El largo declive y la crisis estructural de la economía-mundo capitalista, 1967/73-2010

10 11 2011

“No estamos más cerca de responder a la cuestión de exactamente cómo las decisiones de la inversión que resultan en un rápido o lento crecimiento son realizadas nacional o internacionalmente que Kalecki cuando escribió su ensayo. Pero hemos visto cómo con la desaceleración de la inversión en la mayoría de los países de la OCDE y de la mayoría de los Países Menos Desarrollados fuera del Este de Asia, el crecimiento sostenido a largo plazo de los años 1945-70 se ha convertido sólo en un recuerdo”. Amiya Kumar Bagchi

La actual crisis en la economía-mundo capitalista ha resultado ser más duradera de lo previsto. Solamente a partir de este año se ha formado una conciencia más o menos generalizada —tanto en la opinión pública como en los medios— de que la crisis subprime del 2008 lejos de haber finalizado en el 2010, ha cobrado aún más fuerza en su posterior desenvolvimiento. El presente artículo tiene como objetivo presentar la actual crisis financiera como expresión del largo declive originado de la fase B (estancamiento/recesión) del ciclo Kondratiev en la economía-mundo entre 1967 y 1973, de la cual aún se sufren sus consecuencias. Este descenso en el ciclo económico, en el sistema-mundo significó: 1) el paulatino declive de Estados Unidos como potencia hegemónica, 2) la condición de posibilidad del auge de las “potencias emergentes” que componen el BRIC, y 3) el agravamiento de las “tendencias seculares” del desarrollo capitalista que en el largo plazo podría implicar su inminente inviabilidad histórica. Tales son las “coordenadas históricas” sobre las cuales se realizará el siguiente análisis del largo declive y la crisis estructural del sistema-mundo capitalista. Cabe realizar una advertencia: si bien este ensayo cabe dentro de lo que se conoce como “economía política”, no será de carácter excesivamente cuantitativista. Es decir, no se hará uso de números, sino de historia y teoría.

1. La fase B y el largo declive de Estados Unidos en la economía-mundo capitalista

La crisis cíclica del capitalismo mundial entre 1967 y 1973 fue el punto de inflexión que significó el cambio de una fase A (expansión/crecimiento) a una fase B (recesión/estancamiento), marcando así el fin a los “gloriosos treinta años” de la economía-mundo capitalista, que duró más o menos desde 1945 hasta 1973. Aún cabe preguntarse por qué ha sucedido tal quiebre en dicha fecha y cuáles fueron sus causas. Lo que sí está más o menos zanjado, es que los “gloriosos treinta” fueron fruto, en parte, de la reconstrucción de los países afectados durante la posguerra, y aún más importante, fue obra del orden mundial instaurado por Estados Unidos como consecuencia de su ascenso durante la II Guerra Mundial. Esto último significó que este país asumiera como potencia hegemónica del sistema-mundo por contar con los recursos —tanto políticos como económicos— suficientes para proporcionar un gobierno sistémico-mundial.1 Así, Estados Unidos asumió la tarea de: 1] reconstruir a los países previamente vencidos en la guerra así como a los afectados por la misma, y por añadidura, al mercado mundial, 2] contención político-militar a la URSS, y 3] ayudar a los países “subdesarrollados” mediante la Inversión Directa Extranjera.2

¿Que pasó repentinamente en la economía-mundo? Sucedió un cambio de fase. De repente el galopante crecimiento económico y el ritmo de acumulación de capital se desaceleraron. Ello se debió obviamente a una crisis de sobreproducción y, en el última instancia, al descenso de la tasa de ganancia. Esa es la típica explicación marxista de las crisis económicas. Ernest Mandel explica estos cambios —los ascensos y declives— en la actividad económica en relación a la tendencia decreciente de la tasa de ganancia:

“en un cierto punto en este desarrollo, sin embargo, la composición orgánica de capital incrementada y el límite del número de mercancías que pueden ser vendidas a los ‘consumidores finales’ tienen que bajar la tasa de ganancia y también inducir a una contracción relativa del mercado. Estas contradicciones entonces desembocan entonces a una crisis de sobreproducción”.3

De esta manera a medida que el capitalismo se va desenvolviendo en su funcionamiento, se llega a una sobreproducción de mercancías las cuales tienen el riesgo de no ser vendidas o de que tengan que ser vendidas a un precio menor con la desventaja para los capitalistas de que el margen de ganancia desaparezca. Así, la crisis capitalista de sobreproducción se debe a que el plusvalor no se realiza, o en otras palabras: la oferta no genera automáticamente su propia demanda. Por consiguiente, la actividad económica decrece, hasta agotar los stock remanentes de mercancías; la producción y el empleo disminuyen. Dentro de este tipo de crisis la inversión “productiva” tiene menos incentivo pero muchas empresas quiebran.

Sin embargo, Wallerstein considera que el término “sobreproducción” es, por decirlo menos, decepcionante. Lo considera así porque en realidad el capitalismo —histórico— no es el reino del libre mercado, sin interferencias político-ideológicas y/o estatales por sobre los productores directos y los mercados; más bien funciona debido al Estado, no a pesar de éste. El capitalismo no es un sistema histórico que funcione espontáneamente tal como pregona la economía neoclásica con su marcado énfasis en el mercado “autorregulado”.4 Wallerstein coincide con Mandel en que en la economía-mundo hubo “sobreproducción”, con la diferencia eso sí de que no existen múltiples productores directos y múltiples consumidores en un mundo etéreo, o en otras palabras: un mercado perfecto y simétrico. Esto quiere decir, que efectivamente existió una curva ascendente de la producción, más o menos, entre 1945 y 1967/73 en la economía-mundo capitalista. Pero, a diferencia de Mandel, Wallerstein recalca que dicha “sobreproducción” se da en el marco de una demanda efectiva mundial previamente estatuida —por medio de la lucha de clases y acuerdos políticos—, no en un vacío social. Por tanto, el descenso de la tasa de ganancia es sólo expresión de la crisis de sobreproducción, no su explicación. Lo particular de este cambio de fase A a una fase B es que no hubo un descenso de los precios —como con la crisis de 1873-1896—, sino todo lo contrario: “cuando el mercado mundial comenzó a pandearse, irrumpió la estagflación, con los productores oligopólicos mundiales tratando de mantener su margen de ganancias aumentando los precios, en medio de una aguda competencia entre ellos”.5

Dentro de esta tendencia mundial a la sobreproducción es que paulatinamente se fue desarrollando el futuro escenario en el cual Estados Unidos sufriría su declive en el sistema-mundo. De hecho, la crisis-señal del declive fue el abandono del patrón oro-dólar por parte de ese país en 1971 durante el gobierno de Richard Nixon. Esto significó que el dólar a partir de entonces ya no sería respaldado en oro —como había sido entre 1945 y 1971— sino que serían meros signos monetarios “flotantes”. Si bien, al principio fue ventajoso para Estados Unidos en el corto plazo, para poder financiar la cada vez más costosa guerra de Vietnam, en el largo plazo resultó ser lo contrario. De hecho, el abandono del patrón oro-dólar hizo posible el alza constante del precio petróleo por parte de la OPEP, en que algunos países de ese cártel actuaron coludidos con las empresas petroleras del centro de la economía-mundo.6 Pero ¿qué significó el abandono de dicho patrón? Según Prebisch, ese fenómeno “se ha convertido en aquella ingente transferencia a Estados Unidos de una parte del crecimiento del producto mundial”.7 Y ¿a qué se debió? Simplemente a que la economía estadounidense ha perdido gran parte de su dinamismo durante los “gloriosos treinta años”, cediendo ante los países que anteriormente había reconstruido en la posguerra.8 En otras palabras: dentro de la curva ascendente de la producción mundial, el aporte estadounidense ha ido en paulatino declive en comparación al de Europa occidental y de Japón. Entonces es compresible a la luz de tal tendencia en los países centrales de la economía-mundo, que Estados Unidos haya abandonado el patrón oro-dólar, puesto que salía mas barato importar que producir por sí mismo lo que necesitaba —además agravado por la guerra de Vietnam—: “¿Por qué hacerlo, en verdad, si en vez de hacer recaer todo su costo sobre el consumo interno, la creación de dólares permitía captar gratuitamente una parte del producto del resto del mundo?”.9 El problema a largo plazo que ello significó para la economía estadounidense es que todo su consumo y gasto interno no es respaldado por la productividad estadounidense, sino financiado por la constante inundación de dólares al mercado mundial. Ese es el problema de fondo de la actual “crisis financiera”.

Cuadro I. Balanza comercial estadounidense con Alemania, Japón y el resto del mundo

1963

1964

1965

1966

1967

1968

1969

1970

1971

1972

1973

Japón

0,3

0,2

-0,5

-0,8

-0,3

-1,2

-1,6

-1,4

-3,3

-3,9

-1,3

Alemania

0,6

0,4

0,3

-0,1

-0,3

-1

-0,5

-0,4

-0,8

-1,4

-1,6

Japón y Alemania

0,9

0,6

0,2

-0,9

-0,6

-2,2

-2,1

-1,8

-4,1

-5,3

-2,9

Mundo

5,2

6,8

4,9

3,8

3,8

0,6

0,6

2,6

-2,3

-6,4

0,9

Fuente: Robert Brenner, La economía de la turbulencia global, Akal ediciones, 1° edición, 2009, España, p. 265

Si bien Mandel, Wallerstein y el análisis de sistemas-mundo han sido los que comenzaron a hablar del declive estadounidense en la economía global, Robert Brenner ha sido uno de los marxistas que más se ha dedicado a realizar una historia económica empírica dando cuenta del declive de Estados Unidos documentado con fuentes económicas.10 Como puede apreciarse en el cuadro (I) desde la segunda mitad de la década de los ’60 que la economía estadounidense ha comenzado a desbalancearse negativamente con respecto a Japón y Alemania. De ahí la tendencia que se aprecia es al déficit comercial estadounidense en relación a ambos países. E incluso agravado con el resto del mundo entre 1971 y 1972, lo cual muestra la gravedad de la situación. Si bien, el déficit en la balanza comercial con el resto del mundo solamente duró ese par de años, el déficit resultó ser más duradero en lo concerniente a su competencia lo cual confirma las apreciaciones de Wallerstein (y de sus colegas). Es decir, el déficit en la balanza comercial efectivamente muestra el descenso del crecimiento económico estadounidense a través de las exportaciones y el marcado ascenso de las importaciones provenientes de Alemania y Japón. De hecho esta tendencia estadounidense a la baja llegó a ser tan grave en su tiempo que según Brenner:

“En 1971 Estados Unidos experimentó su primer déficit comercial durante el siglo XX. La balanza comercial de mercancías entró en números rojos con 2.720 millones de dólarres en 1971 y 6.990 millones de dólares en 1972, lo que suponía un espectacular declive de 13.700 millones de dólares en ocho años desde 1964. Por otra parte, el superávit comercial productos manufacturados cayó a cero en 1971 y en 1972 se contabilizó un déficit de 2.000 millones de dólares”.11

Ello implicó como menciona Brenner, la presión a la baja del dólar y al alza del marco alemán y del yen japonés, el cual quedó materializado con el abandono del patrón oro-dólar. Esta es la raíz de la actual crisis “financiera” de la economía-mundo en su conjunto, la cual, tiene sus orígenes en el cambio de fase A (expansión/crecimiento) a fase B (recesión/estancamiento) entre 1967 y 1973, con en el consiguiente declive estadounidense como primera potencia económica —sellada con el quiebre de Bretton Woods—. Pero si Estados Unidos está a la baja, ¿qué áreas geográficas o países estaban desempeñándose bien en la acumulación de capital? Eso es lo que hay que relatar ahora.

2. Nuevos polos exitosos de acumulación, o el mito de los “milagros económicos”

El declive estadounidense como potencia hegemónica del sistema-mundo significa el auge simultáneo de nuevos polos de acumulación capitalista. Hay que recalcar que no solamente se devieron a la crisis de “sobreproducción”. Ese es sólo un aspecto de la crisis. Otra arista de la misma es la lucha de clases, lo cual significa que las relaciones entre el capital y el trabajo están permeadas de lucha constante por el excedente económico, y esa lucha está siempre influenciada por los ciclos (fases A y B) Kondratiev. Según Wallerstein, a grosso modo, “cuando la economía-mundo se está expandiendo y es fácil vender, los costos laborales son menos importantes que los costos de transacción; por tanto, concentración urbana. Cuando la economía-mundo se está contrayendo o estancando, y es difícil vender, los costos laborales devienen cruciales; por tanto, la reubicación de industrias a áreas de empleo con bajos salarios”.12 De este argumento se desprende, por consiguiente, que el declive estadounidense estuvo acompañado también por un aumento tanto de los costes laborales así como de sus salarios —producto de la lucha de clases así como del gasto social por parte del Estado—. Eso hizo que la actividad económica fuese menos lucrativa en Estados Unidos. Por eso las industrias estadounidenses han optado por la reubicación geográfica hacia otros lugares —hacia la semiperiferia y/o la periferia— del sistema-mundo en donde hubiese una menor cantidad de fuerza de trabajo proletarizada. En el capitalismo histórico ese ha sido un patrón histórico recurrente (cíclico) concerniente a las industrias monopólicas. Se comprenderá entonces por qué el crecimiento económico estadounidense ha sido paulatinamente más bajo en comparación a los “gloriosos treinta años” del capitalismo de posguerra.

Aquí no hay lugar para los “milagros económicos” o para el llamado “desarrollo nacional”. Estos son más bien constructos ideologicos que no tienen asidero en el mundo real. El mismo desarrollo de Europa occidental y de Japón en la posguerra se ha dicho que son “milagros económicos”, pero la verdad es que fueron procesos que se desarrollaron exitosamente debido a una coyuntura favorable, proporcionada fundamentalmente por los recursos económicos de Estados Unidos. No existe el “desarrollo nacional” entendido éste como un desarrollo de la actividad económica independiente de lo que suceda en el conjunto de la economía-mundo. De hecho, la reconstrucción europea —más que la japonesa— fue realizada en aras de la rentabilidad del producto estrella del siglo XX: la industria automovilística que venía sufriendo crisis desde mediados de la década de los ’30: “pero, tan pronto como Europa se estabilizó después de la guerra, en particular con la creación del Mercado Común y la restauración de la convertibilidad monetaria, las multinacionales estadounidenses (entre ellas la automovilística) inundaron Europa con sus inversiones”.13 Entonces, los nuevos polos de acumulación de capital no son fruto de la magnanimidad de los grandes capitalistas —monopólicos u oligopólicos— sino que se origina debido a la lucha de clases, lo cual obliga al capital a establecerse en otras áreas geográficas en donde los costes laborales sean más bajos, y en donde existe menos “conciencia de clase”. El siguiente cuadro (II) muestra por ejemplo, la movilidad del capital vinculado a la industria automovilística en relación a la lucha de clases, durante el siglo XX.

Cuadro II. Conflictividad laboral y movilidad de la industria del automóvil

1930-1934

1935-1939

1940-1944

1945-1949

1950-1954

1955-1959

1960-1964

1965-1969

1970-1974

1975-1979

1980-1984

1985-1989

1990-1996

Estados Unidos

x

Canadá

x

Reino Unido

x

Francia

x

Italia

x

x

Alemania

x

España

x

Argentina

x

Sudáfrica

x

Brasil

x

Corea del Sur

x

Fuente: Beverly J. Silver, Fuerzas de trabajo. Los movimientos obreros y la globalización desde 1870, p. 59

Explicación: Según la autora, las “X” significan el período con mayor número de menciones, o aquellos (en el caso de Italia) en que se registra un mínimo del 20% de las menciones de conflictividad laboral en la industria automovilística de ese país. Y los países incluídos en el cuadro son aquellos que contribuyen con un 1% o más al número total de menciones de conflictividad laboral en la industria automovilística en la base de datos del WLG (World Labor Group) realizada en el Fernand Braudel Center.

El cuadro anterior es sólo un ejemplo de cómo los “milagros económicos” en realidad están vinculados con la movilidad del capital en aras de maximizar sus ganancias a través de la disminución de los costes laborales y de la disminución de la efectividad del poder asociativo del movimiento obrero en sus respectivos países y ramas económicas. Estos milagros económicos por consiguiente, son solamente “soluciones temporales” para el capitalismo puesto que no soluciona sus crisis (de rentabilidad) ante el auge de la conflictividad laboral, sino “solamente ‘aplaza las crisis’, sin resolverlas definitivamente”.14 De ahí que se tenga la impresión de que a partir de la década de los ’70 y sobre todo durante los ’80 hayan surgido los países recientemente industrializados:

“Así, al final de la década de los sesenta y en la década de los setenta, una proporción significativa de la producción mecanizada ha sido sacada de los países centrales para establecerse en ‘zonas de libre comercio’ de la periferia, hacia los llamados ‘países recién industrializados’ y aún hacia el bloque socialista (la planta de Fiat en la Unión Soviética) donde la fuerza de trabajo recibe una remuneración menor”.15

Sin embargo, el surgimiento de los países “recientemente industrializados” no significa ascender necesariamente en el marco de la economía-mundo. Pues aquí hay que hacer una clarificación. Si bien, el análisis de sistemas-mundo tiene ciertas similitudes con los planteamientos de la teoría de la dependencia (y de la CEPAL) en cuanto al uso de la relación centro-periferia, no significan lo mismo en ambos enfoques. A grosso modo, podría sostenerse que la teoría de la dependencia pecaba de un esencialismo al adjudicar atributos a los componentes del sistema en relación a ciertos sectores de la economía,16 mientras que el análisis de sistemas-mundo piensa más bien a través de procesos.

El craso error que cometieron, tanto la teoría de la dependencia como el estructuralismo de la CEPAL, es haber confundido el desarrollo con la industria y de que el camino hacia el desarrollo era ir por la senda de la industrialización.17  Quizás en su momento fue útil la dicotomía centro-periferia establecida en tales términos —países industrializados vis-à-vis países no industrializados—, en vista de la Industrialización Sustitutiva de Importaciones para así competir en mejores condiciones en el mercado mundial. Por eso, la perifera optó por diversificar sus exportaciones hacia las manufacturas; pero resultó ser casi igual que la exportación de bienes primarios. Según Prebisch “Se trata principalmente, sin embargo, de bienes en que la demanda de los centros crece con relativa lentitud frente a la demanda intensa en la periferia de bienes cada vez más diversificados provenientes de aquellos”,18 muy al contrario con lo que ocurría, según esta perspectiva, con los bienes industriales. Sin embargo, al parecer el problema no era tanto la dicotomía entre productos primarios y productos manufacturados industriales per se, sino que más bien tenía que ver con los mercados y el comportamiento de las áreas geográficas con respecto a los mismos.19 El análisis de sistemas-mundo por su parte, no conceptualiza dicha dicomotomía como se estableció previamente entre productos primarios y productos industriales-manufacturados. Si bien, como menciona Bagchi, la diferencia entre ambos tipos de productos yace en

“reconocer ciertas diferencias relevantes. Primero, los productos primarios son intercambiados en mercados con precios fluctuantes y los productos manufacturados en mercados con precios fijos. Segundo, la producción de los commodities agrícolas generalmente toma mucho más en ajustarse a las brechas oferta-demanda que las salidas de los productos manufacturados”.20

Hoy en día ya se puede hacer extensiva a ciertos productos manufacturados-industriales, ya no siendo un atributo exclusivo de los productos primarios.

Lo que menciona Bagchi da pistas de cómo conceptualiza el análisis de sistemas-mundo la relación centro-periferia. Pues bien, dicha dicotomía es concerniente al grado de monopolización de una actividad económica o de un producto en el mercado mundial —el cual puede ser manufacturado-industrial o primario—. Por consiguiente, mientras más monopolizado sea un producto más rentable será ese nicho económico ya que los precios están determinados mayormente por la oferta —monopólica u oligopólica—. Y mientras más competitivo es un producto menos rentable será en vista de que en esta situación se está más cercano a lo que podría ser considerado como un mercado “perfecto”: múltiples vendedores y múltiples compradores, por lo que los precios fluctúan de acuerdo a la demanda. El error de la teoría de la dependencia y de la CEPAL entonces, fue haber creído que solamente con industrializar las economías nacionales iban a alcanzar el desarrollo, no pudiendo apreciar el carácter cíclico de esos productos. Es decir, lo que en un tiempo perteneció como “alta tecnología” por parte de los países centrales de la economía-mundo, termina siendo una producción periférica al cabo de un tiempo: “La monopolización es cíclica. Los monopolios tienen vidas relativamente cortas. Mientras se desmoronan, otras nuevas son creadas. En la historia del capitalismo como un sistema-mundo, el porcentaje de actividades económicas altamente monopolizadas ha permanecido probablemente más o menos estable”.21 Ese proceso cíclico ha sucedido con la industria textil en el siglo XIX, la industria automovilística en el siglo XX, y hoy en día la producción de “punta” se ubica en la ciencia y tecnología fundamentalmente. Se entiende también, a partir de este patrón cíclico, por qué la “ley de hierro” de los salarios se cumple a cabalidad en las actividades no-monopolizadas en vista de la alta competitividad en el mercado laboral, y no así en las monopolizadas.22

¿A qué nos lleva este breve excursus teórico? A plantear sin más que el fenómeno de los países “recientemente industrializados” y su pretendida calidad de “milagro económico” no es tal:

“Las características de estos acontecimientos mundiales, que condujeron al fenómeno de los países de reciente industrialización, incluyen la creciente necesidad de reducir los costos de producción, la urgente necesidad de encontrar mercados para los bienes producidos por la capacidad instalada y la acumulación de recursos financieros para hacer frente a las dificultades cada vez mayores para encontrar oportunidades de inversión en productos con un índice aceptable de retorno real”.23

Mencionando además que las inversiones industriales de hecho se relocalizaron en lugares con más bajos salarios y menores costos de producción —los mismos argumentos planteados por el análisis de sistemas-mundo—. Llama la atención además, que este autor, mencione como uno de los problemas crónicos a partir de la década de 1970, el persistente problema de la disminución de la rentabilidad para los países del centro de la economía-mundo, lo cual “eran el reflejo de una tendencia gradual hacia el excesivo crecimiento de la capacidad industrial para elaborar bienes de producción”,24 anticipándose así a la tesis de Robert Brenner de la caída de la tasa de ganancia en el sector industrial. Ello explicaría, por tanto, la supuesta “des-industrialización” de los países capitalistas “avanzados” y la concomitante industrialización de los “menos” desarrollados” dando la impresión de ser un milagro económico. Pero lo que en realidad fue ese fenómeno fue hacer aún más competitivo —esto es: menos lucrativo— ciertos sectores de la producción industrial —al traspasárselos a la periferia—, por lo que los países centrales de la economía-mundo entraron en lo que Wallerstein cataloga como una lucha por la posesión de las tecnologías de “punta” con la consiguiente conquista de dicha renta tecnológica. Pero antes de observar en qué actividad económica se ha especializado Estados Unidos en relación a la economía-mundo, conviene tomar nota de la no convergencia entre desarrollo a través de la industrialización y del ingreso per cápita, ambos a nivel mundial.

Cuadro III. % del PNB de la región en manufactura como % del PNB del Primer Mundo25

Región

1960

1970

1980

1990

1998

1.África Sub-sahariana

2.América Latina

3.Medio Oriente y Norte de África

4.Sur de Asia

5.Este de Asia (sin China y Japón)

6.China

Tercer Mundo

1.Norteamérica

2.Europa Occidental

3.Sur de Europa

4.Australia y Nueva Zelanda

5.Japón

Primer Mundo

53

97,1

37,7

47,9

48,5

81,8

74,6

95,9

101,5

90,6

87,1

119,5

100

63

94,8

43

51,2

67,9

106,6

78,3

87,5

101,3

91,8

86

127,4

100

71,1

115,3

41,1

71,2

95,4

165,8

99,4

88

97

111,3

80,3

119,5

100

88,1

113,1

70,4

81,6

115,3

149,5

108,1

84,4

96,8

99,7

68,3

127,6

100

76,6

105

71,1

79,1

130

190,1

118

92,8

97,3

95,7

67

119,1

100

Fuente: Arrighi, Giovanni, Silver, Beverly J., Brewer, Benjamin D., “Industrial Convergence, Globalization, and the Persistence of the North-South Divide”, Studies in Comparative International Development, Primavera 2003, Vol. 38, N° 1, p. 12

El cuadro (III) muestra que efectivamente durante la segunda mitad del siglo XX, y con mayor fuerza aún desde la década de los ’80 en adelante, el impulso industrializador del Tercer Mundo fue bastante exitoso, saltando desde un promedio regional del 78,3% en 1970 a un 99,4% —poco más de 20 puntos porcentuales—. Por lo tanto, es verdad que la diferencia entre países centrales y periféricos —esto es: Tercer y Primer Mundos— en el seno del sistema-mundo, ya no radica en el carácter industrial y/o agrícola (no industrial) de sus economías nacionales —o de los tipos de productos en el mercado mundial— como los postulaban tanto la CEPAL como la teoría de la dependencia en antaño. Cabe mencionar también, que los más altos índices de manufactura se los llevan China en primer lugar y el Este de Asia en segundo lugar, con un 130 y 190,1% respectivamente concerniente a la actividad manufacturera del Primer Mundo en 1998. Pero el “ascenso del resto” solamente podría adjudicarse a esas dos zonas, que superan en mucho al Primer Mundo, pero no al Tercer Mundo en su conjunto. Y por último, el porcentaje de actividad industrial en el Tercer Mundo ha superado el del Primero desde la década de los ’90, superándolos por poco más de 8 puntos porcentuales, hasta llegar al 118% a fines de esa misma década. Sin embargo, el siguiente cuadro (IV) desmiente categóricamente cualquier extrapolación en que la convergencia industrial Norte-Sur haya significado necesariamente una disminución de la brecha Norte-Sur en términos del ingreso per cápita. Si se observa el cuadro elaborado por Arrighi et. al., se puede apreciar que el porcentaje de los ingresos per cápita del Tercer Mundo han permanecido relativamente estables si se comparan con los del Primer Mundo. Si bien, se observan fluctuaciones desde 1960 hasta 1998 en el ingreso per cápita promedio del Tercer Mundo, tales variaciones no son muy “violentas” —sólo fluctúan en décimas porcentuales, ni siquiera un punto—. Y si los datos se desagregan, se observa que en un primer momento, desde 1960 hasta los ’80— América Latina —como promedio continental— iba convergiendo lentamente con el Primer Mundo para disminuir y estancarse posteriormente a partir de 1990; mientras que paralelo a la disminución de América Latina sucedía el ascenso del ingreso per cápita en el Este de Asia, quedando ambas regiones prácticamente en el mismo promedio con 12,3 y 12,5% respectivamente en 1998. China desde 1960 ha crecido en su ingreso per cápita, pero a un ritmo que no ha sido demasiado rápido —de 1,3% en 1990 a 2,6% en 1998— pero el alto crecimiento industrial no se corresponde con un alto crecimiento en esto último.

Cuadro IV. PIB per cápita para la región como % del PIB per cápita del Primer Mundo26

Región

1960

1970

1980

1990

1998

1.África Sub-sahariana

2.América Latina

3.Medio Oriente y Norte de África

4.Sur de Asia

5.Este de Asia (sin China y Japón)

6.China

Tercer Mundo

1.Norteamérica

2.Europa Occidental

3.Sur de Europa

4.Australia y Nueva Zelanda

5.Japón

Primer Mundo

5,2

19,7

8,7

1,6

5,7

0,9

4,5

123,5

110,9

51,9

94,6

78,6

100

4,4

16,4

7,8

1,4

5,7

0,7

3,9

104,8

104,4

58,2

83,3

126,1

100

3,6

17,6

8,7

1,2

7,5

0,8

4,3

100,4

104,4

60

74,5

134,1

100

2,5

12,3

7,4

1,3

10,4

1,3

4

98

100,2

58,7

66,2

149,4

100

2,2

12,3

7

1,5

12,5

2,6

4,6

100,7

98,4

60,1

73,4

144,8

100

Fuente: Arrighi, Giovanni, Silver, Beverly J., Brewer, Benjamin D., Ibíd., p. 13

Pero si el Tercer Mundo, mejor dicho, parte del Tercer Mundo se estaba industrializando apropiándose de producción que previamente era del Primer Mundo, ¿cuál(les) sería(n) entonces la actividad(es) económica(s) de los países centrales del sistema-mundo? En un primer momento, se pensó que los países centrales se dedicarían fundamentalmente a nuevas “industrias líderes”: “miniprocesadores, biotecnología y nuevas fuentes energéticas”,27 no sin una lucha política al interior de la “tríada” del centro —Estados Unidos, Europa occidental y Japón— por quién de los tres será el que conduce tales innovaciones concentrando así las ganancias provenientes de las mismas. Sin embargo, Estados Unidos ha tendido a concentrar sus energías económicas para afrontar su declive, no en actividades productivas directamente. Este país ha seguido la línea se especialización económica en la actividad financiera. Para Giovanni Arrighi et. al., esa senda no ha sido sino “la continuación de la lógica del ciclo de producto por otros medios”,28 escapando así de ramas económicas que están sobrepobladas —menos rentables— hacia nichos que están subpoblados —más rentables— escapando de la alta competitividad económica del sector industrial. Este giro estadounidense desde las actividades industriales hacia las financieras no es solamente por las ganancias, sino para que en realidad el país no se especialice en ninguna actividad económica en particular optando así por la liquidez, reduciendo así la incertidumbre de participar en actividades productivas —las cuales son cada vez más competitivas, y por consiguiente, más riesgosas—. Esta financiarizarión estadounidense ha sido lo que ha permitido a ese país el creciente endeudamiento, al poseer la máquina creadora del “dinero universal” (dólar) con la diferencia en que ya no tiene que estar respaldado en oro como durante los “treinta gloriosos”. Según estos autores:

“Esta tendencia fue la fuente primaria de la bifurcación de las fortunas de las regiones del Tercer Mundo de las décadas de 1980 y 1990. Por un lado, hubo regiones (más notablemente el Este de Asia) que por razones históricas tenía una fuerte ventaja en la competencia por una participación de la creciente demanda norteamericana de productos industriales baratos. Estas regiones tendieron a beneficiarse de la redirección de los flujos de capital, porque el mejoramiento en sus balanzas de pago disminuyeron su ncesidad de competir con los Estados Unidos en los mercados financieros mundiales. Por otra parte, hubo regiones (más notablemente el África sub-sahariana y América Latina) que por razones históricas estaban particularmente desaventajadas en la participación de la demanda norteamericana. Estas regiones tendieron a ascender a dificultades en la balanza de pagos que los puso en la desesperada posición de tener que competir directamente con Estados Unidos en los mercados financieros mundiales”.29

3. Las tendencias estructurales del capitalismo de larga duración

Es de sobra conocido el contra-argumento que se sostiene como respuesta ante las crisis cíclicas del capitalismo: que en el fondo las crisis lo único que hacen es extender la existencia histórica del sistema junto con reforzarlo. ¿Pero qué ocurre si se aprecia este sistema histórico en su totalidad, más allá de observar los “árboles” y en vez de ello mirar el “bosque”? Quizás Marx no estuvo tan equivocado después de todo, sólo que estuvo limitado por su tiempo lo cual obviamente le impidió observar el desenvolvimiento del capitalismo posterior al siglo XIX. Pero Marx, no sólo estuvo limitado históricamente, sino incluso teóricamente. Pues él estudió el capitalismo como un sistema “ideal” en equilibrio —y lo mismo ocurre con muchos marxistas— y no como un sistema histórico, es decir: como un sistema dado en un determinado tiempo-espacio. Pero junto con ver al capitalismo en su dimensión histórica, también cabría precisar que el capitalismo desborda los límites “nacionales”:

“La circulación monetaria y la explotación del trabajo asalariado no tienen por qué implicar una forma de Estado determinada. Además, el espacio de realización, que sí está implicado por la acumulación (el mercado mundial capitalista) incluye una tendencia intrínseca a superar cualquier limitación nacional que pudieran instituir fracciones determinadas del capital social o que se pudiera imponer por medios ‘extraeconómicos'”. 30

Sólo al apreciar al capitalismo en su totalidad mundial —más allá de meros agregados “nacionales”— y en su historicidad es que pueden apreciarse cambios y “tendencias seculares” a raíz de la propia dinámica de funcionamiento del propio sistema —incluida la lucha de clases— las cuales quizás podrían significar la inviabilidad histórica del mismo, porque el equilibrio del sistema en absoluto es estático: está en constante movimiento. En esta última sección se tratará brevemente sobre esta problemática, en la que serían una suerte de “proyecciones” del capitalismo.

El primer problema que ha ocasionado la creciente expansión y dinámica de funcionamiento de la economía-mundo capitalista por el mundo entero, ha sido una creciente desruralización mundial. Este problema tiene que ver fundamentalmente con la lucha de clases en donde se disputa el plusvalor entre los capitalistas y la fuerza de trabajo. Pero no es una lucha observada en términos abstractos, sino históricamente localizada. El proceso de desruralización del mundo ocurre debido a la búsqueda constante, por parte de los capitalistas, de fuerza de trabajo barata, a la que se puede remunerar con bajos salarios. De hecho, según Wallerstein —y la perspectiva de sistemas-mundo en general— plantea que la movilidad mundial del capital ha ido siempre en dicha dirección, en aras de retribuir con un salario inferior al suficiente en relación al costo de reproducción vital —salario mínimo—, ya que los semi-proletarios tenían otras fuentes de ingreso alternativas. Sin embargo, a pesar de que grandes empresas capitalistas se hayan movilizado a zonas en donde la fuerza de trabajo haya sido más débil organizativa e ideológicamente, al cabo de cierto tiempo esta lograba configurarse como un actor político con conciencia de clase (für sich) poniendo en riesgo nuevamente la rentabilidad de una determinada actividad económica al pedir aumentos y mejoras salariales obligando al capitalista a movilizarse otra vez hacia otras zonas con fuerza de trabajo débiles organizativa e ideológicamente hablando. El problema con esta tendencia, es que no puede seguir funcionando así eternamente, puesto que a medida que avanza dicha desruralización menos reservas de fuerza laboral semi-proletarias van quedando a nivel mundial, con el resultado de que “hoy en día los costos reales salariales de los empresarios están subiendo, y los trabajadores están gastando un porcentaje cada vez más grande de su tiempo total laboral como trabajo asalariado”.31 De esta forma, los capitalistas no podrán pagar con una remuneración inferior al salario mínimo, lo que pondrá consiguientemente en crisis la acumulación de capital además de un fortalecimiento de la conciencia de clase —aunque sean debilitados organizativamente con cada desplazamiento del capital—.

La segunda tendencia secular del capitalismo histórico en sus quinientos años de existencia y despliegue, ha sido una creciente degradación, o mejor dicho, destrucción del medioambiente. Esto quiere decir que en el proceso de producción el capitalista solamente remunera los costos a los factores de producción —fuerza de trabajo, capital fijo, etc.— dejando de lado las consecuencias medioambientales del proceso de producción. Eso es lo que se ha llamado —en jerga neoclásica— la externalización de costos ya que al externalizar dichos costes lo que realizan es disminuir los costos de producción para así mantener el nivel de extracción de plusvalor (tasa de ganancia): “se puede decir que el capitalista contamina los ríos, tala árboles con despreocupación, y no paga impuestos equivalentes al coste de los puentes que utilizan sus camiones”.32 Esta segunda tendencia secular de la economía-mundo capitalista incluso sería más grave que la anterior —la fuerza de trabajo se reproduce demográficamente— ya que la naturaleza no es “producida” por el hombre como cualquier otra mercancía, por lo que los recursos naturales son finitos, sea porque algunos no son renovables o porque la capacidad de renovación —no sea tan rápida— en el caso de los renovables. Consiguientemente, el deterioro ambiental nos podría llevar a una situación de crisis malthusiana frente al crecimiento de la población mundial y a una situación en que las condiciones de vida se deterioren seriamente. Frente a esta tendencia secular, lo único que se tendría que hacer es limpiar el medioambiente e interrumpir la contaminación. Pero el problema es quién pagará precisamente por limpiar el medio ambiente, cuyos candidatos a pagar por el deterioro o son: las empresas mismas o el conjunto de la sociedad: “Si es la colectividad, los impuestos tendrán que aumentar considerablemente y los contribuyentes se podrían sublevar. Si son las empresas las que han de pagar, clamarán contra el hundimiento de sus beneficios”.33 Consiguientememte el problema tiene que ver de nuevo con el plusvalor: a quién se lo extraen para pagar la limpieza y descontaminación del medioambiente.

Por último, esta es quizá la tendencia secular más controvertida, y es el proceso de creciente democratización al interior del sistema-mundo. No obstante, por democratización no significa exclusivamente la aparición y expansión de estructuras políticas parlamentarias y/o liberales, ni con la separación y división de los poderes del Estado. Aquí se entiende democratización la socialización de la riqueza que va más allá del objetivo de la acumulación incesante de capital. Esta última tendencia ascendente significa en pocas palabras, que ante la creciente brecha entre ricos y pobres —muy característica del capitalismo— los capitalistas han tenido que aceptar, de buena manera o a regañadientes, alguna forma de Estado de bienestar —o Estado desarrollista, en la periferia de la economía-mundo— en que se disminuyen las desigualdades del sistema a través de un “compromiso histórico” entre el capital y el trabajo. Si bien, los capitalistas han podido lograr estabilidad social con esa solución política, el problema a largo plazo es que merma las ganancias capitalistas, porque los “mínimos” que se han establecido para reducir la combatividad de los trabajadores, se ha transformado en un creciente aumento de servicios sociales al Estado: “El nivel de exigencias sobre las inversiones, en materia de educación, de salud y de garantías de ingresos para el conjunto de la existencia, ha crecido de forma regular, extendiéndose geográficamente. Se trata prácticamente de un crecimiento exponencial, a escala mundial, y continúa progresando”,34 obviamente financiado a través de impuestos. De hecho, el llamado “neoliberalismo” ha sido la tentativa de suavizar esta tendencia mediante la idea de “responsabilidad fiscal”, baja inflación y un gasto social focalizado —contra los derechos sociales universales— lo que significa que el gasto estatal en socialización del producto social sea el mínimo posible a través de impuestos a los más ricos.

Cuadro V. Ondas largas del capitalismo en Estados Unidos y promedios de la tasa de ganancia

Fase/Onda Larga

Tasa de ganancia (promedio de la fase)

Participación en las ganancias (promedio de la fase)

Tasa de ganancia (Valor máximo en un promedio de 10 años)

Participación en las ganancias (Valor máximo en un promedio de 10 años)

Capitalismo competitivo (1869-97)

17,50%

25,40%

24,20%

(1882)

32,6%

(1883)

Capitalismo monopolista (1898-1940)

13,00%

22,00%

14,4%

(1913,1929)

25,2%

(1913)

Capitalismo monopolista de Estado (1941-82)

11,90%

14,30%

13,1%

(1949,1968)

16,1%

(1943)

Capitalismo neoliberal (1983-2000)

12,70%

16,30%

13,2%

(1998)

16,6%

(1998)

Fuente: Minqi Li y Adam Hanieh, “Secular Trends, Long Waves and the Cost of the State: Evidence from the Long-Term Movement of the Profit Rate in the U.S. Economy”, Review, Vol. 29, N°1, 2006, Fernand Braudel Center, Nueva York, p. 100

De las tres tendencias seculares del capitalismo que habla Wallerstein —el deterioro ambiental y la democratización— tienen sus repercusiones fundamentalmente en los impuestos y en última instancia en el aparato estatal. A pesar de que no hayan estudios empíricos que hablen de estas tendencias a nivel mundial, sí existen trabajos que den cuenta de este fenómeno al menos en la economía estadounidense. Minqi Li y Adam Hanieh, hicieron un breve trabajo empírico para ver si existía alguna correlación entre las tendencias seculares y el alza de impuestos en Estados Unidos. Ellos encontraron cuatro ondas largas (ciclos Kondratiev) con alzas y bajas tanto en las tasa de ganancia, como en los costos laborales y costos impositivos. Como puede observarse en el cuadro (V) la tasa de ganancia durante los tres ciclos previos al capitalismo neoliberal ha ido a la baja, y lo mismo cabe decir de la participación en las ganancias, por lo que la tesis marxista del declive de las tasas de ganancias, al menos, en la economía estadounidense, es cierta. Solamente a partir de la fase neoliberal las tasas de ganancia han tendido al alza nuevamente, pasando de un 11,9% en la fase monopolista de Estado al 12,7% en la actual. No obstante falta apreciar como han evolucionado los costos laborales e impositivos en aquella economía.

Cuadro VI. Costos laborales, costos impositivos y ondas largas

Onda larga/Fase

Costos salariales/producción

Costos impositivos/producción

Suma de ambos costos

Capitalismo competitivo

(1869-97)

68,50%

6,10%

74,60%

Capitalismo monopolista

(1898-1940)

69,40%

8,60%

78,00%

Capitalismo monopolista de Estado (1941-82)

71,90%

13,90%

85,70%

Capitalismo neoliberal

(1983-2000)

71,90%

11,80%

83,70%

Fuente: Minqi Li y Adam Hanieh, Ibíd., p. 102

El cuadro (VI) muestra a su vez cómo en Estados Unidos han evolucionado las curvas tanto de los costos salariales y los costos impositivos. En este gráfico se observa la tendencia inversa en relación a la tasa de ganancia, es decir: han tendido a la creciente alza en las fases previas al capitalismo neoliberal. Los costos salariales han ascendido desde 68,5% en la fase del capitalismo competitivo (1869-97) a 71,9% en la fase del capitalismo monopolista de Estado (1941-82); mientras que los costos impositivos han sido los que mas han subido en comparación a los salariales. Los costos impositivos han ascendido desde 6,1% en el capitalismo competitivo al 13,9% en el capitalismo monopolista de Estado. No está demás decir que la suma de ambos costos ha ascendido, llegando al 85,7% en el período correspondiente entre 1941 y 1982.

La fase neoliberal claramente ha sido una respuesta a las tendencias seculares que Wallerstein ha mencionado, por lo que en esa fase los capitalistas han intentado revertir la crisis de la rentabilidad a través del recorte de impuestos. Sin embargo, los autores mencionan que “el neoliberalismo ha logrado solo un éxito limitado al reducir los costos y al restaurar la rentabilidad. Comparada con los periodos históricos anteriores, tanto los costos salariales y los costos impositivos han permanecido en niveles relativamente altos”.35 Por lo que, el Estado que una vez sirvió a los intereses de los capitalistas para mantener un orden social relativamente estable, podría convertirse eventualmente según estas tendencias en un actor que podría promover la destrucción del capitalismo en vista de los problemas de rentabilidad que acarrea. En otras palabras: el Estado se está volviendo demasiado caro y disfuncional para los capitalistas ya que beneficiaría más a los trabajadores que a aquellos. Ahora bien, estas declaraciones solamente pueden realizarse en base a la economía estadounidense en vista de los datos aquí proporcionados. Pero nada impediría pensar que en el mundo —y aquí en Chile en particular— han acontecido las mismas tendencias seculares de las que Wallerstein y el análisis de sistemas-mundo han hablado. Es más: el actual movimiento estudiantil es un claro ejemplo de lo problemático de esta tendencia secular al plantear que la educación escolar y superior debe ser universal, gratuita y de calidad, lo cual significa que tiene que ser financiada por impuestos progresivos (a los más ricos) poniendo en entredicho la rentabilidad capitalista. Por último, sería interesante realizar investigaciones que aborden esta problemática tanto en la economía chilena en particular, como a nivel mundial, ya sea por país o en relación a las áreas geográficas propuestas por la perspectiva de los sistemas-mundo —el centro, la periferia y la semiperiferia— y apreciar si es que las divisiones se mantienen constantes en el tiempo entre tales zonas o si es que existen convergencias —al igual que con la industrialización— a nivel mundial.

Por Luis Garrido

Presentado en el IV Congreso de Estudiantes de Ciencia Política (Chilecip), 11 de noviembre, 2011

1 “En general, la pretensión de representar un interés sistémico global así definido puede hacerse creible y con ello aumentar el poder de un candidato a potencia hegemónica con dos condiciones. En primer lugar, los grupos dominantes de ese Estado tienen que haber desarrollado la capacidad de conducir al sistema hacia nuevas formas de cooperación interestatal y de división del trabajo que posibiliten a las unidades que lo componen leberarse de lo que Waltz ha llamado ‘la tiranía de las pequeñas decisiones’, esto es, superar la tendencia de los Estados a perseguir individualmente sus intereses nacionales sin atender a los problemas de todo el sistema que requieren solución a esa misma escala. En resumen, tiene que haber una ‘oferta’ efectiva de recursos de gobierno mundial. Y en segundo lugar, las soluciones sistémicas ofrecidas por la eventual potencia hegemónica deben resolver problemas sistémicos que se han hecho tan graves como para crear entre los grupos dominantes existentes o emergentes una ‘demanda’ de gobierno sistémico profunda y ampliamente sentida. Cuando esas condiciones de oferta y demanda se satisfacen simultáneamente, el candidato a Estado hegemónico puede desempeñar el papel de ‘gobierno suplente’ en la promoción, organización y gestión de una expansión del poder colectivo de los grupos dominantes del sistema”. Véase Giovanni Arrighi y Beverly J. Silver, Caos y orden en el sistema-mundo moderno, Akal ediciones, 1° edición, 2003, España, pp. 35-36

2 Giovanni Arrighi y Beverly J. Silver, Ibíd., p. 94-95

3 Ernest Mandel, “The Industrial Cycle in Late Capitalism”, New Left Review I, N° 90, Marzo-Abril, 1975, Gran Bretaña, pp. 3-4

4 “Superproducción es un término decepcionante. No quiere decir que se produzca más de lo que colectivamente puedan permitirse. Significa que los productores tienen que luchar para encontrar mercados. Lo absurdo que es esto en términos de racionalidad social puede ilustrarse con un simple ejemplo. En 1980, en un mundo en el cual todavían las hambrunas y la escasez de alimentos, los productores de trigo de los Estados Unidos estaban furiosos contra su gobierno por la prohibición de vender su grano a la Unión Soviética, sustentada por motivos políticos. No hubieran estado furiosos si hubieran existido mercados alternativos de fácil acceso. Sentían, como así fue, que estaban cediendo un mercado escaso para beneficio de los productores de Argentina y de otros países”. Véase Wallerstein, Immanuel, “La crisis como transición”, Samir Amin et. al., Dinámica de la crisis global, Siglo XXI editores, 4° edición, 2005, México, p. 44

5 Immanuel Wallerstein, Ibíd,. pp. 44-45

6 “Un caso especial, pero de significación universal por sus repercusiones sobre la crisis, es el de las transnacionales primarias que operaban en el terreno de la extracción y distribución de petróleo. Cuando, en 1973, se tornó claro que el equilibrio de fuerzas entre los estados periféricos y los centrales había cambiado en forma sustancial en favor de los primeros, y que las economías centrales estaban entrando en un período de estancamiento, estas empresas transnacionales se apresuraron a abandonar su política de expansión real basada en precios bajos y descendentes del petróleo, para iniciar una política de especulación, defendiendo el alza excesiva de los precios que reclamaban los países exportadores de petróleo. De esta manera contribuyeron al fortalecimiento de las presiones inflacionarias mundiales y al agrandamiento de la masa de capital-dinero (la renta de los países exportadores de petróleo y las ganancias de las propias empresas transnacionales petroleras) disponible para las actividades especulativas y entregadas a ellas”. Véase Giovanni Arrighi, “Una crisis de hegemonía”, Samir Amin et. al. p. 88

7 Raúl Prebisch, Capitalismo periférico. Crisis y transformación, FCE, 1° edición, 1981, 2° reimpresión, 1987, México, p. 231

8 “El fin del período de expansión fácil (cerca de 1967, pero por supuesto con signos de advertencia desde antes) también marcó el fin del período de gloria de los Estados Unidos —el período de corta vida pero muy notable de su hegemonía mundial. Su hegemonía era más evidente en el campo militar y político, por la clara superioridad de las fuerzas armadas y su capacidad para imponer su voluntad de manera comparativamente fácil. Pero sus raíces estaban, como siempre, en la economía: en la capacidad de los Estados Unidos de producir, durante el período de posguerra con eficiencia, barato y con calidad, que le permitían vender más que otros productores industriales importantes, aun en el propio mercado local de éstos. Ya en la década de los sesenta, Estados Unidos no pudo vencer a los productores europeos occidentales y japoneses en sus mercados. Para 1970 ya no pudieron vencerles con facilidad en el propio mercado de Estados Unidos. A fines de los setenta, las empresas de Europa occidental y de Japón empezaron a establecer o a comprar filiales en los Estados Unidos, hasta en el sector bancario”. Véase Immanuel Wallerstein, “La crisis como transición”, p. 45

9 Raúl Prebisch, Capitalismo periférico. Crisis y transformación, p. 231

10 La producción académica de Brenner sobre el “largo declive” estadounidense y la economía global, es muy rico en datos económicos. No obstante, no se realizará una discusión sobre sus tesis acerca del declive de Estados Unidos y de la sobreproducción/sobrecapacidad en el sector industrial por parte de los países “desarrollados” capitalistas. Ello complejizaría demasiado el cuadro y se necesitaría mucho espacio. Por último, cabe mencionar algo bastante importante. Brenner en los ’70 criticó mucho la perspectiva wallersteiniana calificándola de “marxismo neo-smithiano”, porque el análisis de sistemas-mundo —según Brenner— enfatiza demasiado la esfera del mercado por sobre la de la producción; enfatizando así la división del trabajo por sobre la lucha de clases. Resulta irónico que a comienzos de los ’90 Brenner diera un giro en su perspectiva analítica, adoptando implícitamente ciertos principios del análisis de sistemas-mundo al abordar el declive estadounidense en relación a las relaciones horizontales (competencia intercapitalista) en desmedro de la lucha de clases. Para apreciar estos giros teóricos en Brenner se sugiere la lectura de los siguientes artículos, ambos publicados en la revista New Left Review, “The Origins of Capitalist Development: a Critique of Neo-Smithian Marxism”, que apareció en el número 104 (año 1977), y “The Regulation Approach: Theory and History”, aparecido en el número 188 (año 1991).

11 Robert Brenner, La economía de la turbulencia global, Akal ediciones, 1° edición, 2009, España, p. 266

12 Immanuel Wallerstein, “Merchant, Dutch or Historical Capitalism?”. Review, Vol. 20, N° 2, 1997, Fernand Braudel Center, Nueva York, p. 248

13 Beverly J. Silver, Fuerzas de trabajo. Los movimientos obreros y la globalización desde 1870. Akal ediciones, 1° edición, 2005, España, p. 63

14 Beverly J. Silver, Ibíd., p. 56

15 Immanuel Wallerstein, “La crisis como transición”, p. 45

16 Véase también las siguientes afirmaciones de Manfred Bienefeld: “El primer problema con el debate, tal como ha tenido lugar, apunta a la premisa estructuralista básica de que una política formulada y orientada con sentido nacionalista, es deseable para lograr ciertos objetivos determinados de manera más efectiva. En numerosos debates acerca de la dependencia se acepta esta premisa como un ‘dato’ y con demasiada frecuencia se la trata como implícitamente absoluta. La consecuencia es el empleo del concepto de ‘autonomía’, como si se ajustara al principio de ‘mientras más, mejor’ y a un empleo empleo del concepto de ‘desvinculación’ supuesto como fin en sí y no como un medio para llegar a un fin. Otra consecuencia de estas falacias es que induce a preocuparse por las estructuras internas y las relatividades de los precios, sin tomar en cuenta los cambios en las circunstancias externas. Esto es, obviamente, una antítesis del enfoque de la dependencia”. Véase Manfred Bienefeld, “Países de reciente industrialización y dependencia: hacia un nuevo enfoque”, Dudley Seers (compilador), La teoría de la dependencia. Una revaluación crítica, FCE, 1° edición, 1987, México, p. 93

17 “La índole centrípeta del capitalismo se manifiesta persistentemente en las relaciones entre los centros y la periferia. En los primeros se origina el progreso técnico y tiende a concentrarse en ellos el fruto de la creciente productividad que trae consigo. A favor de la demanda creciente que acompaña al incremento de productividad se concentra también allí la industrialización, aguijada por incesantes innovaciones tecnológicas que diversifican más y más la producción de bienes y servicios.

Así pues, en el curso espontáneo del desarrollo la periferia tiende a quedar al margen de ese proceso de industrialización en la evolución histórica del capitalismo”. Véase Raúl Prebisch, Capitalismo periférico. Crisis y transformación, p. 37

18 Raúl Prebisch, Ibíd., p. 185

19 Incluso Prebisch después se da cuenta de que el problema yace en los mercados y no en los productos cuando plantea: “No se había dado, en efecto, un designio industrializador. Ya se hizo notar que los centros no tenían interés en promover la industrialización periférica y se opusieron a ella aduciendo las ventajas de aquel esquema pretérito de división internacional del trabajo en que a la periferia correspondía el papel de exportar bienes primarios y a los centros, bienes industriales. Se comprende que así haya sido debido al interés de los grupos dominantes de los centros (…) Hay que buscar también la respuesta en una estructura social en donde los grupos dirigentes se desenvolvían y prosperaban al abrigo de este esquema, que dejaba al margen gran parte de la fuerza de trabajo. Se oponían, asimismo, a la industrialización porque ella haría subir los precios de lo que se importaba tan liberalmente”. Véase Raúl Prebisch, Ibíd., p. 186

20 Amiya Kumar Bagchi, “Fluctuations and Turbulence of the World-Economy”, Review, Vol. 24, N° 2, 2001, Fernand Braudel Center, Nueva York, p. 282

21 Immanuel Wallerstein, “Merchant, Dutch or Historical Capitalism?”, p. 252

22 “Mantener bajos los costos laborales es crucial para toda la producción no monopolizada en la economía-mundo. La ley de hierro de los salarios es el resultado directo de la competencia irrestricta en el mercado. Los salarios pueden estar por supuesto debajo de los costos de reproducción siempre y cuando los salarios proporcionados solo son una parte del ingreso de la unidad doméstica y puede ser compensada desde otras fuentes”. Véase Immanuel Wallerstein, Ibidem

23 Manfred Bienefeld, “Países de reciente industrialización y dependencia: hacia un nuevo enfoque”, p. 106

24 Manfred Bienefeld, Ibíd., p. 105

25 Países incluidos en el Tercer Mundo:

  • África Sub-sahariana: Benin, Botswana, Burkina Faso, Camerún, República de África Central, Chad, República Democrática del Congo, República del Congo, Costa de Marfil, Gabón, Ghana, Kenya, Lesoto, Malawi, Mali, Mauritania, Mauricio, Níger, Nigeria, Ruanda, Senegal, Sudáfrica, Togo, Zambi, Zimbawe.

  • América Latina: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay

  • Medio Oriente y Norte de África: Argelia, Egipto, República Árabe de Egipto, Marruecos, Omán, Arabia Saudita, Túnez, Turquía

  • Sur de Asia: Bangladesh, India, Pakistán, Sri Lanka

  • Este de Asia: Hong Kong, Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur, Corea del Sur, Tailandia

  • China

    Países incluidos en el Primer Mundo

  • Norteamérica: Canadá, Estados Unidos

  • Europa Occidental: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Suecia, Reino Unido [Sin los Países Bajos en 1970]

  • Sur de Europa: España, Grecia, Italia, Portugal

  • Australia, Nueva Zelanda y Japón

26 Países incluidos en el Tercer Mundo:

  • África Sub-sahariana: Benin, Botswana, Burkina Faso, Camerún, República de África Central, Chad, República Democrática del Congo, República del Congo, Costa de Marfil, Gabón, Ghana, Kenya, Lesoto, Malawi, Mali, Mauritania, Mauricio, Níger, Nigeria, Ruanda, Senegal, Sudáfrica, Tanzania, Togo, Uganda, Zambia, Zimbawe.

  • América Latina: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Trinidad y Tobago, Uruguay, Venezuela.

  • Medio Oriente y Norte de África: Arabia Saudita, Argelia, Egipto, República Árabe de Egipto, Marruecos, Omán, Siria, Sudán, Túnez, Turquía

  • Sur de Asia: Bangladesh, India, Nepal, Pakistán, Sri Lanka

  • Este de Asia: Hong Kong, Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur, Corea del Sur, Tailandia, Taiwan.

  • China

    Países incluidos en el Primer Mundo

  • Norteamérica: Canadá, Estados Unidos

  • Europa Occidental: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Suecia, Reino Unido.

  • Sur de Europa: España, Grecia, Irlanda, Israel, Italia, Portugal

Australia, Nueva Zelanda, Japón

27 Immanuel Wallerstein, “La crisis como transición”., p. 46

28 Giovanni Arrighi, Beverly J. Silver, Benjamin D. Brewer, “Industrial Convergence, Globalization, and the Persistence of the North-South Divide”, Studies in Comparative International Development, Vol. 38, N° 1, 2003, p. 21

29 Giovanni Arrighi, Beverly J. Silver, Benjamin D. Brewer, Ibíd., p. 22

30 Étienne Balibar,“La forma nación: historia e ideología”, Étienne Bálibar e Immanuel Wallerstein, Raza, nación y clase. Las identidades ambiguas, Iepala, 1° edición, 1991, p. 139

31 Immanuel Wallerstein, “Merchant, Dutch, or Historical Capitalism?”, p. 253

32 Immanuel Wallerstein, “¿Mundialización o época de transición? Una visión a largo plazo de la trayectoria del sistema-mundo”, Chesnais, François. et. al., La globalización y sus crisis. Interpretaciones desde la economía crítica, Catarata, 1° edición, 2002, España, p.91

33 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 92

34 Immanuel Wallerstein, Ibíd., p. 93

35 Minqi Li y Adam Hanieh, “Secular Trends, Long Waves and the Cost of the State: Evidence from the Long-Term Movement of the Profit Rate in the U.S. Economy”, Review, Vol. 29, N°1, 2006, Fernand Braudel Center, Nueva York, p. 104


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4 responses

11 11 2011
Marco G

Hay que informarle urgentemente a la India, quienes, tras decadas de politicas socialistas y miseria masiva, estan reduciendo rapida y drásticamente la pobreza tras decidirse a aplicar politicas neoliberales, que las suspendan inmediatamente pese a su exito y retornen a la pobreza socialista.
Tontos weones los de este blog, su socialismo es una mierda y pretenden destruir lo que si funciona!!

11 11 2011
utopisticapol

Más respeto por favor. Si no le gusta lo que sale en el blog, póngalo y con argumentos de peso. Pero no se rebaje a descalificar. Si no tiene mayores argumentos que la diatriba ideológica y/o el uso de groserías, entonces ese no es mi problema.

12 11 2011
Marco G

Los argumentos badsados en hechos históricos irrefutables están en el primer párrafo. Ellos borran decenas de párrafos teóricos desvirtuados por la realidad concreta.
No te escuden en el segundo párrafo para desconocer los argumentos categóricos de la historia.
¿Un ejemplo practico actual del exito del neoliberalismo para sacar de la pobreza a un pais? El pais más pobre del mundo: India, y su rapida reduccion de la pobreza desde que se aplica el sistema neoliberal. (lee National Geographic de octubre 2008 al respecto).

12 11 2011
utopisticapol

Ese comentario está mejor. Ahora bien, con respecto a India ¿en base a qué indicadores se sostiene que realmente se redujo la pobreza en ese país? Pues, estuve buscando algunos indicadores sobre pobreza en la India en el Banco Mundial, y al parecer no hay datos que confirmen ni desmientan tu aseveración. Pero más allá de eso, yo estuve hablando de tendencias mundiales: ciertamente un país puede “desarrollarse” o “crecer”, pero siempre lo hace en relación a otros países.

Un país puede crecer en términos absolutos, pero lo importante es cuando se aprecia en términos relativos, en relación a otros. Si la brecha entre los desarrollados y los menos desarrollados es más grande que el crecimiento absoluto de un solo “árbol”, entonces no tiene mucho sentido hablar de la disminución de la pobreza. Puede que la India sea menos pobre en términos absolutos que antes, pero en relación a los países “desarrollados” sigue igual.

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