la oferta y la demanda”. En este sentido, él encuentra dos restricciones a dicha ley mercantil smithiana. En primer lugar, por medio de las prácticas monopolistas; y en segundo lugar, a través de la llamada “integración vertical” de procesos de producción. Esta última práctica empresarial significa que “donde el ‘vendedor’ y el comprador’ eran de hecho y en última instancia la misma empresa, el precio podía ser arbitrariamente amañado con fines fiscales o de otro tipo, pero tal precio nunca representaba la interacción de la oferta y la demanda”.48 Ambas prácticas empresariales-capitalistas, tanto las monopolistas como la integración vertical, han sido según Wallerstein, históricamente la regla y no la excepción en el marco de la economía-mundo capitalista. Aquí conviene puntualizar el concepto de cadenas de mercancías, que para el autor “significa hablar de una amplia división del trabajo que, en el curso del desarrollo histórico del capitalismo, se ha hecho más y más extensiva en el plano funcional y geográfico y, simultáneamente, más y más jerárquica”.49 Dicha División Internacional del Trabajo —y de la producción— se hace entonces cada vez más diferenciada y jerárquica, lo que da lugar a la aparición de desarrollos diferenciales entre las distintas zonas geográficas de la economía-mundo capitalista, es decir, la aparición de centros y periferias al interior del mismo.50 Pero no nos hemos referido aún al elemento político-organizacional del sistema-mundo capitalista, el cual ha servido para ocultar las disparidades del desarrollo desigual de las diferentes zonas del sistema mundial: “la aparente separación en el sistema capitalista mundial entre la arena económica (una división social del trabajo a nivel mundial con unos procesos de producción integrados, todos los cuales operan en favor de la incesante acumulación de capital) y la arena política (compuesta en apariencia por Estados soberanos aislados, cada uno de los cuales es responsable autónomo de sus decisiones políticas dentro de su jurisdicción y dispone de fuerzas armadas para respaldar su autoridad)”.51

Con esta distinción analítica entre la arena política y la económica, se da a entender que las cadenas de mercancías han atravesado las fronteras nacionales, casi desde los inicios del sistema-mundo capitalista.52 Pues bien, dentro de este sistema conformado políticamente por Estados nacionales supuestamente soberanos, se daba lugar lo que se conoce como “intercambio desigual”. Dichos intercambios desiguales sucedían, porque “partiendo de una diferencia real en el mercado, debido a la escasez (temporal) de un proceso de producción complejo o a escaseces artificiales creadas manu militari, las mercancías se movían de tal manera que el área con el artículo menos ‘escaso’ ‘vendía’ sus artículos a la otra área a un precio que encarnaba un factor de producción (coste) real mayor que el de un artículo de igual precio que se moviera en dirección opuesta”.53 Y ¿qué tienen que ver las prácticas monopolistas y la integración vertical con el llamado intercambio desigual?, pues tienen mucho que ver, y el autor lo explica por qué. Según Wallerstein en donde se daba la integración vertical —al menos de dos procesos— “era posible desviar una parte aún mayor del excedente total hacia el centro de lo que entonces había sido posible”;54 y ese excedente ya en el centro era acumulado para reinvertirlo en tecnología y así sucesivamente para continuar el proceso.55 Lo anterior está muy vinculado con el terreno político, pues la acumulación diferencial de capital, con el centro como beneficiario de ese proceso, permitió la creación de Estados centrales fuertes al interior de la economía-mundo.56 Por Estado fuerte, se quiere decir de aquellos que tienen la capacidad fáctica para influir en los asuntos internos (en cualquier ámbito) de otro Estado. Consiguientemente, las esferas políticas y económica en la teorízación del desarrollo wallersteiniano no son separados sino que están muy correlacionados entre sí.

Ciertamente pareciera que se hubiese desviado del tema que se estaba abordando: el avance de la proletarización. Pero se tuvo que apreciar primero el trasfondo transnacional de la acumulación de capital, así como del vínculo existente entre las esferas económica y política las cuales se dan por sentado que son áreas completamente autónomas entre sí y, que funcionan con diferentes lógicas separadas; pues bien, para Wallerstein eso no es así: son sólo distinciones analíticas de una misma realidad,57 por las razones que se expuso previamente. Ahora bien, se podrá continuar con la exposición del argumento del aumento de la proletarización (desde el punto de vista del capital). En este punto Wallerstein recalca esta proletarización de los trabajadores, “es una presión contradictoria por parte de los mismos empleadores”.58 ¿Por qué?, porque aunque quieran bajar siempre los costos de producción —incluido el salario por la fuerza de trabajo— lo cierto es que según Wallerstein, los productores-capitalistas necesitan asegurar la circulación de las mercancías, en otras palabras, que los trabajadores sean consumidores efectivos,59 pues si se sube globalmente el nivel de salarios, entonces el margen de ganancias para las empresas, se reduce. La forma más sencilla de superar o al menos, de paliar esa contradicción “a escala global esto puede compensarse expandiendo el número de trabajadores asalariados en otros lugares del planeta que estén dispuestos a trabajar por salarios más bajos”.60 Entonces, sí sólo se miran a las sociedades nacionales como unidades de análisis totales, parecería que es evidente que no existe una creciente polarización socioeconómica al interior de los mismos, ya que al observar un país en particular se verá que no crece constantemente la proletarización de la fuerza de trabajo, y consiguientemente, que esa tesis marxista es falsa; pero al tomar solamente a las unidades de análisis nacionales se falsea —o distorsiona— el diagnóstico porque no se aprecia a nivel mundial, que según Wallerstein, el sistema-mundo es la unidad de análisis realmente importante y válida para hacer diagnósticos.

Pero esa explicación de por qué existe la proletarización, requiere de una observación relativamente más profunda. Esta proletarización se entiende como vimos, como una lucha inter-empresa pero no solamente en cuanto a la lucha por el precio de los insumos a vender. Esto también tiene que ver con qué tan cerrados o abiertos fuesen los mercados para determinadas mercancías. Aquí Wallerstein afirma que “el intercambio desigual servía por definición a estos intereses colectivos, pero no a muchos de los intereses individuales”61 de las clases capitalistas. La forma entonces, para evitar esta desigualdad inter-capitalista, desigualdad que se expresaba en una ganancia de empresarios individuales por sobre otros y, los capitalistas individuales para mantener (o cambiar) las cosas a su favor, recurren a la formación de monopolios -por medio de la acción del Estado- o tratando de entrar al mercado con métodos productivos más competitivos.62 Dichas luchas intra-burguesas se debatían siempre entre el monopolio y la libertad de mercados, por lo que la actividad económica en el capitalismo mundial nunca ha sido del todo estable. Y las tendencias monopolistas-liberalistas -con respecto al mercado- dan a lugar los llamados ciclos de expansión y recesión en el conjunto del sistema-mundo. En tales ciclos ocurrían fluctuaciones en donde “los desechos acumulados eran las ineficiencias económicas que con regularidad se incrustaban políticamente”,63 y, ¿cómo? Por medio de “la asignación más eficiente de los recursos (más eficiente en el sentido de que permitía una mayor acumulación de capital), que permitía la reestructuración regular de las cadenas de mercancías”.64

Dichos reajustes económicos han ocurrido según Wallerstein, cada cincuenta años dentro de los confines de la economía-mundo capitalista, en que las cadenas de mercancías que estuviesen muy saturadas, provocaban crisis de “superproducción”,65 lo que tendía hacia una reorganización de las mismas cadenas. De hecho, el autor explica que éstos ciclos de “superproducción” son las recurrentes crisis económicas dentro del sistema capitalista mundial. La reestructuración de estas cadenas implicaba la desaparición de empresas dentro de la carrera por la acumulación capitalista así como de trabajadores los cuales quedaban desempleados. Pero no todos los empresarios iban a la quiebra, este ciclo permitía a los empresarios sobrevivientes, una reubicación geográfica de la mano de obra: “para esta reubicación geográfica resultaba muy atractivo el desplazamiento hacia zonas donde el coste de la mano de obra era inferior, aunque desde el punto de vista de la zona a la que se desplazaba la industria, la nueva industria implicase habitualmente un incremento del nivel salarial para algunos sectores de la fuerza de trabajo”.66 Con este mecanismo de degradación de cierta producción, Wallerstein cuestiona implícitamente el concepto de “desindustrialización”, el cual es comprendido como la salida de industrias de los países del centro y que se instalan en los países semiperiféricos o periféricos del sistema-mundo.67 Para Wallerstein en consecuencia, el concepto de “desindustrialización” induce a engaño puesto que es el sistema-mundo lo que se ha industrializado, no los países por separado. Por consiguiente, el fenómeno del avance de la proletarización de los trabajadores a nivel mundial, puede entenderse a partir de estas reubicaciones de la fuerza de trabajo, en las que ciertas industrias se desplazan a las periferias (o semiperiferias). Y este fenómeno está muy vinculado con lo que Wallerstein llama como “ciclos de producto” que funcionan “al comenzar siendo productos del centro y terminar convirtiéndose en productos periféricos”.68

Sin embargo, el avance de la proletarización no solo ha continuado debidamente a la lógica del capitalista, el cual a través del monopolio de las fuerzas productivas, hace lo que quiere con su empresa. Wallerstein ha recalcado también que la proletarización ha avanzado debido también a los propios trabajadores. Esta mercantilización de la fuerza de trabajo, ha sido impulsada por ellos mismos, porque de acuerdo con el autor, se han dado cuenta de que el nivel de explotación es mucho más alto para los semiproletarios que para los proletarios propiamente tal.69 Para él, aquí está la clave del desarrollo del capitalismo a nivel mundial y, no tanto en la tecnología,70 a la que Prebisch le daba harto énfasis en sus estudios-. Para Wallerstein entonces, el componente tecnológico del desarrollo capitalista, se puede entender solo como “respuestas a las fases descendientes de los ciclos, formas de aplicar las ‘invenciones’ para fomentar el proceso de acumulación de capital”.71 Para este autor por consiguiente, el rol de la tecnología se ha exagerado claramente y, para él cumple un rol mas bien reactivo por parte de los capitalistas como respuesta frente a las pretensiones de mejoras laborales de las clases trabajadoras. En el esquema wallersteiniano son las clases trabajadoras los que dinamizan el desarrollo del capitalismo mundial, no las clases capitalistas. Wallerstein reprocha el excesivo énfasis en los procesos de centralización económica que se dan en el lugar del trabajo y por la tecnología. Según él “es fácil exagerar el cambio. Los procesos de concentración de las tareas de producción física han sido con frecuencia analizados sin tener en cuenta los procesos de descentralización opuestos”.72 Todos estos procesos han contribuido a que la proletarización creciera en el sistema-mundo capitalista, pero al mismo tiempo era compensado con la incorporación de las llamadas “arenas externas” (a la economía-mundo), puesto que ahí —los capitalistas— podrían conseguir mano de obra barata o cuasi-esclava,73 sin que mermaran los márgenes de ganancia. Por esas razones es que el capitalismo mundial ha tendido a una proletarización parcial y no total como lo mencionaba Marx.

En síntesis, de las tres perspectivas acerca del desarrollo económico, las que son más pertinentes a nuestro parecer, son las de Prebisch y Wallerstein. Esto no implica una total desvalorización de la visión de North, pero se cree que es una visión muy normativa e ingenua de los procesos económicos. Y además ve solamente el intercambio de productos en relación a los “costos de transacción”, no atendiendo a las condiciones de producción de las mercancías para la venta al mercado mundial; el análisis de North es eminentemente “circulacionista”. Además, ese énfasis a las instituciones y al aprendizaje —sobre todo con este último concepto— tiene un sabor a teoría de la modernización, ya que implícitamente está afirmando que las sociedades para que progresen deben tener una suerte de transición desde las instituciones “atrasadas” (o premodernas) hacia instituciones “modernas” propiamente tal. Eso en términos generales. En cuanto a las instituciones, si bien tiene razón al nombrarlas o designarlas como “reglas de juego” o de comportamiento e incluso destacó que pueden servir a intereses monopolistas, pero ello no quiere decir, que las instituciones sean el componente determinante del desempeño económico y del desarrollo. En este sentido Wallerstein es, mucho más incisivo y, mucho más fiel en cuanto a la representación del capitalismo a nivel mundial, puesto que lo establece como un sistema económico (o modo de producción) que se debate constantemente desde el punto de vista de los capitalistas como una lucha por la apertura relativa de los mercados (autarquía-libre mercado), por una parte; y desde el punto de vista de la fuerza de trabajo como una constante lucha por la proletarización de ellos mismos (proletarios-semiproletarios). Wallerstein, destaca eminentemente que el capitalismo —a diferencia de North— no es el terreno del libre mercado, sino de los monopolios relativos, y que por tanto, las instituciones también son parte de los monopolios de los países centrales del sistema-mundo capitalista.

Además, en torno a la lógica que mueve el sistema o que lo hace funcionar, los tres autores difieren bastante sobre ello. En North, el acicate que mueve a los “jugadores” u organizaciones que participan en el mercado es la competencia misma, la cual obliga a éstos a que siempre estén aprendiendo a cómo sobrevivir en el sistema, ya sea mejorando procesos de producción, cambiando las instituciones para que tengan cero costos de transacción (o lo menos posible) o, de cualquier índole. Pero creo que es de perogrullo que los sujetos aprenden a como sobrevivir en un sistema social, pero de ahí a que sus representaciones mentales determinen totalmente su propio desempeño, creo que no es tan así; lo que no es de perogrullo en cuanto al aprendizaje es que sea igual en todos los tiempos históricos, y, lo más seguro en este sentido, es que en tiempos del mercantilismo la enseñanza en actividades productivas esclavistas haya sido de forma violenta, no de la manera como afirma North en su texto. En cuanto a Raúl Prebisch, el meollo de todo el desarrollo económico se encuentra en la tecnología, la cual hace que se origine un desarrollo diferencial (o desigual) dentro del gran sistema capitalista mundial. Y este desarrollo desigual, para la periferia es perjudicial porque los términos de intercambio son desfavorables a ella, en que se consiguen cada vez menos artículos industriales por una igual cantidad de artículos primarios. Y el remedio para solucionar dichas falencias pareciera que fuese peor que la enfermedad, ya que la industrialización en las periferias a su vez provocan otros problemas internos: heterogeneidad estructural, especialización productiva; todo eso sumado con estrangulamientos provenientes del mercado mundial, sobre todo con las crisis económicas, ya que en dichos momentos es cuando más manifiesto se hace la dependencia económica de la periferia con respecto al centro, puesto que cuando esta última ya no demanda productos primarios a aquella, el crecimiento económico de la periferia y su desarrollo se constriñe. Al final, Prebisch llega a afirmar que el desarrollo de las periferias nunca podrá ser tal en el marco del sistema vigente.

Finalmente, con Immanuel Wallerstein logramos una comprensión más cabal (si bien sospechosa con respecto al “desarrollo” de la periferia del sistema-mundo capitalista). Podríamos decir que Wallerstein empezó precisamente donde Prebisch terminó. Para resumir, el sistema-mundo capitalista es una entidad que es superior a cualquier unidad político-administrativa definida jurídicamente, por tanto es un espacio supranacional. El vínculo principal al interior de dicho sistema es económico, pero no lo forman las cadenas de mercancías de artículos de lujo, sino por mercancías necesarias para la vida, y que por ende son de consumo masivo. Políticamente, el sistema-mundo se organiza por medio de los llamados Estados-nación que surgieron paralelamente con el capitalismo moderno, y, específicamente nacieron con las monarquías absolutas de los siglos XVI y XVII. Cabe destacar, que para Wallerstein, las esferas política y económica no son separadas ni independientes entre sí, sino que van muy de la mano. De hecho, él destaca que la aparente independencia de ambas esferas ocultaba la naturaleza desigual de la economía-mundo europea. ¿Por qué?, porque en primer lugar, los Estados son definidos jurídicamente soberanos, pero ello no quiere decir que lo sean realmente, puesto que existen desigualdades fácticas entre ellos que se expresan en el imperialismo (por ejemplo, la existencia de colonias o gobiernos coloniales). En segundo lugar, porque la fuerza o el poder de cada Estado depende de la capacidad de acumulación a largo plazo y ciertamente, el Estado hegemónico del sistema-mundo —aquél que esté en primer lugar en términos productivos, comerciales y financieros— hará lo posible para evitar que cualquier otro Estado pueda ascender en la jerarquía del sistema y que lo desafíe.

A diferencia de Prebisch, para Wallerstein lo que realmente mueve al sistema no es la tecnología por sí misma, ni las innovaciones tecnológicas. De hecho éstas sólo cumplen un rol secundario y subsidiario: como respuesta ante las presiones de los trabajadores por mejoras salariales. Y en segundo lugar, lo que mueve también al sistema es la “lucha de clases” entre el capital y el trabajo. Pero en Wallerstein, la lucha de clases no es solamente binaria en el sentido clásico marxiano, sino que lo entiende tanto como luchas intra-burguesas, como través de la División Internacional del Trabajo. Esto último quiere decir que los procesos productivos están organizados por escalafones, de hecho hice notar que el capitalismo mundial tiene una dinámica centrípeta (“hacia el centro”) que se manifiesta en la monopolización de la tecnología —como lo recalca muy bien Prebisch— pero también podríamos agregar a las instituciones que nombra North. No obstante, en Wallerstein el capitalismo es centrípeto tecnológica y productivamente pero de forma escalonada, ya que los “ciclos de productos” de tecnología de punta van bajando de categoría, yendo desde el centro del sistema-mundo, pasando por las semiperiferias hasta llegar a las periferias, lo que denota que las tecnologías de punta siempre van cambiando y convirtiéndose en tecnologías no-de-punta y por ende, se relegan a las demás zonas de menor jerarquía de la economía-mundo. Además, habíamos notado otra lógica del capitalismo mundial que está muy ligada a la anterior: una lógica centrífuga. Esto quiere decir que el sistema capitalista mundial necesita constantemente expandir sus territorios así como expande su esfera de circulación debido a la lucha de clases entre el capitalista y los trabajadores; no para buscar mercados externos, sino para encontrar artículos raros para venderlos en los mercados preestablecidos o para conseguir mano de obra más barata. Es decir, cada vez —aunque no siempre— que los trabajadores dentro de un país determinado protestaban o presionaban por mejoras laborales, las empresas capitalistas ceden ante dichas demandas, pero al mismo tiempo reubicando la fuerza de trabajo en aquellos países en que la misma fuese más barata. Por eso, es que la proletarización ha crecido parcialmente y no totalmente como decía Marx, porque a los empresarios les conviene usar fuerza de trabajo que esté dispuesta a trabajar por un salario menor al “salario mínimo”, aun cuando ese salario era de hecho una mejora con respecto a sus ingresos anteriores. Por tanto, en Wallerstein el acicate último del sistema es la acumulación de capital por el capital, la cual está sistémicamente garantizada, haciendo que los que no se comporten bajo ese parámetro de comportamiento quiebren con sus empresas y perezcan.

Como ejemplo histórico de los conceptos de los tres autores, será expuesto de manera relativamente breve, el caso chileno en el neoliberalismo, en específico en los años 1973-2002. Y nos basaremos netamente, en el libro Historia de la acumulación capitalista en Chile (apuntes de clase) del historiador chileno Gabriel Salazar. Durante la exposición, nos referiremos a algunos argumentos de los autores previamente expuestos para destacar la aplicabilidad de sus conceptos en el caso chileno. A grosso modo, para Salazar la transición chilena de un modelo de industrialización y/o nacionalización de la producción interior, no implicaba el paso del capitalismo propiamente tal al llamado socialismo (o comunismo), sino que cabía aún dentro del mismo capitalismo.74 Con el golpe de Estado, se da el último ataque en contra de los intentos de nacionalizar la producción industrial en Chile, y asimismo, evitar que el propio país se industrialice con independencia de los capitales extranjeros. Esto en lenguaje de Wallerstein, equivaldría a afirmar que el golpe de Estado del ‘73 estuvo a favor de los países centrales del sistema-mundo capitalista (y en particular, a favor del país hegemónico: EEUU). Es decir, el gobierno de Pinochet en el aspecto económico a lo que se dedico durante su período, fue desmantelar muchas condiciones económicas que rigieron durante Allende y mucho tiempo atrás. Todos esos desmantelamientos, estaban acorde con el ideario neoliberal de privatizar los servicios sociales y de industrias “nacionales”, con una apertura comercial (el llamado “desarrollo hacia afuera”), y por último, con la precarización de las condiciones de trabajo, entre las más importantes. Las veremos a continuación.

Con respecto al primer punto, durante el régimen cívico-militar de Pinochet, Salazar argumenta que se dedicaron a “privatizar no solo lo estatizado por el occiso Estado Empresarial del período de Allende, sino también los monopolios estatales construidos por la CORFO como parte de la política I.S.I del período radical”.75 Y ¿cómo se llevó a cabo dicha privatización de las empresas estatales? Pues, según Salazar, de manera bastante simple: vendiendo a precios muy bajos dichas empresas estatales,76 las cuales, según el autor costaron mucho en ser levantadas por los industriales nacionales. Dicho desmantelamiento de empresas públicas y su transformación en privadas, implico que se debe “construir en torno a esas ventas nuevos ‘grupos económicos’, una burguesía light, sin memoria, sin historia productiva y sin identidad constructiva, pero con eximio oportunismo especulativo-mercantil”.77 Además, esta venta atrajo por supuesto a muchos inversionistas extranjeros, los cuales pudieron codearse con la burguesía heavy —en palabras de Salazar— la cual era aquella que sí había desarrollado una industrialización en Chile por incipiente que fuera. Esta acción se ve reflejada en la visión de Prebisch, cuando éste menciona que “en la promoción y defensa de sus intereses, los centros hegemónicos capitalistas se valen de muy diferentes formas de acción y persuasión: concesiones comerciales recursos financieros , sea por cauces bilaterales o multilaterales, ayuda militar, ciertos medios de influir manifiesta o encubiertamente sobre la opinión pública y los gobiernos y, eventualmente, medidas punitivas que terminan a veces con el empleo de la fuerza”.78 En cuanto a North, el golpe militar y esta acción podría verse en términos generales, como una sustitución de las “reglas de juego” (instituciones) en favor de los grupos mercantiles foráneos por sobre los nacionales. Wallerstein, estaría con una posición muy similar a Prebisch.

El segundo viraje que marcó el neoliberalismo pinochetista fue la finalización del proteccionismo industrial y la reapertura mercantil hacia el exterior (el llamado “desarrollo hacia afuera”). Salazar argumenta que esto lo hicieron al “refundar el sector exportador para maximizar su rendimiento en (D2) a beneficio del empresario privado, pero sin reblandecer el presupuesto militar del Estado”,79 aclarando que Salazar entiende por “D2” a las divisas, en éste caso los dólares que ganarían los empresarios privados. Esta acción va muy de la mano con lo anterior, ya que un proteccionismo implica subir aranceles en contra de los productos industriales extranjeros protegiendo simultáneamente a la llamada “industria nacional”. Y además, para cumplir con aquello, los “estudiantes” como les dice Salazar a los economistas neoliberales de Chicago que hicieron todo esta “contrarrevolución” social en Chile, “no renunciaron al viejo esquema de mantener un poderoso sector primario-exportador que produjera (maximizadamente) las divisas que el país necesitaba para sus procesos acumulativos”.80 Y ¿qué industrias fueron beneficiadas con ello?, pues, en primer lugar, manteniendo la estatización del Cobre en beneficio del Estado y del ejército; y en segundo lugar, estimulando a las llamadas exportaciones “no tradicionales”.81 En términos generales, Salazar evalúa lapidariamente la política económica de Pinochet, ya que “se siguió exportando de bajo valor agregado, lo que significaba que la masa de plusvalía empleada en producir esos productos no tenía una traducción equivalente, ni proporcional, en (D2), en (MP) y menos en capital neto. Por tanto, si ese sector exportador “renovado” producía una masa de (D2) que parecía suficiente para las necesidades de la burguesía light y del Estado light, lo hacía a costa de inutilizar acumulativamente una fracción importante de la plusvalía producida”.82 En esta fase o política económica de los neoliberales, se puede argumentar que el consumo de los estratos altos de la población chilena, se concentraba sólo en adquirir bienes de consumo y no bienes o capital reproductivo (medios de producción, MP), ya que Salazar menciona que ese excedente de divisas lo usaba en términos de la moderna sociedad de consumo, de modo similar al como lo planteaba Prebisch, o sea, a la adquisición de capital no reproductivo, el cual ya fue explicado previamente.

El tercer y último punto: la precarización del empleo, hay que entenderlo una vez comprendido el trasfondo anterior. Antes de Pinochet y del golpe militar del ‘73, el gobierno de la UP (Allende) hizo reformas económicas que implicaban la creación de la propiedad pública y de la propiedad social. No es ocasión aquí de explicar ambos tipos de propiedad en relación a la propiedad privada burguesa, pero lo que sí importa, es que dicha contemplación de una propiedad pública y social conllevaba a mayores niveles de participación de los trabajadores en las unidades económicas llamadas empresas. Por ejemplo, Espinosa y Zimbalist, en su libro Democracia económica, muestran cómo tanto la DC (Democracia Cristiana) como la UP (Unidad Popular) en las elecciones en las que salió elegido Allende, tenían planes acerca de la participación de los trabajadores. Quizás hayan sido muy distintos esos programas, tanto en lo “revolucionario” y el alcance de la participación que estaba contemplado en dichos programas,83 pero lo cierto es que ambos partidos, o sea, el centro y la izquierda juntas, estaban en un común acuerdo en otorgar mayores niveles de participación a los trabajadores. Eso implicaba una menor tasa de ganancia a favor de los capitalistas, así como que los empresarios (o las capaz gerenciales) dejaran de tener un poder de mando por sobre el proletariado. Tales pretensiones de igualitarismo entre el Capital y el Trabajo, fueron arrojadas por la borda en 1973. Y posteriormente, el régimen cívico-militar de Pinochet así como los “Chicago Boys”, muy influenciados por las ideas del monetarismo y del neoliberalismo hayekiano y de Friedman —ambos muy ajenos a todo pensamiento que tenga alguna noción de colectivismo y/o de “justicia social” o redistributiva— desmantelaron todas las garantías laborales para los trabajadores que se consiguieron a lo largo del siglo XX después de tantas luchas políticas y sociales, junto con exclusiones.

¿En qué consistió particularmente ese desmantelamiento de las garantías sociales y en consecuencia, la precarización laboral en Chile? De acuerdo al historiador Gabriel Salazar, eso implicó que los grupos económicos poderosos del país, se dedicaran a “reinstalar un sistema laboral de tipo peonal en el país”.84 Este sistema laboral, no está fundado en el desarrollo de las fuerzas productivas internas del país, sino solamente en la especulación comercial-financiera y, con conseguir la plusvalía absoluta por parte de los capitalistas.85 Todo esto con la finalidad de acumular capital para reinvertirlo y así acumular más capital —argumentación wallersteiniana de que lo que mueve al sistema es la carrera por la acumulación capitalista en sí misma— pero no a través de la generación de plusvalía relativa, ya que ello equivaldría a no explotar la fuerza de trabajo mediante jornadas laborales más extensas equivalentes a una misma cantidad de salario, puesto que el neoliberalismo hace precisamente lo contrario. Y además, como segunda característica de este trabajo peonal en Chile, es que éste es la condición de necesaria de la participación de Chile en el mercado mundial, puesto que permite la acumulación de capital, para consecuentemente “quedar en libertad de invertir donde la rentabilidad de corto o mediano plazo sea más alta, tanto en el mercado interno pero, preferentemente, en el mercado externo”.86 Esa disociación entre lo que Salazar llama el capital mercantil —que se dedica solamente a comprar para vender más caro (D-M-D’)— y el capital industrial productivo —que se dedica a adquirir medios de producción para producir mercancías en menos tiempo y que se apropie de un excedente (plusvalía relativa)— se explica por una parte, por la movilidad de aquél capital a distintos niveles,87 y en segundo lugar por “su necesidad imperiosa de que, donde quiera que se origine (o sea, donde la plusvalía lo produzca), debe existir un régimen de trabajo peonal tal, que, por un lado, permanezca igual a sí mismo por largo tiempo, y por otro, produzca plusvalía absoluta con el mínimo de agitación social y política posible”.88 En general, este es un modelo fundado en las demandas del mercado mundial.

¿Cómo fue posible la instalación de este modelo de sistema laboral en Chile? De acuerdo con Salazar, fue posible con un plan en tres niveles: 1) un plan militar, 2) un plan empresarial y 3) el plan laboral propiamente tal. Explicaremos brevemente los tres a continuación. El plan militar consistió simplemente en “que garantice con adecuado poder de fuego que los políticos trabajen asustados con un eventual golpe de Estado, que la Constitución de 1980 no se reforme demasiado y que el Plan Laboral no sea tocado ni con el pétalo de una rosa”.89 El plan empresarial, consistió en mayor parte, en la división y descentralización tanto de las unidades económicas empresariales como de los mismos procesos económicos llevadas a cabo por las mismas, reduciéndolas a su más mínima expresión; todo ello con el fin de “fragmentar y reducir también el tamaño y la virulencia de la clase trabajadora”.90 Y por último, el plan laboral, fue otorgar a los patrones “el poder necesario para adecuar los contratos laborales a sus nuevas necesidades acumulativas: reducirlos en el tiempo, restarles la previsión, desahuciarlos cuando le pareciese necesario, etc.”.91 Todas esas estrategias han llevado a lo que hoy en día se conoce como “flexibilización laboral” en Chile.92 Para Wallerstein, lo sucedido en Chile sería una vez más una respuesta a las pretensiones igualitarias de los trabajadores las cuales fueron casi materializadas en gran parte con el gobierno de la Unidad Popular (1970-’73), lo cual conllevó tanto a la intervención extranjera en contra del gobierno, como a los sectores oligárquicos y capitalistas chilenos muy vinculados al capital extranjero, fundamentalmente de EEUU. En la argumentación de Salazar, se puede apreciar muy bien que los capitalistas fomentan los procesos de descentralización y fragmentación económica, pero extendiéndolo Wallerstein a otras dimensiones ya que “los que empleaban mano de obra asalariada sentían tan poco entusiasmo por la proletarización que, además de fomentar la división del trabajo por géneros y edades, también estimularon (···) el reconocimiento de grupos étnicos definidos, tratando de vincularlos a papeles específicos en el mundo laboral, con sus diferentes niveles de remuneración real por su trabajo”.93 Consiguientemente, lo efectuado por el gobierno de Pinochet y así como los de la Concertación, ha sido el establecimiento y el reforzamiento de tendencias a la semiproletarización —usando la terminología de Wallerstein— cosa que Salazar lo explica muy bien en el caso chileno definiendo su carácter peonal.

Con la exposición del caso Chileno según Salazar, se pudo apreciar que el enfoque de North no aplica en su totalidad, o se aplica más bien como el problema político de instaurar instituciones que tengan costos de transacción cero, pero en Chile se puede apreciar que son monopólicas (por parte de las burguesías tanto nacionales como extranjeras). En cuanto a Prebisch y Wallerstein. Sus enfoques sí resultan mucho más pertinentes, puesto que destacan el doble carácter centrípeto y centrífugo del capitalismo mundial. Es centrípeto porque las mercancías de baja plusvalía, por lo general agro-pecuarias van en su mayoría —dentro del mercado mundial— en dirección a los centros o hacia el Estado hegemónico del sistema-mundo capitalista. Chile, en este punto, y como recalca Salazar exportaba hacia el extranjero productos como el vino, frutas, harina de pescado, junto con cobre, etc., por lo que se destaca el carácter eminentemente agropecuario de las exportaciones chilenas. Y en segundo lugar, porque la tecnología de punta siempre se queda en los centros, y ésta sólo se desplaza —se “degrada— hacia las demás zonas geográficas cuando hay problemas con las clases trabajadoras en el centro de la economía-mundo, cuando los patrones ubicados en la misma zona ceden ante tales pretensiones, simultáneamente buscando sustituir esa mano de obra en otra área para compensar las pérdidas por dichas concesiones. Y el capitalismo mundial es centrífugo, en tres aspectos, porque: 1) los centros, siempre —en el marco de este sistema— necesitan mano de obra más barata, para poder conseguir ciertos productos que en sus propios mercados “nacionales” serían más caros; 2) para buscar productos raros e introducirlos en los mercados pre-existentes; y, 3) en el sentido de que los países periféricos o semiperiféricos reciben fondos extranjeros en calidad de inversiones productivas —esto último destacado con Salazar— con lo cual terminan ganando capital-dinero a costa del “país huésped”. No obstante, para explicar el carácter centrífugo del capitalismo en cuanto a la búsqueda de mano de obra, hubiésemos tenido que enfocarnos a los inicios del capitalismo en Chile, durante la fase de Conquista de Chile.

Además, se ha explicado que ciertos detalles que mencionaban Prebisch y Wallerstein en sus textos teóricos han sido confirmados en el caso chileno. Por ejemplo, Salazar efectivamente confirmó lo que afirmaba Prebisch cuando éste último recalcaba que las clases altas nacionales periféricas cuando recibían la ganancia de las actividades productivas que ellos tenían, no invertían lo que ganaban totalmente en capital reproductivo, o en el lenguaje de Salazar: no se preocuparon realmente de pasar de un capitalismo puramente mercantil (o mercantilista) a un capitalismo verdadero o industrial, fomentando así la productividad y el poder sacar —a raíz de la explotación capitalista— la llamada plusvalía relativa. Las clases altas periféricas siempre se han dedicado a hacer el ciclo mercantil simple: D-M-D’ (comprar una mercancía para venderla más cara) y explotar a la fuerza de trabajo en términos absolutos, es decir, extrayendo la plusvalía absoluta mediante la extensión de la jornada de trabajo. Los burgueses periféricos, nunca se preocuparon realmente de: D-M···>FT+MP-M’-D’, o sea de completar el verdadero ciclo de acumulación capitalista: acumulación de capital-dinero para transformarlo en capital productivo. En cuanto a Wallerstein, hemos podido entender que en realidad la tesis de Marx no es falsa necesariamente —es falsa en la medida que tengamos una visión aún muy decimonónica de Marx—. Wallerstein dio a entender que el capitalismo necesita siempre funcionar tanto con proletarios como con semiproletarios. Se necesita de los proletarios o de trabajadores a sueldo en la medida que el capitalista necesita una fuerza de trabajo fija y que esté a disposición del empresario cuando quiera. Pero al mismo tiempo, el capitalista necesita una mano de obra que sea fácilmente prescindible y que esté dispuesta a trabajar por menos ingresos (ese es el caso de los semiproletarios). El caso chileno, podría entenderse como un ejemplo de semiproletarización masiva, puesto que aunque reciban un sueldo fijo, lo cierto es que sus condiciones laborales han empeorado, así como sus garantías sociales.

1 Douglass North, La nueva economía institucional y el desarrollo, Fundes, Serie Diálogo, Nº 6, 1994, Colombia, p. 13

2 Douglass North más adelante afirma, como una suerte de síntesis histórica de la evolución de las instituciones humanas: “Con la creciente especialización y división del trabajo, las tribus fueron evolucionando hasta convertirse en estados y economías. La diversidad de sus experiencias y conocimientos produjo de manera creciente sociedades y civilizaciones diferentes con grados de eficacia muy distinta en la solución de los problemas económicos fundamentales de escasez. Las razones que explican las discrepancias en los grados de éxito alcanzados por dichas sociedades son sencillas: la complejidad del entorno fue aumentando en la medida que la interdependencia entre los seres humanos se fue incrementando y fueron necesarias estructuras institucionales más complejas para obtener los beneficios potenciales del comercio. La citada evolución hizo necesario que la sociedad desarrollara instituciones que permitieran un intercambio anónimo e impersonal a través del tiempo y del espacio”. Véase Douglass North, Ibíd., pp. 13-14

3 Douglass North, Ibíd., p. 14

4 Douglass North, Ibidem

5 “la fuente fundamental del cambio es el aprendizaje de los empresarios de las organizaciones”. Véase Douglass North, Ibíd., p. 24

6 Douglass North, Ibíd., p. 11

7 “En un mundo con costos de transacción cero, el poder de negociación no afecta la eficiencia de los resultados, pero en un mundo con costos de transacción positivos sí la afecta y, de este modo, condiciona la dirección del cambio económico a largo plazo”. Véase Douglass North, Ibíd., p. 12

8 Douglass North, Ibíd., p. 24

9 “El ritmo de aprendizaje determina la velocidad del cambio económico y el tipo de aprendizaje determina la dirección de dicho cambio”. Véase Douglass North, Ibidem

10 Douglass North, Ibíd., p. 27

11 Douglass North, Ibidem

12 Douglass North, Ibíd., p. 28

13 Raúl Prebisch, Capitalismo periférico. Crisis y transformación, FCE, 1ª edición, 1981, 2ª reimpresión, 1987, México, p. 37

14 CEPAL, Cincuenta años de pensamiento en la CEPAL, CEPAL, “Estudio económico de América Latina, 1949”, FCE, 1ª edición, 1998, Chile, p. 133

15 “se ha procurado explicar cómo la mejora de los términos de intercambio para los grandes centros industriales, con el correspondiente empeoramiento para la periferia ha sido uno de los factores principales en la merma del coeficiente de importación de aquéllos, y se ha señalado también la influencia adversa que este fenómeno ha ejercido sobre la capacidad para importar de la América Latina, precisamente en una fase de su desarrollo económico en que las importaciones tienden a aumentar en forma persistente”. Véase CEPAL, Ibíd., p. 136

16 “Por ejemplo, si los términos del intercambio descendieran de 100 a 150, ello nos indicaría que con la misma cantidad de productos primarios que antes, se podría adquirir ahora un 50 por ciento más de artículos industriales. Los productores primarios se encontrarían de tal suerte en igualdad de condiciones que los industriales para compartir con ellos el fruto del progreso técnico, pues podrían adquirir mayores cantidades de artículos y de mejor calidad. Sin embargo, si a pesar del mayor descenso de costo en los artículos industriales, el índice de la relación de precios se mantuviese en 100, querría decir que los productores industriales habrían conservado en su provecho las ventajas de la mayor cantidad y mejor calidad de artículos manufacturados; y si el índice cayera por debajo de 100, significaría que los productores primarios no sólo no han recibido parte del fruto de la mayor productividad industrial, sino que no han podido retener para si todo el provecho de su propio progreso técnico, por haber tenido que ceder parte de él a los productores industriales”. Véase CEPAL, Ibíd., pp. 137-138

17 Octavio Rodríguez, “Prebisch: actualidad de sus ideas básicas”, Revista de la CEPAL, Nº 75, Diciembre 2001, p. 42

18 “Es doble el papel absorbente del capital. Por un lado, la acumulación de capital reproductivo trae consigo un aumento directo del empleo. Por otro, el incremento de ingresos y el excedente que de este modo se genera se traducen en demanda de bienes provenientes de este proceso, así como en demanda de servicios personales y servicios del Estado. En esta demanda es donde se manifiesta el efecto indirecto de la acumulación de capital sobre el empleo”. Véase Raúl Prebisch, Capitalismo periférico. Crisis y transformación, p. 57

19 Raúl Prebisch, Ibíd., p. 58

20 “Queríamos explicar el fenómeno de persistencia de los estratos inferiores ocupados con muy baja productividad. Si ello acontece es porque la acumulación no es suficiente para cumplir, en la medida de lo posible, su papel de absorber la fuerza de trabajo de tales estratos en capas técnicas de creciente productividad. Y no es suficiente sobre todo porque al crecer el excedente, una parte considerable se dedica a acrecentar el consumo de los estratos superiores, recursos que pudieran consagrarse a la acumulación”. Véase Raúl Prebisch, Ibíd., p. 59

21 Marx, así lo explica: “para absorber un determinado número adicional de obreros y aun para conservar en sus puestos, dada la metamorfosis constante del capital primitivo, a los que trabajan, se requiere una acumulación cada vez más acelerada del capital total”. Por ende, la paradoja, es que esta aceleración de la acumulación, por más que intente absorber al sobrante de los obreros, lo cierto es que esta aceleración, “produce constantemente, en proporción a su intensidad y a su extensión, una población obrera excesiva para las necesidades medias de explotación del capital, es decir, una población obrera remanente o sobrante”.Véase Karl Marx, El capital Vol. I, FCE, 3ª edición, 1999, 3ª reimpresión, 2006, México, p. 533

22 Octavio Rodríguez, “Prebisch: actualidad de sus ideas”, p. 43

23 “Sin embargo, ni los centros alentaron las exportaciones de la periferia ni ésta resolvió emprender una política francamente favorable a las mismas, hasta que el agotamiento de las posibilidades de sustitución de importaciones y el ritmo extraordinario de desarrollo alcanzado por los centros, a medida que avanzaba el decenio de los años sesenta, demostró la posibilidad de hacerlo”. Véase Raúl Prebisch, Capitalismo periférico. Crisis y transformación, p. 188

24 Cf. Raúl Prebisch, Ibidem

25 Raúl Prebisch, Ibidem

26 Raúl Prebisch, Ibíd., pp. 196-197

27 “Si decimos que un sistema ‘da prioridad’ a tal acumulación incesante, significa que existen mecanismos estructurales mediante los cuales quienes actúan con alguna otra motivación son, de alguna manera, castigados, y son eliminados eventualmente de la escena social, mientras que quienes actúan con la motivación apropiada son recompensados y, de tener éxito, enriquecidos”. Véase Immanuel Wallerstein, Análisis de sistemas-mundo. Una introducción, Siglo XXI, 2ª edición, 2006, México, p. 41

28 Immanuel Wallerstein, El moderno sistema mundial I. La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI, Siglo XXI editores, 12ª edición, 2007, México, p. 21

29 Immanuel Wallerstein, El capitalismo histórico, Siglo XXI, 6ª edición, 2006, México, p. 20

30 Aquí Wallerstein está en contra de ciertas explicaciones de la expansión del capitalismo a nivel mundial: “A veces se ha afirmado que la explicación reside en la constante búsqueda de nuevos mercados en los que realizar las ganancias de la producción capitalista. Sin embargo, esta explicación no concuerda con los hechos históricos. Las áreas externas al capitalismo histórico se han mostrado en general reacias a comprar sus productos, en parte porque no los ‘necesitaban’ en términos de su propio sistema económico y en parte porque a menudo carecían de los medios necesarios para comprarlos. Sin duda ha habido excepciones. Pero en general era el mundo capitalista el que buscaba los productos de la arena externa y no al revés. Siempre que un determinado lugar era conquistado militarmente, los empresarios capitalistas se quejaban de la ausencia de mercados reales en él y actuaban a través de los gobiernos coloniales para ‘crear aficiones’”. Véase Immanuel Wallerstein., Ibíd., p 30

31 “La búsqueda de mercados no sirve como explicación. Una explicación mucho más plausible es la búsqueda de mano de obra a bajo coste”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibidem

32 “No obstante, nuestra época, la época de la burguesía, se distingue por haber simplificado lo antagonismos de clases. Toda la sociedad se divide cada vez más en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases directamente opuestas: la burguesía y el proletariado”. Véase Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto comunista, Lom ediciones, 1ª edición, 2006, Chile, p. 36

33 Immanuel Wallerstein, El capitalismo histórico, p. 12

34 Immanuel Wallerstein, Ibidem

35 “Si usamos las estadísticas oficiales de los gobiernos acerca de la llamada población activa, primordialmente los varones adultos formalmente disponibles para un trabajo remunerado, podemos encontrar que el porcentaje de asalariados es hoy razonablemente alto (si bien, incluso en ese caso, cuando se calcula a nivel mundial, el porcentaje real es inferior al que suponen la mayoría de las formulaciones teóricas). Sin embargo, si consideramos a todas las personas cuyo trabajo se incorpora de una u otra forma a la cadena de mercancías -abarcando así a prácticamente todas las mujeres adultas y también a un número muy alto de personas preadultas y posadultas (es decir, los jóvenes y los viejos)-, entonces nuestro porcentaje de proletarios cae en picado”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibíd., pp. 12-13

36 El autor las define como: “estructuras relativamente estables que comparten un fondo común de ingresos actuales y capital acumulado, a las que podríamos llamar unidades domésticas (households). El hecho de que los límites de estas unidades domésticas estén cambiando continuamente por las entradas y salidas de los individuos no impiden que sean la unidad de cálculo racional en términos de remuneraciones y gastos. Las personas que desean sobrevivir cuentan todos sus ingresos potenciales, independientemente de la fuente de la que procedan, y los valorizan en función de los gastos reales que deben realizar. (···) Esta unidad doméstica es habitualmente una unidad relacionada por lazos de parentesco, pero a veces no lo es, o al menos no lo es exclusivamente. En la mayoría de los casos es co-residencial, pero esa tendencia ha retrocedido a medida que avanzaba la mercantilización”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 13

37 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 14

38 “La diferenciación entre los tipos de trabajo fue consolidada mediante la creación de papeles específicos vinculados a ellos. El trabajo productivo (asalariado) se convirtió primordialmente en la tarea del varón adulto/padre y secundariamente de los otros varones adultos (más jóvenes) de la unidad doméstica. El trabajo improductivo (de subsistencia) se convirtió primordialmente en la tarea de la mujer adulta/madre y secundariamente de las otras mujeres, así como de los niños y ancianos. El trabajo productivo era realizado fuera de la unidad doméstica, en el ‘centro de trabajo’. El trabajo no productivo era realizado dentro de la unidad doméstica”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibidem

39 Immanuel Wallerstein, Ibidem

40 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 15

41 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 16

42 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 17

43 “Lo que sucedía entonces en estas unidades domésticas semiproletarias era que quienes producían otros tipos de ingresos reales -es decir, básicamente la producción doméstica para el propio consumo o para la venta en el mercado local, o para ambas cosas a la vez-, ya fueran diversas personas de la unidad doméstica (de cualquier sexo o edad) o la misma persona en diversos momentos de su vida, creaban excedentes que hacían que bajara el umbral del salario mínimo aceptable. De esta forma, el trabajo no asalariado permitía a algunos productores pagar un salario inferior a sus trabajadores, reduciendo así sus costes de producción e incrementando sus márgenes de ganancia”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibidem

44 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 18

45 Cf. Immanuel Wallerstein, Ibidem

46 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 19

47 “La lucha por el precio en estos ‘mercados internos’ representaba un esfuerzo por parte del comprador para arrancar al vendedor una porción de la ganancia obtenida de todos los procesos de trabajo anteriores a lo largo de la cadena de mercancías. Esta lucha estaba sin duda determinada en puntos concretos del tiempo y del espacio por la oferta y la demanda, pero nunca de forma exclusiva”. Immanuel Wallerstein, Ibidem

48 Immanuel Wallerstein, Ibíd., pp. 19-20

49 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 20

50 “Esta jerarquización del espacio en la estructura de los procesos productivos ha llevado a una polarización cada vez mayor entre el centro y las zonas periféricas de la economía-mundo, no sólo de acuerdo con criterios distributivos (niveles reales de ingresos, calidad de vida), sino también, y lo que es más importante, en los escenarios de la acumulación de capital”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibíd., pp. 20-21

51 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 21

52 “En el mundo real del capitalismo histórico, casi todas las cadenas de mercancías de cierta importancia han atravesado estas fronteras estatales. Esta no es una innovación reciente. Es algo que ha venido sucediendo desde el mismo comienzo del capitalismo histórico. Más aún: la transnacionalidad de las cadenas de mercancías es un rasgo descriptivo tanto del mundo capitalista del siglo XVI como del mundo capitalista del siglo XX”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibíd., pp. 21-22

53 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 22

54 Immanuel Wallerstein, Ibidem

55 “Asimismo, la desviación del excedente hacia el centro concentraba allí el capital y ponía a disposición del centro unos fondos desproporcionados para continuar la mecanización, lo que permitía a los productores de estas zonas conseguir ventajas competitivas adicionales en los productos existentes y crear nuevos productos raros con los que renovar el proceso”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibidem

56 “La concentración de capital en las zonas del centro creó tanto la base fiscal como la motivación política para construir aparatos de Estado relativamente fuertes, entre cuyas capacidades figuraba la de asegurar que los del Estado de las zonas periféricas se hicieran o siguieran siendo relativamente débiles”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 23

57 “La tendencia general de la escritura historiográfica y de las ciencias sociales de los últimos 25 años ha sido ignorar en la práctica los límites de esas esferas supuestamente autónomas y hacer hincapié en su interpenetración al formular interpretaciones, mientras en teoría se los reafirma. Es hora de revisar y renovar nuestro vocabulario. Si, de hecho, es más plausible entender estas tres ‘esferas’ como, en el mejor de los casos, tres ángulos de visión de una realidad compleja singular, entonces el vocabulario limita las posibilidades de formular análisis que sean de utilidad. La ‘trinidad’ de las esferas se vuelve una taxonomía anticuada, sostenida por visiones ideológicas en decadencia.” Véase Immanuel Wallerstein, Las incertidumbres del saber, Gedisa, 1ª edición, 2005, España, p. 107

58 Immanuel Wallerstein, Análisis de sistemas-mundo. Una introducción, p. 55

59 “En contra del individuo que necesita salarios más bajos, existe la necesidad de largo plazo de contar con una demanda sustancial y efectiva en la economía-mundo para sostener el mercado para sus productos”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibidem

60 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 51

61 Immanuel Wallerstein, El capitalismo histórico, p. 24

62 “De esto se desprende que aquellos cuyos intereses no se veían inmediatamente servidos en un momento determinado (porque ganaban menos que sus competidores) trataban constantemente de cambiar las cosas en su favor. Es decir, trataban de competir con más éxito en el mercado, bien haciendo que su producción fuera más eficiente, bien utilizando la influencia política para conseguir nuevas ventajas políticas”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibidem

63 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 25

64 Immanuel Wallerstein, Ibidem

65 “Lo que parece haber sucedido cada cincuenta años aproximadamente es que, dados los esfuerzos de un número cada vez mayor de empresarios por hacerse con los puntos más rentables de las cadenas de mercancías, se producían tales desproporciones en las inversiones que nosotros hablamos, de modo que induce tanto un tanto a error, de superproducción”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibidem

66 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 26

67 “Precisamente ahora estamos viviendo una de estas reubicaciones masivas a nivel mundial en las industrias del automóvil, el acero y la electrónica. Este fenómeno de reubicación ha formado parte del capitalismo histórico desde el comienzo”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibidem

68 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 27

69 “Una de las principales fuerzas impulsoras de la proletarización ha sido la de los propios trabajadores de todo el mundo. Han comprendido mejor que sus autoproclamados portavoces intelectuales, que la explotación en unidades domésticas semiproletarias es mucho mayor que la explotación en las plenamente proletarizadas”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 28

70 “Es en este contexto donde deberíamos considerar el proceso del cambio tecnológico, que no ha sido tanto el motor como la consecuencia del capitalismo histórico. Las principales ‘innovaciones’ tecnológicas han sido, en primer lugar, la creación de nuevos productos ‘escasos’, en cuanto tales sumamente rentables, y, en segundo lugar, la de procesos para reducir el trabajo”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibidem

71 Immanuel Wallerstein, Ibidem

72 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 29

73 “Las formas en las que los gobiernos coloniales obligaban a trabajar para las colonias y las metrópolis “parecía destinada precisamente a fomentar la aparición de esa unidad doméstica semiproletaria que, como hemos visto, hacía posible el umbral más bajo posible de nivel salarial. La política típica de tales estados implicaba una combinación de mecanismos fiscales, que obligaban a cada unidad doméstica a realizar algún trabajo asalariado, y restricciones a la libertad de movimientos o separación forzosa de los miembros de la unidad doméstica, lo que reducía considerablemente la posibilidad de una plena proletarización”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibíd., pp. 30-31

74 “¿Contra qué error se dio el sangriento golpe de Estado de 1973? Es evidente: contra el breve intento por nacionalizar (estatizar) el proceso de ‘acumulación capitalista’. ¿Y qué había sido ésta, en sí misma, a lo largo del siglo XX? Según lo visto más arriba: una larga y desnacionalizada enfermedad puramente capitalista. Un proceso impotente que no podía avanzar, porque lo bloqueaba un vacío librecambista”. Véase Gabriel Salazar, Historia de la acumulación capitalista en Chile (apuntes de clase), Lom ediciones, 1ª edición, 2003, Chile, p. 152

75 Gabriel Salazar, Ibíd., p. 153

76 “Esto significaba vender (a precio de chatarra militar) empresas y monopolios levantados trabajosamente por empresarios privados y estatales de la época de los grandes conglomerados”. Véase Gabriel Salazar, Ibidem

77 Gabriel Salazar, Ibidem

78 Raúl Prebisch, Capitalismo periférico. Crisis y transformación, p. 203

79 Gabriel Salazar, Historia de la acumulación capitalista en Chile (apuntes de clase), p. 153

80 Gabriel Salazar, Ibidem

81 “En verdad, este esquema fue para ellos, como había sido antes para los “Development Boys” de la CORFO y el Estado empresarial, la “viga maestra”. Mantuvieron por un lado, la propiedad estatal de las minas nacionalizadas por Allende (CODELCO), que e garantizaba al ejército una larga vida de desarrollo y al Estado un ingreso adecuado de divisas (D2). Por otro, incentivaron la incorporación de nuevos capitales extranjeros a la minería cuprífera, a efecto de aumentar las exportaciones (M1xD2) y recrear la Gran Minería del Cobre (extranjera). Por otro, promovieron las llamadas exportaciones “no tradicionales” (salmones, harina de pescado, celulosa, frutas, vino, etc.), cuyas bases técnicas ya habían sido instaladas por el Estado Empresarial”. Véase Gabriel Salazar, Ibíd., pp. 153-154

82 Gabriel Salazar, Ibíd., p. 154

83 “Los elementos básicos de la propuesta del PDC eran la autogestión, los derechos de usufructo del capital que se arrendaría a los capitalistas, remuneración de los trabajadores ligada al ingreso de las personas, un contexto de mercado y planificación indirecta a través de controles fiscales, y un fondo financiero nacional para la transferencia del excedente. En cambio, la UP sostenía que los intereses nacionales deberían estar representados en los consejos administrativos de todas las empresas estratégicas; que resultaba utópico esperar que los capitalistas no demandaran alguna forma de control bajo el arreglo de usufructo; que la remuneración de los trabajadores no debía ligarse al ingreso de las empresas, el cual variaba erráticamente con las condiciones del mercado, sino a los aumentos de la productividad; y que el contexto del mercado crearía rivalidades entre las empresas y dividiría a la clase trabajadora”. Véase Juan G. Espinosa y Andrew S. Zimbalist, Democracia económica. La participación de los trabajadores en la industria chilena, 1970-1973, FCE, 1ª edición, 1984, México, pp. 70-71

84 Gabriel Salazar, Historia de la acumulación capitalista en Chile (apuntes de clase), p. 155

85 “Como los estudiantes de Chicago no centraron su modelo en la industrialización, sino en el sector primario-exportador y en la especulación comercial y financiera, el problema de cómo y cuánto (MP) debía importarse o producirse fue, para ese modelo, una cuestión irrelevante. O de importancia secundaria. Se deduce de esto que su modelo de acumulación se basa sobre todo en la producción de plusvalía absoluta, no relativa, y en la transformación preferente de esa plusvalía en capital dinero (D2), aunque también en (D1), en la idea de acumular la máxima cantidad posible de (D2+D1) como ‘poder financiero’”. Véase Gabriel Salazar, Ibidem

86 Gabriel Salazar, Ibidem

87 “La compulsión a la circulación nacional, regional o global del capital dinero (D2+D1) es la esencia misma del nuevo modelo de acumulación introducido por los estudiantes en cuestión. Debe recordarse que ésta búsqueda por la movilidad mundial del capital dinero fue la característica más distintiva del viejo ‘capital mercantil’, que atestiguó su divorcio y descompromiso con el ‘capital productivo industrial’”. Véase Gabriel Salazar, Ibidem

88 Gabriel Salazar, Ibidem

89 Gabriel Salazar, Ibíd., p. 156

90 Gabriel Salazar, Ibidem

91 Gabriel Salazar, Ibidem

92 “La acción combinada de estos tres planes ha asegurado lo que se ha llamado ‘flexibilización del empleo’ (en rigor: empleo precario, transitorio, abusivo, peonal). De esta forma, la masa de plusvalía absoluta se puede maximizar, aislando a los trabajadores en celdillas cada vez más pequeñas y transitorias (donde pueden ser ordeñados en detalle), para hacer imposible su asociación, desfondar su sentido de ‘clase’ y abortar su rebelión colectiva contra el Capital”. Véase Gabriel Salazar, Ibidem

93 Immanuel Wallerstein, El capitalismo histórico, p. 18


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21 09 2010
melissa

estos argumentos stan muy uenos pero falta mas para k siga adelante

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