¿Existe la pauperización absoluta en el modo de producción capitalista?

15 12 2009

Es indudable que hablar de la teoría económica de Marx es involucrarse con cuestiones espinudas. Es así en primer lugar por el alto grado de satanización que tiene ese pensador. Hablar de Marx es poco menos que mencionar al mismísimo Belcebú. Esto no necesita ser demostrado. Y en segundo lugar, es difícil, porque las proposiciones marxianas acerca del funcionamiento de la sociedad han sido constantemente atacadas y refutadas por distintos pensadores, en donde se descalifican y descartan ciertas hipótesis de Marx con respecto al desarrollo del capitalismo. ¿Por qué ha sido así? Pues, en primer lugar, es porque Karl Marx ha elaborado una “teoría de la historia” en que el antagonismo y por ende el conflicto es el motor de la historia. En ese sentido, para Marx, no hay sistema social que sea eterno y que permanezca inmutable eternamente, dándose entonces contradicciones sociales que generan cambios en la misma formación social. Sin embargo, lo específico del capitalismo —como sistema histórico— no es tanto la “lucha de clases” —que como muy bien menciona Wallerstein— ha sido la constante histórica en todos los modos de producción. Y según él, lo verdaderamente problemático, es que Marx “encontró no sólo la lucha de clases (···) sino también la polarización de clases. Esta fue su hipótesis más radical y atrevida, y por consiguiente, la más criticada”.1 La idea de polarización —o de pauperización absoluta— ha sido tan criticada que incluso marxistas la han refutado. El siguiente trabajo, expondrá primero las críticas a la idea marxiana de pauperización —o polarización de las clases— que se da bajo el modo de producción capitalista, y en segundo lugar se reconsiderará la validez de tal hipótesis marxiana.

Argumentos en contra

Según Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, hablar de dicha hipótesis de Marx, es ver el desarrollo del modo de producción capitalista de una forma objetivista y naturalista. Para ellos es como el desarrollo del capitalismo —desde esa perspectiva— es hacer como si ese sistema histórico se desarrollara de manera independiente de la acción humana, en donde las fuerzas productivas son las que rigen el desarrollo humano.2 Para ambos, esa contradicción se resolvía para el marxismo al dar por supuesto que la fuerza de trabajo es una mercancía como cualquiera otra. Para ellos, tomar la fuerza de trabajo de esa manera es como si “su valor de uso podría hacerse automáticamente efectivo a partir del hecho mismo de la compra”.3 Es decir: comprar la fuerza de trabajo no implica necesariamente que automáticamente su valor de uso sea aplicado, en otras palabras: que trabajen automáticamente. Pero esta crítica no dice mucho en contra la idea de pauperización expuesta por Marx. Esta crítica más bien dice relación con el tratamiento de la fuerza de trabajo como mercancía, y de que los capitalistas tienen que ejecutar un dominio sobre ellos para que trabajen efectivamente. Ellos cuestionan toda forma de desarrollo capitalista en que dependa solamente de “leyes económicas” y por eso, es que para Laclau y Mouffe no existe tal fenómeno llamado pauperización. ¿por qué? Pues porque para ellos “las luchas obreras (···) no pueden obviamente explicarse por ninguna lógica endógena del capitalismo, ya que ellas surge, precisamente, en razón de la imposibilidad de subsumir su dinámica bajo la forma ‘mercancía’ que adopta la fuerza de trabajo”.4 En suma, para estos autores hablar de desarrollo del capitalismo, es como si solamente las fuerzas productivas —o mejor dicho: la tecnología— se desarrollasen de manera independiente. ¿Cuál sería para ellos un desarrollo “exógeno” del capitalismo? Y después manifiestan que “esta escisión entre una lógica del capital y una lógica de las resistencias obreras influye en la organización misma del proceso capitalista de trabajo, ella tiene que afectar decisivamente la naturaleza y el ritmo de expansión de las fuerzas productivas”.5 Para ellos, establecer estas cuestiones quita la caracterización de neutral al desarrollo de las fuerzas productivas y el desarrollo del modo de producción capitalista en cuanto tal.

Pero ¿qué pasa con la pauperización según los autores? Pues ellos la niegan en tanto que tal al manifestar que el desarrollo del modo capitalista de producción no se lleva a cabo de manera espontánea, natural ni unilinealmente. Es decir: la clase trabajadora no se encuentra a merced de los cambios en el proceso productivo capitalista llegando incluso a afectarlos y a entorpecerlos. Según ellos, esa es una de las formas para negar la teoría de la pauperización expuesta por Marx. Sin embargo, para ellos no solamente es inexistente la pauperización sino la idea misma de homogeneización de la clase trabajadora. Pues ellos plantean que el concepto de “clase obrera” tiene dicotomías insalvables: “la relación salarial, constituida a través de la venta de la fuerza de trabajo —que hace del obrero un proletario—; y la emergente de su ubicación en el proceso de trabajo —que lo constituye en obrero manual—”.6 Esto significa para Laclau y Mouffe que aunque la relación salarial se haya generalizado, la condición de obrero manual sin embargo no se ha extendido —de hecho ha disminuido— y debido a ello que es imposible hablar de homogeneización de la clase trabajadora.7 ¿Acaso entienden a la clase trabajadora solamente como el obrero industrial del siglo XIX? Si ellos tienen una visión decimonónica de la teoría de Marx es comprensible que tengan este diagnóstico y que la clase obrera no se haya hecho masiva en el modo de producción capitalista.

Además, Laclau y Mouffe desestiman la tesis de la pauperización por medio de la sustitución de esa palabra por el término “descualificación” —hecha por Braverman en un estudio sobre cómo el fordismo influye en el proceso de trabajo—. De acuerdo con los autores, la descualificación del trabajo propondría argumentos alternativos para validar la tesis de la pauperización. Según Braverman esto ocurriría en palabras de los autores, por medio de “la degradación del trabajo generada por la separación entre concepción y ejecución, estratos cada vez más extendidos de trabajadores, independientemente de que sean empleados o no en los sectores productores de mercancías, pasan a constituir una clase obrera cada vez más numerosa y proletarizada”.8 Para Laclau y Mouffe dicha pauperización y homogeneización es falsa, puesto que más bien se tiende a la fragmentación y división en los procesos laborales. Y, lo que es aún más importante, para ellos, la tendencia es que se va “hacia una polarización entre dos sectores de la economía: un sector general protegido y bien pagado y un sector periférico de trabajadores no calificados y semicalificados para los que no existe ningún tipo de seguridad”.9 Para ellos, esta fragmentación aun más acentuada de la división técnica del trabajo y de diferenciación entre un sector “protegido” y uno “subcontratado”, hace que no exista la situación de pauperización ni de homogeneización de la clase obrera. Laclau y Mouffe mencionan por ello, que más bien ocurre una polarización al interior de la misma clase trabajadora dejando de lado la polarización y la pauperización con respecto a la clase burguesa —o capitalista—. Ellos no se dan cuenta de que, lo que se habla, no es que todos tengan el mismo nivel de cualificación o no ni de que hagan el mismo tipo de trabajo técnico, sino que se trata de la subsunción del trabajo al capital. Más adelante nos dedicaremos a ello. En suma, para estos autores no existe ni la pauperización ni la homogeneización, y la refutan porque: 1) no se ha generalizado la clase trabajadora en la forma industrial como tal; y 2) porque la división técnica del trabajo ha establecido sectores “protegidos” y “no protegidos” de trabajadores dándose una polarización al interior de la clase trabajadora.

Un caso “paradójico” dentro del marxismo y en relación a la teoría marxiana de la pauperización, es la postura que tiene el marxista Ernest Mandel. Este autor sostiene que Marx nunca elaboró una teoría de la pauperización absoluta como tal. Hay que destacar que Mandel, realiza un análisis de la teoría económica de Marx, y que a partir de la “teoría de los salarios” el gran pensador alemán nunca sostuvo de hecho la idea de una pauperización absoluta de la clase trabajadora. ¿Debido a qué Mandel sostiene esa posición? Pues, la sostiene debido a que Marx nunca sostuvo su teoría salarial a partir de lo que planteaban los economistas clásicos, especialmente Malthus y Ricardo —incluso Ferdinand Lasalle—. Y ¿qué mencionaban dichos economistas? Afirmaban, pues, en palabras de Mandel que “ya sea bajo la forma de un ‘fondo estable de salarios’ o bajo la forma de una ‘ley de bronce del salario’, se trata esencialmente de una teoría de los salarios basada en el crecimiento de la población”.10 De acuerdo con el planteamiento mandeliano, los salarios —nominales y reales— no están determinados por la cantidad de población existente ni por las fluctuaciones del mismo. Si fuese así, entonces “cuando los salarios se elevan en medida suficiente por encima del mínimo fisiológico, se supone que los trabajadores tienen más hijos, quienes a su vez generan un elevado desempleo y hacen descender nuevamente los salarios al mínimo”.11 En suma, Marx nunca parte de dichas premisas poblacionales de los economistas clásicos, de acuerdo con Mandel, para su teoría de los salarios. Mandel en cambio sostiene que Marx elabora una teoría salarial en función de la acumulación de capital.

¿Qué significa eso? Significa que el salario ha sido analizado —por los economistas clásicos— solamente desde el lado de la oferta, lo cual distorsiona las conclusiones.12 Mandel en ese sentido se pregunta: ¿qué pasa con el lado de la demanda, el lado que posee los medios de producción en el modo de producción capitalista? Y él plantea responder esa pregunta en términos de la acumulación de capital, y por ende, con respecto a la demanda de fuerza de trabajo.13 En este sentido, para Ernest Mandel, el valor de la fuerza de trabajo depende de: 1) las necesidades fisiológicas, y 2) las necesidades histórico-morales. La fuerza de trabajo en ese sentido es “una mercancía inseparable de los seres humanos e integrada a ellos, quienes no sólo están dotados de músculos y estómago sino también de conciencia, nervios, deseos, esperanzas y un potencial de rebeldía”.14 Y de acuerdo con este punto, para Mandel, la mano de obra tiene un componente objetivo —que se mide de acuerdo a la cantidad de calorías que consume, para que pueda ejecutar un determinado trabajo y mantenerse— y un componente subjetivo —que tiene que ver mayormente con la motivación de la misma—. Ambos componentes entre sí sirven para medir el valor de la fuerza de trabajo para Mandel, no el salario sea el nominal o el real. De acuerdo con esa distinción —objetiva y subjetiva del valor de la fuerza de trabajo— Mandel llega a una conclusión: al desarrollo desigual en el capitalismo: “según este aspecto de la obra de Marx, los salarios reales tendrían que ser de hecho más altos en los países capitalistas avanzados —y por tanto en estadios más avanzados del capitalismo— que en los países menos desarrollados”.15 Y de acuerdo a este punto sí existiría una polarización.

Sin embargo, Mandel implícitamente no acepta ese razonamiento, y alude después a cómo influye el ciclo económico en el precio —salario— de la fuerza de trabajo, en que los períodos de auge económico son beneficiosos para la clase trabajadora y las recesiones —o depresiones— son perjudiciales para la misma.16 Y sin embargo, Mandel asegura que Marx hizo su teoría del valor con respecto a los salarios, en que éstos “como todos los otros precios, no fluctúan al azar sino alrededor de un eje que es el valor que es el valor de esa mercancía”.17 Entonces, de ahí el autor llega a la conclusión de que esas fluctuaciones hacen mediciones en el cambio de los salarios de la fuerza de trabajo pero sólo en el corto plazo, y con ello llega a la necesidad imperiosa de extender dicho rango: “éstas deben ser integradas a un análisis más amplio, que explique las fluctuaciones de los salarios a largo plazo en función de los cambios en el valor de la fuerza de trabajo”.18 Mandel, en consecuencia, menciona que la teoría marxiana de los salarios, debe realizarse en función —como mencionamos previamente— de la acumulación de capital. Sólo de esa manera pueden entenderse, según Mandel, las fluctuaciones a largo plazo de los salarios. Y siguiendo con la argumentación del autor, para realizar esas consideraciones a largo plazo, hay que tomar en cuenta cinco cuestiones muy vinculadas entre sí.

En primer lugar, la acumulación de capital hace que el valor de reproducción de la clase trabajadora descienda al descender el valor de la canasta familiar. Por eso según Mandel, “el desarrollo del capitalismo tiende a deprimir el valor de la fuerza de trabajo, permaneciendo estable todo lo demás”.19 En segundo lugar, la acumulación de capital hace que se expanda la expansión en la producción de bienes de consumo, que previamente no estaban incluidos en la canasta familiar, y que por acción de la “lucha de clases” puede ser añadida a la canasta familiar como componente histórico-moral. Con esto, según Mandel, se aumenta el valor de la fuerza de trabajo. En tercer lugar, “la acumulación de capital favorecerá el incremento del valor de la fuerza de trabajo si la oferta estructural a largo plazo de la fuerza de trabajo no excede fuertemente a la demanda, o aun si está debajo de la demanda”.20 Aunque este tercer punto puede criticarse y refutarse al cuestionarse la unidad de análisis que Mandel considera en este punto: los Estados nacionales,21 y no tomar al sistema mundial capitalista en su conjunto. Más adelante profundizaremos esa crítica. En cuarto lugar, el valor de la fuerza de trabajo está en función del plusvalor que los capitalistas extraen de la fuerza de trabajo. Esto quiere decir, según Mandel, que “en el caso en que el aumento en el valor de la fuerza de trabajo implique una baja considerable en el plusvalor, la acumulación de capital se frena, el desempleo en gran escala reaparece y los salarios son ‘reajustados’ en un nivel compatible con la acumulación de capital”.22 Esto en cierta forma quiere decir, que efectivamente existe una “ley de bronce del salario”, no en el sentido demográfico sino en el sentido de que no puede superar la barrera del “trabajo necesario”; es decir: el límite es el mismo plusvalor extraído, el cual no de disminuir para los capitalistas. Y en último lugar, Mandel menciona que cuando aumenta la explotación de la fuerza de trabajo, esta de hecho, se valoriza más. ¿Por qué? Pues, porque al explotarla más, se desgasta más y por ello, más producto social se debe destinar para satisfacer las necesidades fisiológicas de los trabajadores.23 Éstas serían las determinaciones que sufre el valor de la fuerza de trabajo en función de la acumulación de capital.

Pero ¿por qué Mandel menciona después que Marx nunca elaboró una teoría de la pauperización? Él se lamenta de que muchos académicos le hayan adjudicado a Marx dicha idea: “¿Cómo es posible, entonces, que tantos escritores, durante tanto tiempo, le hayan atribuido a Marx una ‘teoría de la pauperización absoluta de los trabajadores en el capitalismo’ que implica obviamente una teoría de una tendencia decreciente en el valor no sólo de la fuerza de trabajo sino hasta de los salarios reales?”.24 Para Mandel, eso se debe a tres razones. 1) Marx dejó establecido en escritos de juventud dicha polarización absoluta, ya sea en los Manuscritos económico-filosóficos del ‘44 o en el Manifiesto comunista de 1848. Pero como afirma Mandel: “Sólo al llegar a los años 1857-1858 nace la teoría económica de Marx en su forma congruente y redondeada. Después de escribir la Contribución a la crítica de la economía política y los Grundrisse, ya no hubo rastro en su análisis económico de esa tendencia histórica hacia la pauperización absoluta”.25 En suma, Marx en sus escritos de madurez abandonó, según Mandel, la hipótesis de la pauperización absoluta como tendencia histórica. 2) Los comentaristas de Marx, confunden según Mandel, el valor de la fuerza de trabajo con el salario real de la misma, lo que no es un dato menor. El valor de la fuerza de trabajo depende literalmente del valor de los bienes consumibles que compra el trabajador con su salario, mientras que es salario real se refiere a la cantidad física de bienes consumibles que se pueden comprar con el salario. Según Mandel, “en el capitalismo, dado el incremento constante en la productividad del trabajo, estas categorías se mueven en direcciones contrarias”.26 3) Debido según el autor, a una malinterpretación sistemática de dos pasajes de El capital.27

Lo que Mandel encuentra más bien en Marx, más allá de la interpretación de ciertos pasajes de El capital, es dos tendencias con respecto a la fuerza de trabajo. Primero, una tendencia hacia la pauperización relativa, y segundo una tendencia hacia la pauperización cíclica absoluta. Mandel no habla de pauperización absoluta a secas. Y ¿que entiende el autor por pauperización relativa? La entiende, por una parte, solamente como un descenso de la cantidad del producto del trabajador, a pesar de que su productividad aumente constantemente. Esto es así según Mandel, debido al aumento de la plusvalía relativa en el capitalismo.28 Por otro lado, también Mandel argumenta que independientemente del nivel de los salarios —sean altos o bajos— lo cierto es que para este autor, la situación material de la clase obrera empeora constantemente. ¿Por qué? Pues porque “se hace caso omiso de las necesidades de los trabajadores como seres humanos”.29 Para Mandel ese empeoramiento de la clase obrera surge precisamente a raíz del aumento de productividad, puesto que tiene que ver tanto con la llamada “sociedad de consumo” como de sus necesidades básicas. Es decir, con respecto al consumo del trabajador en su tiempo libre y en el tiempo de trabajo —o mejor dicho, para optimizar sus propias condiciones de trabajo—. Y ¿qué es la pauperización cíclica absoluta? Mandel es bastante preciso en este punto. Ese proceso de pauperización está en función del desempleo, y está muy vinculado a la “inevitabilidad de las fluctuaciones cíclicas en el capitalismo, es decir, la inevitabilidad de las crisis periódicas de sobreproducción, o ‘recesiones’ como se les llama hoy, con connotaciones menos provocadoras”.30

En suma, para Mandel no existe la pauperización absoluta, en primer lugar, porque Marx no basa su teoría de los salarios en las premisas poblacionales de los economistas clásicos —Malthus, Ricardo— en que el salario está determinado por la cantidad de población existente y por las fluctuaciones cíclicas de éste, en que los salarios se mantendrían bajos en función de la alta cantidad de población trabajadora. Para Marx eso es completamente falaz. Y en segundo lugar, Marx basó la teoría de los salarios en función de la acumulación de capital y de cómo ésta influye cíclicamente los ingresos —reales— de los trabajadores. Esto llevó a que se confundiera, según Mandel, entre el valor de la fuerza de trabajo —es decir: los valores que tienen los bienes que compran los trabajadores con su salario— con el salario real de los trabajadores —es decir: la cantidad física o lo que realmente compran los trabajadores con su salario—. Por tanto, para Mandel, el salario de los trabajadores depende eminentemente del ritmo de la acumulación de capital, en que si hay crisis los salarios reales descienden, y si existe bonanza económica por el contrario, los salarios tienden a subir. Pero aquí se llega literalmente a una paradoja: el que el capitalismo utilice la tecnología para extraer la plusvalía relativa a los trabajadores, ¿no estaría llevando —en el largo plazo— realmente a una pauperización absoluta de la clase trabajadora? Ya que, por mucho que Mandel diga que Marx nunca tuvo una teoría de la pauperización absoluta en sí, pareciera que sus premisas —en la forma que Mandel las expone— indicaran claramente eso.

Argumentos a favor

Entre los que apoyan la idea de pauperización absoluta de los trabajadores, se encuentran los “teóricos” del llamado análisis de sistemas-mundo, y especialmente Immanuel Wallerstein junto con otros autores. ¿Qué plantea esta linea de interpretación? Pues, éstos plantean que las ideas marxianas de polarización clasista y de pauperización absoluta de hecho, sí se cumplen en el sistema capitalista mundial. Hay que destacar que la forma de analizar dichos procesos descritos por Marx no son analizados por estos autores de manera idiográfica como lo realiza Mandel, es decir: por medio de teorizaciones abstractas, sino por medio de una combinación de cuestiones idiográficas y nomotéticas simultáneamente —que aquí no será discutido aquello— por lo que la perspectiva que estos autores tienen de estos procesos son más bien histórico-mundiales. Y siguiendo con la argumentación de estos autores, ¿cómo lo demuestran? Pues bien, cuestionando ciertas cosas que se dan por sentadas o que han sido muy deformadas dada la visión decimonónica de las premisas de Marx: “al menos desde 1945, a los intelectuales les resultó relativamente fácil demostrar que, lejos de empobrecerse, los trabajadores de los países industriales occidentales vivían mucho mejor que sus abuelos y que en consecuencia, no se había producido empobrecimiento, ni siquiera relativo, ni mucho menos absoluto”.31 Es decir, en esa coyuntura la posición de la clase trabajadora realmente era muy buena. Sin embargo, las premisas de Marx no son de aplicación coyuntural o meramente para un momento específico, sino que son de aplicación a fenómenos histórico-sociales de larga duración y de un amplio espacio geográfico.

Hay que entender que para Wallerstein el sistema histórico capitalista no es un progreso con respecto a los sistemas históricos previos. Para él es incluso peor que los anteriores: “simplemente no es cierto que el capitalismo como sistema histórico haya representado un progreso con respecto a los diversos sistemas históricos que destruyó o transformó”.32 En este sentido, el autor del análisis de sistemas-mundo tiene una audaz declaración con respecto al capitalismo y para demostrar que ha sido peor que los sistemas sociales históricos previos: “quiero defender la tesis marxista que incluso los marxistas ortodoxos tienden a enterrar avergonzados, la tesis de la depauperación absoluta (y no relativa) del proletariado”.33 Y ¿cómo sostiene Wallerstein la tesis marxista ortodoxa? Pues aludiendo a cuestiones materiales y poniendo en cuestión implícitamente ciertas cuestiones del mismo marxismo ortodoxo. Wallerstein no duda de que los trabajadores industriales de hoy en día viven mucho mejor que a inicios o mediados del siglo XIX, pero ante ello, él menciona que “pero los trabajadores industriales siguen constituyendo una parte relativamente pequeña de la población mundial”,34 por lo que el problema de la pauperización absoluta para Wallerstein no se encuentra en la específica situación de los obreros industriales. Entonces, ¿en dónde se encuentra? El autor menciona que la pauperización absoluta podría encontrarse en otros tipos de trabajadores —no industriales necesariamente— los cuales tienen, de hecho, peores condiciones vitales que los trabajadores industriales: “la abrumadora mayoría de los trabajadores mundiales, que viven en zonas rurales u oscilan entre éstas y los suburbios de la ciudad, están en peores condiciones que sus antecesores hace quinientos años. Comen menos bien y ciertamente tienen una dieta menos equilibrada”.35 Solamente hay que ponerse a pensar en la gran cantidad de locales de “comida chatarra” que existen hoy por toda la economía-mundo para ver que lo que plantea Wallerstein es cierto. Y además, que las ciudades van teniendo cada vez más problemas de acceso y circulación.

Pero eso no es todo. El autor duda también de que la esperanza de vida sea alta para la mayoría de la población del sistema mundial en su conjunto. Sin duda, Wallerstein afirma que sí existe protección para un individuo para el primer año de vida; no obstante él menciona que después del año no corre, y que a partir de ahí empieza a decrecer esa protección y que por tanto, a partir de entonces la esperanza de vida empieza a caer.36 ¿Por qué? Precisamente por los procesos de trabajo al cual son sometidos la mayoría de la humanidad en el sistema-mundo. Pues, para Wallerstein, la población mundial actualmente trabaja cuantitativamente mucho más que la población mundial de hace quinientos y/o doscientos años atrás, por dar ejemplos. Para Wallerstein “indiscutiblemente trabajan más: más horas por día, por año, por hora”.37 Esto es muy intrigante, porque se podría pensar en términos marxianos que aunque disminuya el trabajo mínimo necesario —para la producción de mercancías— por medio del desarrollo de las fuerzas productivas —tecnología y cualificación de la fuerza de trabajo— y con ello, una disminución de la jornada laboral, la argumentación wallersteiniana menciona que ocurre precisamente lo contrario: “lo hacen por una recompensa inferior, la tasa de explotación ha aumentado considerablemente”.38 Es decir: para Wallerstein la población mundial trabaja hoy en día mucho más a causa de la misma tecnología que reduce los tiempos necesarios de elaboración de bienes y servicios, a cambio de menor producto social que antes. Ese es el argumento general wallersteiniano que justifica la pauperización absoluta en el capitalismo, y se desglosa en varios subargumentos, que veremos a continuación.

Antes de dar con esos dos subargumentos, cabe destacar previamente algunos supuestos de Wallerstein. En primer lugar, la unidad de análisis a utilizar, que para el autor no son los Estados-nación por separado, sino “siempre que utilicemos como unidad de cálculo la única entidad que realmente importa, la economía-mundo capitalista”.39 Solamente tomando en cuenta a la economía-mundo capitalista en su totalidad y no por sus partes separadas es que se puede medir correctamente la polarización. Y en segundo lugar, Wallerstein quiere entender de dos maneras la polarización: “debemos distinguir entre la bifurcación social de la riqueza material (en sentido amplio), y la bifurcación social que es resultado de los procesos inseparables de proletarización y burguesificación”.40 En suma, como se ve, para el autor, la polarización no solamente se entiende de manera “economicista” sino como un proceso social integral que afecta tanto al capitalista como al trabajador recíprocamente. Y ciertamente, que la unidad de análisis debe ser la totalidad del mundo capitalista como tal, de lo contrario se tienen mediciones diferenciales a partir de cada unidad de análisis nacional lo que pondría en tela de juicio la hipótesis marxista ortodoxa —y ahora wallersteiniana— de la polarización absoluta. Serían falseamientos de esas mediciones justamente por la jerarquía de Estados que existe al interior del sistema-mundo capitalista —Estados centrales, periféricos y semiperiféricos— cosa que no será explicado en el marco de este trabajo.

Ahora bien podemos seguir con los argumentos wallersteinianos sobre la polarización absoluta en el marco del sistema mundial capitalista. Para sostener eso, Wallerstein menciona que en el sistema ha existido “un creciente ‘desfase’ en el consumo del excedente entre el 15 por 100 de la población situada en la capa más alta de la economía-mundo capitalista y el resto”.41 Uno de los subargumentos del autor para justificar la existencia de la pauperización absoluta se debe a la ideología de la meritocracia. Para Wallerstein no es que la meritocracia haya sido un fracaso, más bien ocurre lo contrario. No obstante, para él, “esto ha ocurrido sin una transformación fundamental de las estadísticas globales de la economía-mundo, dado que la movilidad de los individuos (o subgrupos) ha estado contrarrestada por un incremento en el tamaño del estrato inferior”.42 Y ¿cómo se incrementaba la capa inferior? Mediante ampliación territorial —y ergo poblacional— del sistema mundial como tal, y por medio de tasas de crecimiento desiguales al interior del mismo sistema.43 El impacto de la meritocracia, consiguientemente, no ha sido tan grande como alegan sus apologetas. En segundo lugar, Wallerstein plantea que la polarización no ha sido observada en las ciencias sociales —y que por eso es existente— es porque dichos análisis según él se han centrado en lo que se conoce como “clases medias”. Y eso ¿qué importancia tiene? Pues mucha, ya que al concentrar el análisis en tales estratos se obvia lo que sucede con las capas sociales más bajas. En el análisis social comparativo entre las capas más altas y las “medias” —que según Wallerstein representan sólo un 15% del total mundial— se ha visto que “dentro de ese sector ha habido realmente un aplastamiento relativamente espectacular de la curva entre la capa más alta (menos del 1 por 100 de la población total) y los sectores o cuadros realmente ‘medios’ (el resto del 10-15 por 100)”.44 La importancia de la observación que hace Wallerstein en este punto es grande, puesto que los análisis sociales han obviado con lo que sucede de hecho, entre el 10-15% más alto de la población total del sistema mundial capitalista y el 85% restante;45 para Wallerstein ahí se ubica realmente la pauperización y polarización. Y en tercer lugar, el autor afirma que quizás los movimientos antisistémicosanticapitalistas por definición— han hecho alguna cosa para remediar la situación de desigualdad en el mundo y que quizás se hayan aminorado en algo las desigualdades absolutas aunque no las relativas, y ¿por qué? Probablemente “bajo la presión de la fuerza colectiva de los movimientos antisistémicos en el mundo y la aproximación a las asíntotas económicas”.46 Sin embargo, en este punto plantea que hay que ser cuidadoso con los análisis.

Y aún así Wallerstein continúa justificando esta tesis marxista ortodoxa de la polarización social —pauperización absoluta— en el modo de producción capitalista. Más adelante, este autor proporciona una cierta metodología que según él permitiría apreciar la veracidad de dicha tesis. ¿Qué dice Wallerstein al respecto? Pues no solamente elegir la economía-mundo capitalista como unidad de análisis espacial —como fue expuesto previamente— sino también los límites temporales para el mismo.47 En cuanto a los límites temporales, Wallerstein prefiere indicadores que tengan en cuenta el largo plazo —al igual que Mandel— y en este sentido opta por el llamado cálculo de vida porque “es el que nos ofrece la mejor medida, objetiva y subjetivamente, de si ha tenido lugar o no una polarización material”.48 Y además de usar ese cálculo, él plantea que se deben hacer mediciones intergeneracionales, pero con la advertencia de no realizarlos por la vía de generaciones de un solo linaje “porque de ese modo se introduciría un factor no pertinente desde la perspectiva del sistema-mundo en su conjunto: el índice de movilidad social en zonas concretas de la economía-mundo”.49 En lugar de realizar aquello, Wallerstein propone realmente una tarea titánica en cuanto a estudios histórico-mundiales: “comparar estratos semejantes de la economía-mundo en momentos históricos sucesivos, midiendo cada estrato a lo largo de la vida de sus integrantes”.50 Esto implicaría comparar los estratos sociales dentro de todo el sistema mundial en su conjunto y asumir por ende una perspectiva holística, en que no solamente se midan los estratos en el centro, la periferia y la semiperiferia por separado y mucho menos por unidad nacional. Y ¿qué se estaría buscando a través de esta forma de medir? Pues si “para un estrato dado, la experiencia de vida en un momento histórico es más o menos dura que en otro, y si con el tiempo ha aumentado o no el espacio que separa a los estratos superiores de los inferiores”.51

Pero el método que propone Wallerstein no solamente se circunscribe a esos aspectos histórico-mundiales, sino que también se hace extensivo a consideraciones más minuciosas, como por ejemplo: qué debe ser y qué no debe ser considerado en la elaboración de tales indicadores de polarización histórico-mundial en el modo de producción capitalista. En palabras de Wallerstein “el cálculo debe incluir no sólo el total de ingresos de la vida, sino también estos ingresos divididos por el total de horas de trabajo dedicadas a su adquisición (en la forma que sea) con el fin de obtener cifras que sirvan de base para el análisis comparativo”.52 La duración de la vida de un sujeto debería ser contada a partir del año —como dijimos previamente— o incluso desde los cinco años en adelante con el fin de “eliminar el efecto de las mejoras sanitarias que puedan haber reducido la tasa de mortalidad infantil sin afectar necesariamente a la salud de los adultos”.53 Y como último detalle para este índice, Wallerstein propone que se deben contabilizar las situaciones de guerra, genocidios y similares, ya que “al privar a muchas personas de descendientes, desempeñaron un papel en la mejora de la suerte de otras”.54 Según el autor, si se consiguieran esos datos y se ordenaran en donde al menos se apreciaran cuatrocientos años de existencia del moderno sistema mundial, se podría apreciar que en ese lapso de tiempo no ha existido una convergencia social entre los estratos superiores e inferiores, sino todo lo contrario: se ha acentuado secularmente la polarización material en la economía-mundo capitalista. Y Wallerstein continúa mencionando que “hablando claro, quiero decir que en la actualidad la gran mayoría (todavía rural) de la población de la economía-mundo trabaja más y durante más tiempo y por una recompensa material menor que hace 400 años”.55

Quizás el análisis de Wallerstein sobre la polarización se parece bastante al de Mandel,56 pero aquél obviamente que se toma mucho más en serio el factor temporal a largo plazo que éste último. Y cómo veremos a continuación, el análisis wallersteiniano de la polarización supera al de Mandel ya que no solo contempla a los trabajadores de la economía-mundo capitalista sino también a su contraparte: la clase capitalista. Por lo que Wallerstein propone, por decirlo así, un modelo dialéctico de la polarización social en el modo de producción capitalista. Aquí Wallerstein, por lo tanto, considera los procesos sendos de proletarización y de burguesificación, y establece que el uno no puede ir sin el otro. Aquí llegamos a la parte del análisis de Wallerstein que propone comprender la polarización material a través de la bifurcación social y por tanto, tomando el término marxista relaciones de producción.57 Antes de continuar con el análisis wallersteiniano, conviene definir lo antes posible qué quiere decir para el autor los siguientes términos, es decir: qué entiende Wallerstein por burgués y proletario. Está claro que Wallerstein no define a ambas clases de manera ortodoxa o decimonónica, sino de otra manera. En eso no sigue al marxismo ortodoxo ya que mas bien le hace perder fuerza a la tesis de la polarización. En palabras de él: “si por burgués y proletario auténticos entendemos aquellos que viven de sus ingresos actuales, es decir, sin depender de ingresos procedentes de fuentes heredadas (capital, propiedades, privilegios, etc.), y hacemos la distinción entre aquellos (los burgueses) que viven de la plusvalía que los otros (los proletarios) crean, sin que intervengan en exceso los roles mixtos, podemos afirmar que a lo largo de los siglos ha ido aumentando el número de personas que se han situado inequívocamente en una u otra categoría”.58 Es decir, la polarización social ha ocurrido y de hecho sigue ocurriendo en que se dan distintos tipos de burgués y proletarios al interior de dichas clases sociales.

Para Wallerstein, al igual que Mandel, lo que define las clases sociales es la acumulación de capital y solamente en función de ésta es que se van configurando aquéllas. La proletarización de acuerdo con Wallerstein, es un proceso que ocurre “a pesar del capitalista” y por presión de los trabajadores. ¿Por qué? Pues, porque los trabajadores no proletarizados —los semiproletarios— tienen ingresos múltiples, es decir: “redondean sus ingresos salariales con pequeñas producciones de bienes de primera necesidad, arrendamientos, regalos y pagos de transacciones y, por último aunque no menos importante, producción de subsistencia”.59 Por tanto, esas múltiples fuentes de ingresos permiten al capitalista, de hecho, un salario por debajo de lo que Wallerstein llama “nivel mínimo necesario” —y que Mandel llamaría “nivel fisiológico”—. Y ¿debido a qué? Debido precisamente a que “si los ingresos salariales sólo equivalen a una pequeña proporción del total de ingresos de la estructura familiar, el patrón del trabajador asalariado puede pagar un salario por hora inferior al mínimo, obligando a los demás ‘componentes’ del total de ingresos de la estructura familiar a ‘completar’ la diferencia existente entre el salario pagado y el mínimo necesario para sobrevivir”.60 Sólo de esa manera se entiende la proletarización, la cual se podría definir como el proceso en que los trabajadores semiproletarios exigen al empleador capitalista el pago del salario mínimo, es decir, que ya no les paguen un salario inferior al mínimo legal. Ese proceso implica de hecho hacer que los trabajadores semiproletarios ya no “subvencionen” de hecho a los patrones capitalistas al hacer que sean tratados como trabajadores proletarios, en que “el trabajo exigido para conseguir unos ingresos superiores al nivel mínimo, a partir del trabajo de subsistencia (···) con el fin de ‘alcanzar el promedio’ en un nivel mínimo para el conjunto de la estructura familiar actúa de hecho como una ‘subvención’ para el empresario del trabajador asalariado, como una transferencia a este empleador de una plusvalía adicional”.61 Y desde este punto de vista, la situación del trabajador semiproletario es mucho peor que la del proletario, ya que podría sostenerse que a aquél se le extrae —en lenguaje marxista— plusvalía absoluta, mientras que al último se le extrae plusvalía relativa, y por ello, la tasa de explotación es mucho mas alta para el semiproletario.

No obstante, el proceso de proletarización tiene que ver más bien con lo que ocurre en la “esfera de la producción” y con lo que paga el empresario a sus trabajadores, y por eso mismo no hay que olvidar que los trabajadores no solamente se dedican a ejecutar su propio valor de uso, es decir: hacer funcionar el trabajo muerto (capital) por medio del trabajo vivo (fuerza de trabajo), sino que también son consumidores. Por tanto, la proletarización aumenta también por razones que afectan en lo que Marx llamaría “esfera de la circulación” de las mercancías. ¿Qué quiere decir todo esto? Solamente que los capitalistas para obtener su ganancia, no deben únicamente extraer el mayor plusvalor —absoluto y/o relativo— a sus trabajadores, sino que también deben realizarlo. Y ¿cómo? Por medio de la venta de la mercancía producida en el mercado, de lo contrario todo el plusvalor extraído se desvalorizaría y no habría ganancia alguna para el empresario capitalista. Pero ¿qué tiene que ver esto con los trabajadores? Mucho, puesto que para que vendan sus productos “necesitan que se incrementen los ingresos en efectivo de los trabajadores”.62 Con esto, Wallerstein quiere decir, que en la economía-mundo capitalista hay ciclos en donde la demanda efectiva se expande: “los reiterados estancamientos de la economía-mundo conducen a incrementos discontinuos aunque necesarios (es decir, repetidos) del poder adquisitivo de algún (nuevo en cada ocasión) sector de la población (mundial)”.63 Por lo que existiría de hecho un vínculo entre la proletarización y las crisis económicas de “sobreproducción” en que la solución de las mismas pasa por la expansión de la demanda efectiva. Esto quiere decir, que la proletarización no solamente es por presión política de los mismos trabajadores,64 ya que al proletario lo explotan mucho menos que al semiproletario, sino que ocurre por necesidad de la realización del plusvalor y, consiguientemente, para que el capitalista pueda tener su ganancia.

Ahora toca ver lo que ocurre al otro lado de la moneda: el proceso de burguesificación. En cuanto a este último proceso, Wallerstein está en contra del metarrelato marxista que se hace cómplice del metarrelato liberal que en fin de cuentas termina por alabar al modo de producción capitalista. Ambos “mitos” comparten la idea de que el “burgués” o “empresario” es aquel personaje, o mejor dicho, héroe de la historia, puesto que es el que revoluciona las relaciones de producción y con ello posibilita la aparición del capitalismo al nivel de un Estado-nación en particular, al mismo tiempo que condena a los “aristócratas feudales” por ser una clase rentista y ociosa y que por tanto, no facilita la “revolución industrial”.65 Hablando en términos de ciclos capitalistas, el mito marxista menciona en ese sentido, que los capitalistas no solamente deben realizar el ciclo mercantil simple, o sea: D-M-D’ en que se compre una mercancía para venderla a un precio más alto, sino que deben realizar todo el ciclo capitalista: D-M···FT+MP-M’-D’. Wallerstein está en contra de ese mito, precisamente por la idea de progreso inevitable que le imbuyen a la figura del “empresario” y al capitalismo como tal, en donde paradójicamente: “los marxistas se han convertido en algunos de los mejores proveedores de alabanzas para el sistema capitalista”.66 Aquí Wallerstein cuestiona implícitamente la noción marxista ortodoxa tan arraigada que es la de “revolución burguesa”, aunque ese no es el punto principal aquí. Por tanto, lo que hace esa imagen marxista —y liberal por añadidura— es que “casi nos olvidemos de la otra tesis marxista sobre la explotación del trabajador que adopta la forma de obtención de plusvalía de los trabajadores por parte del mismo industrial que, a partir de ese momento engrosa lógicamente las filas de los ociosos, junto con el comerciante y el ‘aristócrata feudal’”.67 En suma, Wallerstein rechaza el cuadro marxista ortodoxo porque elimina del mismo lo que sucede con la clase trabajadora —proletaria y semiproletaria—.

Si Wallerstein rechaza las imágenes historiográficas del marxismo ortodoxo, entonces ¿cuál es el cuadro que él propone? Él más bien propone que las divisiones entre capitalista-empresario y capitalista-rentista, son las dos caras de una misma moneda, y que van cambiando de acuerdo a la incesante acumulación de capital. El razonamiento que proporciona Wallerstein en cuanto a la burguesificación es similar en cuanto al proceso de proletarización, es decir: “del mismo modo que los trabajadores viven en estructuras familiares cuyos ingresos proceden de múltiples fuentes (sólo una de las cuales son los salarios), los capitalistas (especialmente los grandes capitalistas) viven en empresas que en realidad obtienen ingresos de diversas inversiones (rentas, especulación, beneficios comerciales, beneficios ‘normales’ de producción, manipulación financiera)”.68 Y todos esos beneficios capitalistas se expresan en dinero, el medio con el cual realizan la acumulación de capital. En este sentido, el proceso de burguesificación sufre un efecto contrario al de proletarización. Es decir: si la proletarización tiende a reducir el número de ingresos hasta dejar al salario como único ingreso para la unidad doméstica; el proceso de burguesificación tiende al contrario: al aumento del número de ingresos haciendo que el capitalista dependa no solamente de un tipo de ingreso sino de muchos simultáneamente. Y en este sentido, la tesis de la polarización —o pauperización absoluta— sí que es cierta. Es tan cierta esa tesis, que los burgueses en realidad lo que desean ser es convertirse en capitalistas-rentistas y no en capitalistas-empresarios —al estilo schumpeteriano de ser emprendedores—. De hecho, según la visión wallersteiniana de estos procesos, los capitalistas tienden a ser schumpeterianos “a su pesar”, por necesidad.69

Y Wallerstein, en cuanto al proceso de burguesificación, menciona que más bien ocurre lo contrario de lo que los capitalistas desearan: cada vez más capitalistas se convierten en empresarios en vez de rentistas. Los capitalistas, en el decurso histórico del sistema-mundo capitalista, tienden a competir económicamente más entre sí. Todo ese proceso de tendencia a la competencia intercapitalista se hace más estrecha: “objetivamente, a medida que se extiende, el sistema capitalista se racionaliza, provoca una mayor concentración, la competencia se hace cada vez más dura”.70 En este sentido, y al nivel del mercado mundial, Wallerstein postula que a medida que un sector capitalista se convierte en “aristócrata-feudal”, es decir, a medida que empieza a tener privilegios fruto de monopolios —o de cualquiera otra ventaja económica— lo cierto es que tales acciones tienden a penalizar a los sectores capitalistas no privilegiados en el mercado mundial, y consiguientemente tienden a dificultarles su situación en la competencia intercapitalista.71 Como ejemplo actual del proceso de burguesificación, el autor menciona que los capitalistas de tipo schumpeteriano se están cada vez más tecnocratizando y que se ha ido haciendo paulatinamente más notoria esa tendencia. Por tanto, Wallerstein asegura que ese es el prototipo de capitalista que origina la burguesificación. Pero el proceso no se explica del todo hasta ahí, ya que los movimientos antisistémicos también son los que obligan a los capitalistas a la burguesificación en “sus esfuerzos por apropiarse de los mecanismos que dominan el funcionamiento de la vida económica y eliminar la injusticia”.72 Y ha sido tan grande la tendencia hacia la burguesificación que “la ociosidad feudal-aristocrática se torna demasiado obvia y demasiado peligrosa políticamente”.73 Es decir, que ahora la búsqueda de privilegios económicos por medio del Estado ha perdido legitimidad política.

Consideraciones finales

Como se pudo observar a partir de este trabajo, es que la tesis de la pauperización absoluta de Marx es un tema complicado. Tan complicado que apenas hay consenso sobre si es existente o sí es falsa, y por ende, mera ideología. En primer lugar vimos las posturas del posmarxismo de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, quienes en su libro Hegemonía y estrategia socialista, desechan por completo dicha tesis ortodoxa del marxismo. La desechan porque ellos consideran que el relato marxista adolecía de ciertas deficiencias. Por una parte, postula un desarrollo social en que hay dos dinámicas que causan el desarrollo capitalista: 1) el desarrollo de las fuerzas productivas, lo que provoca la sucesión contínua de un modo de producción a otro, y 2) la lucha de clases. Ellos entienden —a partir de la lectura del autor del marxismo analítico Gerald A. Cohen— que las fuerzas productivas son de carácter neutral y que consiguientemente, no son influenciadas por la lucha de clases. En suma, ellos alegan que no hay un nexo entre el desarrollo de las fuerzas productivas y la lucha de clases, y que por tanto, ambas corren por su propia cuenta con independencia la una de la otra. Y en segundo lugar, a partir de lo anterior, ellos postulan que el metarrelato marxista es de carácter objetivista, naturalista y determinista. ¿Por qué? Pues porque la teoría económica marxista y la interpretación que ha dado el marxismo clásico al desarrollo de las fuerzas productivas y a la lucha de clases, llevaba a la inevitabilidad del derrumbe del modo de producción capitalista a través de la tesis marxista ortodoxa de la pauperización absoluta y de la homogeneización de la clase trabajadora. Para ellos, ambas tesis son falsas precisamente porque según ellos, las fuerzas productivas de hecho no son neutrales y también porque la lucha de clases así como los capitalistas influyen en el desarrollo de las fuerzas productivas. Sin duda es cierto que esos tres “componentes” se influyen recíprocamente entre sí.

No obstante, la argumentación que ellos usan para rechazar las tesis de constante pauperización absoluta y homogeneización de la fuerza laboral adolece de ciertos fallos. En primer lugar, pareciera que ellos entienden a la clase trabajadora solamente como al obrero industrial del siglo XIX —precisamente en la época que vivía Marx— por lo que Laclau y Mouffe adolecen de tener una visión decimonónica del marxismo e incluso deformadora. En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, estos autores posmarxistas entendieron por homogeneización el que la población mundial se convierta en clase trabajadora en el sentido de que cada vez más existan obreros industriales decimonónicos. De nuevo, la deformación decimonónica y hacer ver que el marxismo no se ha actualizado. Ellos no comprendieron que el marxismo —o al menos Marx— no quiso decir que la homogeneización quería decir que la gran mayoría de la población —de un Estado-nación o mundial— se iba a convertir de hecho en obreros industriales, sino que lo que quiere decir ese proceso de homogeneización es que la subsunción del trabajo al capital se iba cada vez más a generalizar por el mundo. Es decir, la homogeneización de la clase trabajadora podría entenderse como el proceso de proletarización que Wallerstein proporciona para corroborar la tesis de la pauperización absoluta y homogeneización bajo el modo de producción capitalista. Y en tercer lugar, Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, mencionan que la tesis de la pauperización absoluta de Marx es falsa debido a que al interior de la fuerza de trabajo existen sectores privilegiados y otros no privilegiados. Pero ¿qué unidad de análisis tomaron en cuenta para decir tal afirmación? ¿Un país en particular, o el sistema capitalista mundial? Pues es muy distinto el resultado de las mediciones dependiendo de qué unidad de análisis de utilice para corroborar o rechazar esta tesis.

En cuanto a Ernest Mandel. Él plantea lisa y llanamente que Marx nunca tuvo de hecho, una teoría de la pauperización absoluta —ni relativa— bajo el modo de producción capitalista. Él más bien plantea muchas cosas. En primer lugar: que se malentendió que Karl Marx proporcionó esa “teoría” a partir de ciertos pasajes de las obras de su juventud de —especialmente en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 y en el Manifiesto comunista de 1848— en donde él planteaba que el capitalismo como tal genera a medida que deviene en la historia, mayor pobreza para la clase obrera y mayor riqueza para la clase capitalista, generándose así la polarización y la pauperización absoluta para aquella clase. Mandel menciona que en las obras de madurez de Marx —es decir desde los Grundrisse de 1857-1858 en adelante hasta El capital de 1867— él nunca formuló la teoría de la pauperización absoluta y ni siquiera de la relativa. En segundo lugar, Mandel plantea que Marx hubiera seguido el juego a los economistas clásicos —Robert Malthus y David Ricardo— al corroborar de hecho la teoría de la pauperización absoluta. ¿Por qué? Porque Marx habría formulado una teoría de los salarios que se fundamentaba en la cantidad de población de un determinado territorio y en las fluctuaciones demográficas. Según Mandel, el que la teoría marxiana de los salarios se haya justificado en premisas demográficas, habría llevado a la “ley de bronce de los salarios” que incluso la socialdemocracia alemana —Ferdinand Lasalle— afirmó que era correcta. Si los salarios fuesen determinados por los cambios demográficos, entonces cuando baja la población obrera los salarios son altos, y cuando la población obrera es alta los salarios empiezan a decaer. En vez de ello, Ernest Mandel postula que Marx formuló su teoría de los salarios en función del ritmo de acumulación de capital en donde las fluctuaciones del cambio demográfico no tienen incidencia alguna.

Sin embargo, la argumentación mandeliana sobre la pauperización también tiene sus límites. En primer lugar, lo que limita grandemente su relativización e incluso negación de la teoría de la pauperización bajo el modo de producción capitalista, es su punto de partida que es de hecho una exégesis a la obra de Marx. Es decir, el análisis de Mandel de la teoría de la pauperizacion absoluta parte solamente de la interpretación de la obra de Marx —El capital, por cierto— lo que limita en gran parte su puesta en tela de juicio la validez de la existencia de la pauperización absoluta bajo el modo de producción capitalista. Si bien, puede que Ernest Mandel esté en lo cierto: que Marx nunca haya elaborado una teoría de la pauperización absoluta como tal, pero eso no quita que las intuiciones de aquello —la pauperización absoluta— en sus obras de juventud fueran ciertas más allá del marco de sus obras. En segundo lugar, la argumentación mandeliana para relativizar dicha tesis marxista la hace verdaderamente en un marco que podría catalogarse como “economicista”, puesto que le da gran importancia a conceptos económicos como salario real y salario nominal. Pero aún así, Mandel intenta superar ese “economicismo” al incorporar en relación a los salarios dos niveles 1) el nivel mínimo o fisiológico y 2) el histórico-moral. Y en relación a ambas distinciones es que la pauperización absoluta tiende a ser falsa puesto que a medida que deviene el capitalismo histórico el nivel histórico-moral del salario cada vez se hace más alto. Sin embargo, se llega a una contradicción en la argumentación de Mandel cuando éste plantea que el salario depende a fin de cuentas del ciclo económico, en que los salarios suben cuando hay bonanza económica y que bajan cuando hay crisis económicas. Por tanto, por más que Mandel intente decir que los salarios reales no dicen nada acerca del valor de la fuerza de trabajo, lo cierto es que como pudimos observar a partir del análisis wallersteiniano de la pauperización absoluta: los trabajadores cada vez trabajan más por cada vez menos producto social lo que implica de hecho, una baja del salario real. Sin embargo, para Mandel eso no es indicio de que exista de hecho pauperización absoluta.

Sobre Immanuel no nos extenderemos mucho, ya que ha sido el apartado más largo de este trabajo. Lo que sí cabe destacar es que él a pesar de no ser un marxista ortodoxo, tiene intención de defender dicha tesis marxista ortodoxa la cual muchos tienden a enterrarla y a decir que era falsa y por tanto, que Marx y los marxistas se equivocaron. Para Wallerstein la polarización y la pauperización absoluta sí han tomado lugar históricamente, si es que se toma la precaución de tomar como unidad de análisis a la economía-mundo en su conjunto, y si se toma en cuenta que históricamente la economía-mundo se ha expandido geográficamente y territorialmente lo cual hace evidentemente que existe polarización social y material. De hecho Laclau y Mouffe fueron incapaces de ver este fenómeno precisamente por no haber utilizado dicha unidad de análisis y al solamente concentrarse en los discursos. Y ¿Por qué dicha tesis de Marx es cierta según Wallerstein? En primer lugar, porque los análisis realizados por las ciencias sociales en relación a la eliminación de las brechas materiales, se han concentrado en lo que ha pasado entre los sectores más altos de la población mundial (1%) y los sectores “medios” (el 14%); Wallerstein menciona que es cierto que se han eliminado las brechas entre ambos sectores sociales. Sin embargo, ¿qué ha sucedido entre el 15% más alto y el 85% restante? Y ahí el autor menciona que la polarización social efectivamente sí ha tenido lugar. En segundo lugar, Wallerstein proporciona una explicación histórico-mundial, en que la polarización social —que presupone la pauperización absoluta— sí ha tenido lugar a través de dos procesos que son la misma cara de la moneda: 1) proletarización y 2) burguesificación. La proletarización es en pocas palabras, hacer que la clase trabajadora que depende de múltiples ingresos además del salario, paulatinamente disminuya el número de ingresos hasta depender únicamente del salario entregado por el capitalista. Y la burguesificación, es el proceso mediante el cual un capitalista emprendedor schumpeteriano multiplique el número de ingresos mediante privilegios políticos económicos —mediante monopolios— haciendo que de esa forma se transforma en rentista-feudal. Y la tendencia ha sido a una mayor burguesificación.

1 Ëtienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Raza, nación y clase. Las identidades ambiguas, Iepala textos, 1ª edición, 1991, España, p. 198

2 “La contradicción entre burguesía y proletariado es, por tanto, presentada como la expresión social y política de una contradicción principal de tipo económico que combina una ley general de desarrollo de las fuerzas productivas con las leyes específicas de desarrollo del modo de producción capitalista”. Véase Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia, Fondo de Cultura Económica, 2ª edición, 2004, 1ª reimpresión, 2006, Argentina, p. 114

3 Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Ibíd., p. 115

4 Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Ibíd., p.118

5 Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Ibidem

6 Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Ibidem

7 “Pero está claro que ambas relaciones han evolucionado en forma diferente, haciendo problemático el rótulo —‘clase trabajadora’— que unificaba a ambas: en tanto que en el capitalismo avanzado la forma salarial se ha generalizado, la clase de los obreros industriales no ha hecho sino disminuir en número y significación” Véase Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Ibíd., pp. 118-119

8 Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Ibíd., p. 119

9 Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Ibíd., 120

10 Ernest Mandel, El capital. Cien años de controversias en torno a la obra de Karl Marx, Siglo XXI Editores, 3ª edición, 2005, México, p. 64

11 Ernest Mandel, Ibidem

12 “Las limitaciones lógicas de esta teoría son patentes. Se ocupa solamente de lo que ocurre del lado de la oferta de la fuerza de trabajo y omite completamente lo que sucede del lado de la demanda. Presupone que la población trabajadora potencial es una función lineal del incremento en la población y que el movimiento demográfico es a su vez una función lineal del ingreso real”. Véase Ernest Mandel, Ibidem

13 Para Ernest Mandel, la teoría marxiana de los salarios es realmente un paso adelante con respecto a la de los economistas clásicos. En palabras del autor: “Si se compara la teoría de los salarios de Marx con las opiniones de los economistas académicos de su tiempo, se ve inmediatamente el paso que dio hacia adelante. Porque puntualiza no sólo que la fuerza de trabajo [···] tiene un valor que es determinado objetivamente como el valor de todas las otras mercancías”. Véase Ernest Mandel, Ibidem

14 Ernest Mandel, Ibíd., pp. 64-65

15 Ernest Mandel, Ibíd., p. 65

16 “Por otro lado observamos anteriormente que Marx explicaba la fluctuación de los salarios durante el ciclo económico, es decir del precio y no del valor de la fuerza de trabajo, como regida esencialmente por los movimientos del ejército industrial de reserva. Los salarios reales tenderían a aumentar en tiempos de auge y pleno empleo y a bajar en tiempos de depresión y desempleo en gran escala”. Véase Ernest Mandel, Ibidem

17 Ernest Mandel, Ibíd., p. 66

18 Ernest Mandel, Ibidem

19 Ernest Mandel, Ibidem

20 Ernest Mandel, Ibidem

21 Esto se puede observar en cómo Mandel formula un problema: “Esto explica por qué los salarios en Estados Unidos fueron desde el principio significativamente más altos que en Europa, por qué en Europa los salarios empezaron a subir significativamente a fines del siglo XIX como resultado de las grandes migraciones de un continente a otro del ejército industrial de reserva y por qué el continuo desempleo y subempleo masivos en los países subdesarrollados ha implicado un valor de tendencia decreciente de la fuerza de trabajo (a menudo acompañada de una baja de los salarios reales) en las dos últimas décadas”. Véase Ernest Mandel, Ibíd., pp. 66-67

22 Ernest Mandel, Ibíd., p. 67

23 “La acumulación de capital implica una creciente explotación de los trabajadores, que incluye un creciente desgaste de la fuerza de trabajo, especialmente a través de la intensificación del proceso de producción. Pero esto a su vez implica la necesidad de un consumo mayor justamente para reproducir la fuerza de trabajo aun fisiológicamente”. Véase Ernest Mandel, Ibidem

24 Ernest Mandel, Ibíd., p. 68

25 Ernest Mandel, Ibidem

26 Ernest Mandel, Ibidem

27 “En estos dos pasajes Marx habla de miseria creciente y de ‘pauperismo’, y también de ‘acumulación de miseria’. Pero el contexto indica claramente que se refiere a la pobreza y la miseria de la ‘sobrepoblación’, de la capa más desvalida de la clase obrera, es decir de los pobres desempleados o subempleados”. Véase Ernest Mandel, Ibíd., p. 69

28 “Lo que tenemos de hecho es una teoría de una tendencia hacia una pauperización relativa de la clase obrera en el capitalismo en un doble sentido. Primero, en el sentido de que los trabajadores productivos tienden a recibir una parte una parte menor del nuevo valor que producen: en otras palabras, existe una tendencia hacia un incremento en la tasa de plusvalor”. Véase Ernest Mandel, Ibíd., p. 70

29 Ernest Mandel, Ibidem

30 Ernest Mandel, Ibidem

31 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Raza, nación y clase, p. 198

32 Immanuel Wallerstein, El capitalismo histórico, Siglo XXI Editores, 6ª edición, 2006, México, p. 88

33 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 91

34 Immanuel Wallerstein, Ibidem

35 Immanuel Wallerstein, Ibidem

36 “Aunque tienen más probabilidades de sobrevivir a su primer año de vida (a causa del efecto de una higiene social destinada a proteger a los privilegiados), dudo de que las esperanzas de vida de la mayoría de la población mundial a partir del primer año de vida sean mayores que antes; sospecho más bien que sucede lo contrario”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibíd., pp. 91-92

37 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 92

38 Immanuel Wallerstein, Ibidem

39 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Raza, nación y clase, p. 199

40 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibidem

41 Immanuel Wallerstein, El capitalismo histórico, p. 95

42 Immanuel Wallerstein, Ibidem

43 “ya fuera por la incorporación de nuevas poblaciones a la economía-mundo o por unas tasas de crecimiento demográfico diferenciales”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibidem

44 Immanuel Wallerstein, Ibidem

45 “Los gritos de triunfo de este sector ‘medio’ por la reducción de su desfase con respecto al 1 por 100 superior han enmascarado la realidad del creciente desfase entre ellos y el otro 85 por 100”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibíd., pp. 95-96

46 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 96

47 “¿Hablamos de distribución por hora, por semana, por año o por treinta años? Cada uno de estos cálculos podría ofrecer resultados diferentes, incluso contradictorios. En realidad, a la mayoría de las personas les interesan dos cómputos temporales. El primero de ellos es un plazo muy corto, que podemos denominar cálculo de supervivencia; al segundo podemos llamarlo cálculo de vida, y se emplea para medir la calidad de vida, la valoración social de la vida humana”. Véase Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Raza, nación y clase, p. 200

48 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibidem

49 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibidem

50 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibidem

51 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibidem

52 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibidem

53 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibíd., pp. 200-201

54 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 201

55 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibidem

56 “Tal vez pueda objetarse que soy demasiado ‘economicista’ al utilizar como medida de un concepto marxista como la proletarización el estado de cuentas de los ingresos materiales”. Véase Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibidem

57 “Después de todo, mantienen algunos, lo importante son las relaciones de producción. Sin duda es un comentario acertado. Por consiguiente, consideremos la polarización como una bifurcación social, una transformación de múltiples relaciones en la antinomia burgués-proletario. Es decir, consideremos no solo la proletarización (un elemento permanente de la literatura marxista), sino también la burguesificación (su compañero lógico, del que sin embargo apenas se habla en esta misma literatura)”. Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibidem

58 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 202

59 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibidem

60 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 203

61 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibidem

62 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 204

63 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibidem

64 “Los trabajadores se organizan de diversas formas y así consiguen algunas de sus reivindicaciones, lo cual les permite de hecho alcanzar el umbral de unos verdaderos ingresos salariales mínimos. Es decir, los trabajadores se proletarizan gracias a su propio esfuerzo, y después cantan victoria”. Véase Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibidem

65 “La descripción sociológica clásica del burgués que hace el marxismo está llena de contradicciones epistemológicas que residen en la base del propio marxismo. Por una parte, los marxistas insinúan que el burgués-empresario-progresista es lo contrario del aristócrata-rentista-ocioso. Entre los burgueses se distingue entre el capitalista comerciante que compra barato y vende caro (por tanto, también especulador-financiero-manipulador-ocioso) y el industrial que ‘revoluciona’ las relaciones de producción”. Véase Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibíd., pp. 204-205

66 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 205

67 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibidem

68 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibidem

69 “Así pues, lo ‘natural’, lo que ‘pretenden’ todos los actores privilegiados de este mundo capitalista, no es cambiar el status de rentista por el de empresario, sino precisamente lo contrario. Los capitalistas no quieren convertirse en ‘burgueses’, sino que prefieren con mucho convertirse en ‘aristócratas feudales’. Véase Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibíd., pp. 206-207

70 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 207

71 “Por consiguiente, cada paso en dirección a la ‘aristocratización’ se penaliza de modo aún más severo en el mercado mundial, y exige una adecuación interna de la ‘empresa’, sobre todo si es de grandes dimensiones y está (cuasi) nacionalizada”. Véase Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibidem

72 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibidem

73 Étienne Balibar e Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 208

Por Luis Garrido


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